martes, 22 de diciembre de 2009

2009

Pues, otra vez no vi todo lo que quería ver en el 2009. Me faltaron, por ejemplo, District 9 de Neill Blomkamp, Coraline de Henry Selick o las mexicanas Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo de Yulene Olaizola y Cinco días sin Nora de Mariana Chenillo. Así que está lista está en cierto sentido, incompleta. Pero bueno... aquí lo mejor que vi en el 2009. Ahora decidí no restringirme tanto a los estrenos comerciales: cuenta lo que se vio en muestras, festivales y la Cineteca (que de cualquier manera, no fue mucho) siempre y cuando se haya estrenado comercialmente en este año, o no se haya estrenado comercialmente. En el orden en que las vi:

Déjame entrar de Tomas Alfredson

El luchador de Darren Aronofsky

Up de Pete Docter y Bob Peterson

Happy-Go-Lucky de Mike Leigh

Hace un año en invierno de Caroline Link

Reprise, vivir de nuevo de Joachim Trier

Bastardos sin gloria de Quentin Tarantino

Y pues ya... el 2009 no fue un año particularmente bueno (tampoco fue particularmente malo, aunque eso sí, el verano cinematográfico fue flojísimo). Ahora bien, algunas otras menciones:

La decepción: Va para El curioso caso de Benjamin Button de David Fincher (porque daba para mucho más pero se quedó en Forrest Gump envejeciendo al revés) y para [REC]2 de Jaume Balagueró y Paco Plaza, porque, simple y sencillamente, es mala como la chingada.

Clint Eastwood con su Gran Torino se despidió como los grandes. En la que (supuestamente) es su última película actuada, Eastwood cuestiona la validez de los héroes que él tanto tiempo interpretó. Gran Torino no es la gran película, pero sólo este detalle la eleva muy, muy alto.

Quiero ser millonario pasará como una película sí, buena, pero muy sobrevalorada. ¿Ya quién se acuerda de la película de Danny Boyle?

No se qué tan incomprendida habrá sido Arrástrame al Infierno. La película de Sam Raimi simple y sencillamente se aleja mucho de los estándares del terror de hoy en día, instalándose más bien en el horror chacotero y excesivo de los 80's, aquel que el mismo Raimi supo cultivar tan bien.

Varias de las mejores secuencias del año se encuentran, sin lugar a duda, en Enemigos Públicos. Simple y sencillamente, nadie entiende al color negro tan bien como Michael Mann. La secuencia de la balacera en el bosque es impresionante.

En cierto sentido me decepcionó Los abrazos rotos. En otro sentido, me emocionó. Una película difícil que indiscutiblemente deja una sensación incómoda pero que también, si a usted le interesa el cine, es obligatorio verla.

¿Y las que no se han estrenado? Pues, como siempre, las de Cannes. Espero con ansias Antichrist de Lars von Trier y Das weisse band de Michael Haneke. Ojalá a los del FICCO se les ocurra traerlas.


viernes, 18 de diciembre de 2009

Avatar




Avatar. James Cameron, 2009.


Lo que son las hipérbolas. Hace doce años, cuando James Cameron ganara once Oscares por Titanic, su festejo fue recitar una de las líneas de dicha película para gritar 'I'm the king of the world!'. Después de justamente doce años de silencio (al menos en cuanto a largometrajes de ficción se refiere) Cameron regresa con Avatar, que, según él, va a revolucionar al cine. No, Mr. Cameron, su película no va a revolucionar al cine. ¿A los efectos especiales? Quizá. Pero al cine no.

Avatar cuenta la historia del lisiado ex-marine Jake Sully (Sam Worthington) , quien es mandado al planeta Pandora a controlar el Avatar destinado a su hermano gemelo, quien murió en un asalto días atrás. Explico qué es un Avatar. Pandora está habitado por los Na'avi, una especie de gatos azules humanoides como de tres metros de altura que se portan hostiles con los humanos nomás porque les quieren quitar sus tierras (resulta ser que Pandora es rica en un mineral importantísimo para la Tierra). Un Avatar, entonces, es un 'modelo' de un Na'avi, que puede ser controlado mentalmente por un humano. Mientras la mente de un ser humano esté en su Avatar, vivirá y sentirá como Na'avi. Esto resulta ser un gran aliciente para Jake Sully: su cuerpo humano no puede caminar, mientras que su Avatar está en perfecta condición física. El proyecto Avatar está a cargo de la Dra. Grace Augustine, (Sigourney Weaver) quien vive convencida de que lo mejor es el entendimiento con los Na'avi. Pero, cuando el avatar de Jake Sully resulte ser de importancia para los Na'avi, el coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) tratará de meter su cuchara.

Hay que aclarar algo: Avatar no es ni Terminator (la 1 ó la 2) ni Titanic. Si habría que emparentarla con alguna obra anterior de Cameron, sería con Aliens, y no sólo por la presencia de Sigourney Weaver. La idea de los marines que atacan otro planeta por razones desconocidas para ellos ya estaba presente en la segunda parte de la saga Alien. Hay unos armatostes que recuerdan mucho al 'robot' con el que Ripley se enfrenta a la Reina Alien al final de la película. Y, así como Aliens, a Avatar le termina sobrando un buen cacho de metraje. Y es que la historia de Avatar ya la hemos visto muchas veces antes. Piensen algo así como en Danza con lobos (sólo que a Dios gracias sin Kevin Costner) y Avatar no es muy diferente. ¿Realmente eran necesarios 160+ minutos para contar esta historia?

Pero bueno, hay que reconocer que, a nivel técnico, Avatar es impresionante. O, mejor dicho, Pandora es impresionante. No cabe duda que Cameron supo gastarse los 250 millones de dólares que tenía de presupuesto. Todo se siente vivo. Es en este sentido que creo que Avatar puede revolucionar los efectos especiales. Casi toda la película es en realidad animación y no se siente como tal. Pandora está creado, en su totalidad, por computadora, y sin embargo sí parece un mundo real. Y espectacular. Otra cosa que James Cameron nos recuerda: si de entender al cine como espectáculo se trata, hoy en día nadie sabe hacerlo mejor que él.

Y también las secuencias de acción. Hechas sin la cámara hiperkinética y los cortes puñeteros de hoy en día. Son emocionantes y uno nunca deja de saber en dónde está cada personaje, nunca se confunde, nunca se marea. En otras palabras: las secuencias de acción de Avatar están años luz adelante de las de Transformers, y se encuentran más cercanas a lo que Peter Jackson logró en algunas batallas de El señor de los anillos que a las jaladeces de McG, Roland Emmerich o Michael Bay (seleccione usted la película).

Ah, y claro... Avatar es una película con mensaje ecológico, muy de moda hoy en día. Hay que agradecer, en este tenor, que el mensaje, aunque obvio, no resulta reiterativo ni mucho menos parece sermón. Al contrario, Avatar es bastante entretenida y pudo haber sido una gran película de aventuras... si Cameron le hubiera cortado 40 minutos.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Halloween II



Halloween II. Dir. Rob Zombie.

Hace tiempo, cuando escribí la reseña de la re-elaboración del clásico de John Carpenter, Halloween, por el rockero convertido a cineasta Rob Zombie, básicamente dije que toda la película era de hueva excepto el último cuadro, con Laurie Strode, ignorando que Michael Myers es su hermano, asesinándolo de un disparo (al parecer, en la cabeza). Halloween II, la continuación/bastardización de la historia de Michael Myers por Rob Zombie tiene entonces un punto a su favor: continúa explorando este aspecto de Laurie, el de ser la hermana de Michael Myers, lo sepa ella o no. Pero tiene también un punto en contra: no lo hace precisamente bien.

Hay que aclarar que Halloween II de Rob Zombie no es un remake de la original Halloween II. La historia de la original empezaba justo después del final de Halloween, con Laurie en el hospital y Michael Myers aún persiguiénola. La versión de Zombie también inicia justo después de Halloween II, seguida de una larga, y bien lograda, secuencia en el hospital (a manera de homenaje a la original). Después, pasamos al siguiente año, al siguiente Halloween. Laurie continúa teniendo pesadillas sobre Michael, las cuales se acentúan a manera que se acerca el 31 de Octubre. Laurie trata de calmarse... Michael Myers está muerto (a pesar de que nunca encontraron su cuerpo) y no va a regresar sólo porque es Halloween.

¡Pobre Laurie, qué equivocada está! Resulta ser que Zombie trata de darle un leit motif a Michael Myers. En un flashback vemos cómo, cuando era niño, su madre le regaló a Michael un caballo blanco, y el día de hoy él tiene alucinaciones con su ahora etérea madre, y por supuesto un caballo blanco. Su madre le dice que es Halloween, que tiene que regresar a terminar su trabajo y reunir de una vez por todas a la familia (wtf?!). Y pués allá va el pobre Michael que no es malvado, no, sólo quiere a su hermanita.

Halloween II sigue con la tradición inaugurada por la original Halloween de acompañar al asesino mientras se chuta a un buen de víctimas incidentales. Estos asesinatos están, al menos, mejor logrados que los de la primera parte. Robbie está aprendiendo, aunque le echa demasiada crema a sus tacos: el ajustadísimo encuadre logra dar justo en el clavo con la sensación de claustrofobia pero ¿realmente eran necesarias las tomas en cámara lenta? Son tantas que terminan por desesperar. La secuencia de la fiesta, eso sí, se inscribe en lo mejor logrado del cine de Zombie: otra vez el ajustadísimo encuadre, los colores y más de un truco de cámara (eso sí, la camarita lenta no se aparece por ningún lado a lo largo de esta secuencia) logran hacer que el ambiente se sienta raro, extraño, como si algo muy malo estuviera a punto de suceder.

Y, bueno, Halloween II representa un avance para Rob Zombie pero sigue sin ser suficiente para crear una buena película. La psicología barata que le mete termina por empobrecer a la película y acercarla al límite de lo francamente risible. Ya sé cuál es la solución para Rob Zombie: que no escriba los guiones de sus películas, por favor.

martes, 17 de noviembre de 2009

Los abrazos rotos




Los abrazos rotos. Pedro Almodóvar, 2009.

Estéticamente hablando, Pedro Almodóvar es, qué duda cabe, un cineasta cada vez más maduro y pulido. Contrastante es en este tenor su más reciente film, Los abrazos rotos, con el desmadre de aquellas primeras películas suyas, orgullosamente inscritas en la conocida movida española (Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón/1980, Entre tinieblas/1983). Los abrazos rotos es una película cuidada en cada encuadre, en cada fotograma. Y déjenme decirles, es una película bellísima. Desde las pruebas de maquillaje a Lena, el personaje interpretado por Penélope Cruz, hasta las fotografías que le dan nombre al film, la película no tiene tache alguno. En el aspecto argumental, Almodóvar es también un cineasta más pulido, aunque no necesariamente mejor.

Los abrazos rotos cuenta la historia de Harry Cain (Lluís Homar) un guionista de cine ciego, quien antes era un director llamado Mateo Blanco sin ningún problema de vista. A él le ayudan su 'manager' (o como se diga) Judit (Blanca Portillo) y su hijo Diego (Tamar Novas). Un día, Harry recibe la visita de un guonista director-casi-sin-experiencia Ray X (Rubén Ochandiano). Ray X resulta ser el hijo despreciado de un conocido empresario, el recién fallecido Ernesto Martel (José Luis Gómez). Y Ray X ya conocía a Harry, o más bien a Mateo. En una serie de flashbacks vamos conociendo la historia, que involucra a Mateo, Judit, Ray X, Ernesto Martel y gira alrededor de Lena (Penélope Cruz). O más bien, gira alrededor del romance que mantuvieron Mateo y Lena durante el rodaje de la última película de él, Chicas y maletas.

En la estructura, Los abrazos rotos también es perfecta. Al principio pasamos de presente a pasado sin confusión alguna y, aunque el grueso de la película se adivina a los 10 minutos, el film nunca deja de ser interesante. Aunque en esto supongo también tiene que ver el juego de auto-referecias que Almodóvar propone, y es que la película dentro de la película, Chicas y maletas, tiene mucho de su Mujeres al borde de un ataque de nervios/1988, cameos de Chus Lampreave y Rossy de Palma (para beneplácito del Ruy) incluídos. Los abrazos rotos, ya se ha dicho en otros lados, se puede ver como el canto de amor de Almodóvar al cine, como su propio 8 1/2, su vistazo a la labor del cineasta.

Entonces, ¿qué falla en Los abrazos rotos? No sabría decirlo exactamente. Es una película, caso raro tratándose de Almodóvar, fría. No tiene el desparpajo de Mujeres..., el exacerbado dramatismo de Hable con ella/2002 ni la contradictoria alegría de Volver/2006. Los personajes frecuentemente se sienten faltos de vida, quizá para aumentar la seriedad del film. Aunque, justo es decirlo, la película avanza sólidamente hasta el final, que es cuando se desborda. Alargamiento de la película mediante confesiones que se ven venir siglos atrás y que no vienen al caso, como si Almodóvar no hubiera sabido qué sacar y qué no. Los abrazos rotos, pues, no se va a colar en el mejor cine de Almodóvar (las ya citadas Mujeres..., Hable con ella, Volver, por citar unos ejemplos) pero sí pasará a la historia como una de sus películas estéticamente más cuidadas y una obra sólida, aunque menor, en la obra de un peculiar cineasta.

Párrafo aparte merece Penélope Cruz. Ha pasado de ser una buena actriz española (Jamón jamón/1992 Belle epoque/1992) a una pésima actriz de películas norteamericanas (Las mujeres arriba/2000, Vanilla Sky (2001)) a una actriz verdaderamente sólida, por no decir estupenda. Pocas similtudes hay entre Lena, la Raimunda de Volver, María Elena en Vicky Cristina Barcelona/2008 o su personaje Consuela en Elegía/2008 y sin embargo Penélope logra dar en el clavo para todos y cada uno de sus personajes. Aquí, Penélope interpreta a una no muy buena actriz atrapada entre dos hombres, y cada gesto, cada ademán es el correcto. Y claro, es guapísima.

viernes, 28 de agosto de 2009

Las 10


Van a decir que todo le copio a Ernesto Diezmartínez pero no me importa mucho... a continuación, y siguiendo al maestro, las 10 películas que, según yo, todo cinéfilo que se precie debería de ver antes de morir... como se me vayan ocurriendo, sin ningún orden de preferencia:

Vértigo de Alfred Hitchcock

Dersu Uzala de Akira Kurosawa

8 1/2 de Federico Fellini

Hannah y sus hermanas de Woody Allen

Fanny & Alexander de Ingmar Bergman

El Padrino I y II de Francis Ford Coppola

Viridiana de Luis Buñuel

Solaris de Andrei Tarkovsky

Casta de malditos de Stanley Kubrick

Casablanca de Michael Curtiz

Y, como diez son muy, pero muy pocas...

La doble vida de Verónica de Krzysztof Kieslowski

Videodrome de David Cronenberg

Mulholland Dr. de David Lynch

2046 de Wong Kar-Wai
Dogville de Lars von Trier
All that jazz de Bob Fosse

domingo, 16 de agosto de 2009

Im Winter ein Jahr




Hace un año en invierno (Im Winter ein Jahr). Dir. Carole Link, 2008.


La cinematografía alemana es, qué duda cabe, la más fuerte de esta década. Desde Tom Tykwer (Corre Lola Corre/Lola rennt/1998, En el Cielo/Heaven/2002) a Fatih Akin (A la orilla del Cielo/Auf der anderen seite/2007) pasando por Florian Henckel von Donnersmarck (La vida de los otros/Das leben der anderen/2006) (¡y los que no llegan a México!) los alemanes han demostrado, últimamente, que tienen una gran variedad de temas y, más aún, que saben cómo contarlos. En el 2003, la directora Carole Link ganó el Oscar a la Mejor película extranjera con su cursi/convencional/sosa película En algún lugar de África/Nirgendwo in Afrika/2001. Después... 7 años de silencio. Ahora, la alemana por fin regresa con Hace un año en invierno, una película mucho más sincera, mucho más arriesgada y, por lo tanto, considerablemente mejor.


La películia lidia con Lilli Richter (vulnerable Karoline Herfurth) una bailarina que tiene que, a regañadientes, asistir con el pintor Max Hollander (Josef Bierbichler) para un retrato de ella y su hermano, Alexander (Cyril Sjöström) muerto hace un año en un "accidente de caza". Lilli tenía una relación muy estrecha con Alexander, y ahora teme que su mamá (Corinna Harfouch) utilice la figura de su hermano como una simple pieza decorativa. Las sesiones entre pintor y modelo terminarán siendo mucho más reveladoras de lo que en un principio se esperaba. Ella, una bailarina autodestructiva a quien no le importa perder el papel principal en una obra con tal de irse a fumar y beber o con su recién adquirido novio (Misel Maticevic) y que, además, no puede librarse de la figura de su hermano. Él, casi un ermitaño que vive entre cuadros de personas muertas, quizá arrepentido de una aventura que tuvo años atrás y que lo separó de su familia y, sobre todo, de su hijo, curiosamente de la misma edad de Alexander. El cuadro, pues, terminará actuando como un puente entre estos dos personajes.


La descripción que acabo de dar es, aunque larga, bastante escueta y es que aún cuando la historia no es demasiado complicada, los personajes sí lo son. Y aquí encontramos la primera de las muchas virtudes del film. La información (a falta de mejor término) que nos permite ir comprendiendo los motivos de estas dos personas (y de Alexander: su presencia, o falta de, tiene peso durante todo el metraje) es revelada de manera precisa, justa. Nunca completamente, pues lo de Link no son las salidas fáciles ni el psicoanálisis barato, y comprende que a veces las conclusiones están de más. La relación entre Lilli y Max, por ejemplo, no queda del todo clara, quizá porque no es del todo clara ni siquiera para ellos dos.


La película toca muchos temas, algunos de ellos quizá tangencialmente. La mayoría escabrosos, pesados, hasta un tanto abrumadores. Pero Link lo hace con sensibilidad, comprende que el acto per se no tiene importancia si no conocemos a la persona y entonces crea a uno de los personajes femeninos más interesantes del cine reciente. Muy ayudada, claro está, por Herfurth, quien tiene una belleza casi etérea que contrasta con su personaje y que, amén de su extraordinaria interpretación, le da más matices. No se queda atrás (o en todo caso no mucho) Bierbichler, quien interpreta a Max con el hermetismo adecuado.


Por último, porque creo que ya me extendí demasiado, quisiera recalcar la forma de la película. La confrontación es uno de los temas que con mayor profundidad toca la película (confrontación con uno mismo, confrontación con los demás, confrontación como una manera de expiación) y la forma de la película es así, totalmente confrontante. Los cortos muy bruscos, como queriendo destantear al espectador. La fotografía bella y exhasperante. La música inquieta en momentos clave de la película. No estamos ante la película más cómoda, o más placentera. Una película que no cabe en una reseña (al menos no en una mía) de esas que hacen que uno salga inquieto, cabizbajo, rumiando la obra mayor que acaba de ver.


*Vista, gracias a Marinie, en la 8va. Semana de Cine Alemán en la Cineteca Nacional. No creo que se vaya a estrenar comercialmente pronto... de hecho, dudo que se vaya a estrenar comercialmente.

viernes, 17 de julio de 2009

Harry Potter & the Half-Blood Prince


Es interesante cómo han ido evolucionando las películas de Harry Potter. Después de dos entregas no malas, sino simplemente mediocres dirigidas por el muggle Chris Columbus (The philosopher's stone/2001 y The chamber of secrets/2002) la saga encontró, finalmente, una voz y estilo propios bajo el mando de nuestro paisano Alfonso Cuarón (The prisioner of Azkaban/2004) para después moverse a terrenos más oscuros (The globet of fire/Mike Newell, 2005) y más adultos (The order of the phoenix/David Yates, 2007). Yates se convertiría, a la postre, en el cineasta de cabecera de la serie, y así llega The Half-Blood Prince, sexta de las ocho películas que conformarán la saga cinematográfica (los libros de JK Rowling son "sólo" 7) y segunda de las cuatro que dirigirá Yates.

Al inicio de la película nos queda muy claro (en realidad supongo que ya nos había quedado claro, pero por si se nos había olvidado) que Lord Voldemort ha vuelto. Esto se siente tanto en la comunidad mágica como en el mundo muggle (digo, no es que los muggles se den mucha cuenta pero definitivamente lo sienten). Cuando vemos por primera vez a Harry (Daniel Radcliffe) está en una cafetería flirteando muy alegremente con la mesera... al final no puede hacer nada, porque se aparece el inoportuno de Dumbledore (Michael Gambon) y empieza la aventura (por mucho que Harry hubiese preferido quedarse con la mesera). Resulta ser que Dumbledore tiene sospechas sobre el pasado de Voldemort que compartirá (y confirmará) con Harry. Por supuesto, hay un nuevo profesor en Hogwarts, Horace Slughorn (estupendo Jim Broadbent) que para nuestra sorpresa enseñará Pociones, porque el puesto de profesor de Defensa contra las Artes Oscuras ha ido para el profesor Snape (Alan Rickman) (ha de tener tratos con la Gordillo). Mientras tanto, Draco Malfoy (sorprendente Tom Felton) actúa más sospechoso que nunca y los alumnos de sexto de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería se comportan como deberían, es decir, cuando no están ligando están fajando.

Hay algo bueno y refrescante en la sexta entrega de la saga de Harry Potter. En éste, su tercer largometraje, Mr. Yates se siente más seguro sin abandonar del todo su estilo que, sí, está muy alejado del portentuoso desmadre de nuestro paisano Cuarón o de la maestría técnica de Newell, pero a Dios gracias está aún más lejos del servicial Chris Columbus. Es decir, David Yates tiene un estilo propio y en esta ocasión se siente más fluido que en La orden del fénix. Hay tantos jump-cuts que uno luego se pregunta si no anduvo Godard en la sala de edición (y aquí le pregunto yo a usted mi querido lector: ¿algún otro blockbuster que recuerde donde sea tan clara la influencia de la nouvelle vague?). El estilo visual se siente muy cuidado e improvisado a la vez, gracias a la cámara de Bruno Delbonnel. Yates y el guionista Steven Kloves cambian, quitan e insertan situaciones en pos de una película dinámica y, sobre todo, divertida. Es notable como logran integrar varios hilos narrativos sin perder de vista a la gran mayoría de ellos, y es más notable puesto que esto se logra en términos puramente de imágenes.

El gran problema de Harry Potter & the Half-Blood Prince es que no queda claro a quién está dirigida. A los fans from hell de Harry Potter no, pues la gran mayoría de ellos van a salir ardidísimos por todos los cambios que le hicieron a la intocable novela. A decir verdad, estos cambios en su mayoría funcionan y hacen a la película más digerible para todos aquellos que no se han acercado al universo literario de la señora Rowling. Aunque estos también se quedarán con muchas dudas, pues a ratos parece que a Yates y Kloves no los dejaron hacer los cambios suficientes para que su adaptación terminara de funcionar. ¿Qué impacto dramático tiene, por ejemplo, enterarnos de la identidad del Príncipe Mestizo si durante toda la película no fue más que el instrumento de Harry para sacar dieces?

Pero bueno... The half-blood prince sigue siendo una película notable. Combina bien elementos de comedia y romance al mismo tiempo que no descuida un segundo el desarrollo de sus tres personajes principales, tiene un anti-clímax funcional (aunque a decir verdad no tan efectivo como uno hubiera querido) y, ya al final, llega a ser genuinamente conmovedora. Si esto no los satisface entonces no se qué lo hará.
Harry Potter y el misterio del príncipe (Harry Potter & the Half-Blood Prince). Dir. David Yates, 2009.

jueves, 16 de julio de 2009

Nota sobre HP6


Cuando lean esto seguramente ya habrán visto Harry Potter & the Half-Blood Prince (Yates, 2009) pero no me importa. Yo tengo esperanzas de verla mañana (16/07/09) o si no ya me fregué hasta bien entrada la próxima semana. Pero bueno... para prepararme, leí el libro ¿y saben qué? es LA mamada. Un timing perfecto, emocionante, chistoso, emotivo. Quizá el más profundo de los 7 libros de Harry Potter, es en el que todo hace sentido. Al final, por supuesto, quedan muchos cabos por atar, pero lo impresionante es que no por eso el libro se siente incompleto. A pesar de ser el sexto de siete libros, The Half-Blood Prince (así como todos los de la serie) tiene una estructura narrativa propia, autocontenida.

Pero vamos a lo que vamos (¿si no a dónde vamos?). Hay un capítulo en Harry Potter 6 que es increíblemente cinematográfico. Me refiero específicamente al capítulo 24, Sectumsempra. No lo voy a contar, así que este post va dirigido especialmente a los que ya tuvieron el enorme placer de leer el libro. Éste capítulo sería chingonsísimo verlo dirigido no por Guillermo del Toro, ni Terry Gilliam o Peter Jackson. Sería chingonsísimo verlo dirigido por David Cronenberg. Es brutal y directo, y al mismo tiempo de una sutileza extraordinaria sin que esto implique contradicción alguna. Por supuesto, no me espero absolutamente nada de eso en la película de David Yates, pero qué bonito sería.

Qué interesante sería ver versiones unrated de las películas de Harry Potter. O dirigidas por gente como Cronenberg, Wes Craven, Dario Argento... que exploten las cualidades oscuras que tienen estos libros. Pero ya, esto no va a pasar. Me conformo (¡conformista! dirán algunos) con las películas que existen. Que qué mal empezaron pero que han ido de menos a más. A ver qué tal nos resulta este Príncipe Mestizo.

lunes, 29 de junio de 2009

Nick & Norah's infinite playlist

Nick & Norah: una noche de música y amor (Nick & Norah's infinite playlist). Dir. Peter Sollet, 2008.

Nick (Michael Cera) simple y sencillamente no puede olvidar a su ex, Tris (Alexis Dziena). No puede dejar de hacerle discos y discos y más discos. Lo que no sabe es que estos discos no llegan a Tris, sino a Norah (Kat Dennings). Norah no conoce a Nick, pero juzgando por sus discos cree que son almas gemelas musicales. Nick tiene una banda, The Jerkoffs, formada por él y sus amigos que, por cierto, son gays. En una tocada a la que asisten Norah, Tris y la mejor amiga de Norah, Caroline (Ari Graynor). Norah, para no quedar mal con Tris, pide a Nick (sin saber que es el ex de Tris) que finjan que son novios. Mientras tanto, Caroline se pone pero hasta su madre, por lo que Norah y Nick tienen que llevarla a su casa. Los amigos de Nick tienen un plan para emparejarlo con Norah. Mientras tanto, todos buscan a Fluffy, una banda indie neoyorquina que anuncia sus conciertos pero no donde serán.

A ver, desde que empieza la película uno sabe en qué terminará. O quizá desde antes que empiece, el título ya es bastante explícito. La película no guarda en realidad ninguna sorpresa y el relato es totalmente lineal. ¿En dónde radica, entonces, el encanto de este film? Nada más y nada menos que en su sencillez. Nick & Norah no pretende ser absolutamente nada más que una comedia romántica juvenil, y justamente eso es lo que logra, pero no solamente lo logra.

La química entre los dos protagonistas se nota. Tanto Michael Cera como Kat Dennings son conocidos por sus decisiones profesionales poco comunes, aspecto que se nota en su manera de actuar y es justamente por eso que ellos dos eran los indicados para interpretar a Nick y Norah, respectivamente. El reparto es adecuado, nadie está mal y nadie está de más. La historia se desarrolla ágilmente (la película es corta, menos de hora y media) y uno no pierde nunca el interés, lo que es admirable ya que estamos ante una trama muy sencilla. Pero sobre todo, lo que me ganó de Nick & Norah es el mood. La ambientación, la música... la película transcurre toda en un día, casi toda en una noche, de un bar a otro, en una tienda 24/7, en el Yugo de Nick... y todos estos lugares se sienten como los adecuados, los correctos. Lugares que existen y a los que todos podríamos ir en una noche de peda... ya que encontremos a Norah, claro.



Ja, qué cursi/mamón me oí.

domingo, 28 de junio de 2009

Baby Star Trek


Jajaja... y que conste que Star Trek (JJ Abrams, 2009) me gustó bastante y me parece la película a vencer del verano (descontando Up que me pareció más que una cinta veraniega).
En otros asuntos (o en los mismos pero distintos, whatever) Nick & Norah's infinite playlist (Peter Sollet, 2008) es una chingonería en su género. La mejor comedia romántica que he visto en años. Más en la siguiente entrada.

martes, 23 de junio de 2009

Voy a explotar

Voy a explotar. Dir. Gerardo Naranjo, 2008.

Voy a explotar o la "nueva ola de cine mexicano". El tercer (nadie se explica por qué en el pasado festival de Guadalajara le dieron el premio a la mejor ópera prima) largometraje de Gerardo Naranjo es otra apropiación de la técnica y lenguaje clásicos de la nueva ola de cine francés. Y de las historias. Román (Juan Pablo de Santiago) y Maru (María Deschamps) son dos adolescentes totalmente inadaptados. Él fantasea con matar a sus profesores, ella se le pone al brinco a quien le dirija la palabra. Ambos hacen un plan para fugarse y esconderse... en la azotea de la casa de él, mientras el papá de Román, un político (ni tan) influyente (Daniel Giménez-Cacho) hace todo por encontrarlos, pero por debajo del agua, no se vaya a crear un escándalo.

Voy a explotar o l'amour fou a la mexicana. La relación de Maru y Román es, como en cualquier película homenaje a la nouvelle vague que se precie, totalmente autodestructiva. Homenajes a Godard por todos lados (los más obvios son a Alphaville y Pierrot el loco). Naranjo se siente mucho más agusto en los largos monólogos de Maru que en los n pleitos de los jóvenes. Y es que terminan siendo tantos que uno, inevitablemente, se cansa. La verdad sea dicha, Voy a explotar alcanza vuelos muy, muy altos pero que se pierden entre tanta paja. Digamos que de los 104 minutos de duración de la película, estamos hablando de 20 de gran cine.

Voy a explotar o la crítica al puritanismo mexicano. No es gratuito que la película se desarrolle en Guanajuato, por mucho la ciudad más 'mocha' de todo el país. No es gratuito que el personaje de Giménez-Cacho sea un político que busca, a toda costa, guardar las apariencias. En México, pues, hay que reprimir a los jóvenes porque en un país guadalupano no hay cabida para rebeldías, parece estarnos diciendo Naranjo (al iniciar la película, Román asiste a una escuela religiosa). Y a veces parece no haber más salida que desaparecer de la vista de todos.

sábado, 20 de junio de 2009

Gustos

Haciendo caso a Luis Buñuel, aquí les va una lista de muchos de mis gustos. Traté de ser, la mayoría de las veces, categórico. No sé si lo logré, pero sí se que el ejercici resultó ser muy interesante. Se los recomiendo a todos, y ahí de paso me conocen mejor ja.
Me gusta ver llover. Y oír llover. En pocas palabras, me gusta la lluvia. Aunque ese es un gusto que aquí en la Ciudad de México se ha ido desvaneciendo.
Me gustan las matemáticas. Mucho. Encuentro en ellas una belleza que muy difícilmente podría expresar con palabras.
Detesto a los bluff. Y vaya que conozco muchos. Aunque, como dice Aute, más que náusea dan tristeza...
Hablando de Aute, me gusta mucho la música de trova. Para ser honestos, no conozco toda la trova que quisiera. En cuanto a música, también me gusta el rock. Pero si de trova no conozco tanto como quisiera, de rock conozco muchísimo menos.
No me gustan mucho los directores contemporáneos. No se si por prejuicio. No me emocionan las películas nuevas de Tarantino, Guy Ritchie, Wes Anderson, Danny Boyle...
O más bien debería decir, no me gustan mucho todos los directores contemporáneos. Sí me emociona, por ejemplo, que David Cronenberg, Wong Kar-Wai o Lars von Trier saquen una película nueva. Creo que hay ciertos directores con los que aplica la frase 'El que no conoce a Dios, ante cualquier barbón se hinca.'
En cuanto a directores clásicos, Kurosawa no me gusta mucho. Aunque admito que hizo más de una gran película (Dersu Uzala, por citar sólo una) todas sus películas de samurais (con una excepción: Los siete samurais) me dan flojera.
No pude terminar de leer la trilogía de El señor de los anillos. Leí La comunidad del anillo y la mitad de Las dos torres. La capacidad descriptiva de Tolkien me parece, en una palabra, admirable, pero simple y sencillamente nunca me pude encontrar.
También tuve problemas para terminar El amor en los tiempos del cólera. Creo que lo empecé como tres veces, hasta que por fin lo terminé. Y me alegra haberlo hecho. Por el contrario, no me alegra haber empezado, y terminado, Memorias de mis putas tristes. Qué lástima leer a García Márquez refriteándose sus mejores trabajos.
No me gustan las faltas de ortografía. Mejor dicho, me ponen un tanto nervioso. Las faltas de ortografía que si me molestan son las que son a propósito, como sustuir la "qu" por una "k". No sé por qué. Es una manía que tengo.
Hablando de manías, me gustan mucho las manías. Y las "ideateces". No creo que haya ninguna persona sin manías. Y si la hay, siento lástima por esa persona.
No soy, y estoy muy lejos de ser, una persona deportista. En eso no me gusto para nada. En cuanto a ver deporte, lo disfruto, pero no me apasiona. Tengo amigos que casi se saben por completo la alineación de tal equipo de hace 20 años. Yo no. No soy así.
Hablando de amigos, no soy persona de muchos amigos, y creo que eso se nota. A veces me gustaría ser más sociable, pero estoy bien así. Tampoco soy un ermitaño.
No entiendo a los gays. No tengo nada en contra de ellos, simple y sencillamente no los entiendo. Por otro lado, me parece increíble como en años recientes el número de personas homosexuales ha aumentado considerablemente, como si fuera una moda. No lo entiendo.
Me considero una persona tolerante. Aunque también tengo mis ratos de tolerancia mínima, de los que a veces me arrepiento.
Casi no veo la tele. Antes sí. Ahorita si acaso veo Los Simpsons y Seinfeld.
De niño me gustaba ver Los caballeros del zodiaco, Dragon Ball Z y Power Rangers. También, aunque en menor medida, Los gatos samurai, Thundercats, He-Man... veo las caricaturas que pasan hoy, y no puedo sentir más que lástima por la niñez actual.
Me gusta el cine de Spielberg. No todas sus películas, por supuesto, pero creo que pocos manejan la técnica cinematográfica tan bien como él. La edición en sus películas es, la mayoría de las veces, impecable. Además, su filmografía está llena de imágenes icónicas. La pupila del tiranosaurio en Jurassic Park, el movimiento del agua en el vaso en la misma película, E.T. y sus amigos volando en biciclietas frente a la luna, la primera vez que vemos al Tiburón, la secuencia inicial de Rescatando al soldado Ryan, la roca gigante a punto de aplastar a Indiana Jones...
No me gusta dejar a medias una película. Aunque a veces es inevitable. Me he dormido, por ejemplo, en Inframundo y 40 días y 40 noches.
Me gusta el calor. Sobretodo si es en la playa. Lo prefiero mil veces por encima del frío. El frío hace que se me resequen los labios, y eso para mí es casi insoportable.
Me gusta el Nintendo, aunque ya rara vez juego. De Super Nintendo, mis juegos favoritos eran Super Street Fighter II y Donkey Kong Country II. De 64, por mucho, el Ocarina. El cubo ya no lo tuve, y el Wii tampoco (aunque mis papás lo tienen). Las consolas de Sony y Microsoft, en realidad nunca me han interesado.
Odiaba el Distrito Federal. Pero eso fue hace mucho, cuando iba llegando. Ahorita puedo decir que me gusta bastante.
Me gusta leer las críticas de películas, sin hacerles mucho caso en realidad. Por eso a veces no le encuentro caso a este blog. En cuanto a críticos, sólo puedo decir que confío en Ernesto Díezmartinez.

jueves, 18 de junio de 2009

Full Metal Jacket



Cara de guerra (Full metal jacket). Dir. Stanley Kubrick, 1987.

A Kubrick vaya que le costaba decidirse por un proyecto. Después de terminar El resplandor (The shining/1980) el director neoyorquino se dio a la tarea de investigar para su proyecto que jamás se realizaría, The aryan papers (Los documentos arios). Después de muchos años de investigar y darse por vencido, Kubrick prefirió voltear hacia la guerra de Vietnam. Al fin y al cabo, ya había realizado dos películas bélicas (el drama La patrulla infernal (Paths of glory/1958) y la comedia Dr. Insólito (Dr. Strangelove or: How I Learned to stop worrying and love the bomb/1964)) y, con Pelotón (Platoon/Oliver Stone,1986), las películas de guerra se habían puesto de moda.

Así pues, tenemos Cara de guerra. La película está claramente dividida en dos partes, y por lo mismo así lo estará esta reseña.

La primera parte: el entrenamiento. El film abre con tomas de jóvenes recién enlistados en el ejército siendo rapados completamente para inmediatamente después ser dejados a las sauces del lobo. O del general Hartman (interpretado por el verdadero general Lee Ermey) quien maltrata a diestra y siniestra a los pobres reclutas. Los jóvenes son, pues, basura, y el general los tratará como tal hasta que se muestren capaces de obtener un título militar. Hasta que las armas se vuelvan una extensión de ellos. This is my rifle. There are many like it but this one is mine. My rifle is my best friend. It is my life (Éste es mi rifle. Hay muchos como él pero este es mío. Mi rifle es mi mejor amigo. Es mi vida) recitan los aspirantes a soldados. Y así se presenta una de las constantes del cine de Kubrick: la lenta, progresiva, deshumanización de la que sufre la, valga la redundancia, humanidad. Al ejército no le interesan las personas, les interesan las máquinas de matar, parece estar queriéndonos decir Kubrick. Y qué maravilla cuando nos lo dice con una formalidad impresionante, tomas meticulosamente compuestas y, en una de esas, toques de humor.

La segunda parte: la guerra. Donde los que pasaron la prueba demostrarán todo lo que “aprendieron” durante su entrenamiento. In Vietnam the wind doesn’t blow, it sucks (En Vietnam el viento no sopla, apesta) decía la frase promocional de la película por allá de su año de estreno, 1987. Y esta parece ser la actitud de todos los que están ahí. En una guerra totalmente ajena a sus intereses, en la que para divertirse tienen que irse a matar vietnamitas. Cierto es que en esta segunda mitad la película se le cae un poco a Kubrick. Tiende a ser un poco cansada y repetitiva pero, al fin y al cabo, certera en su crítica . De la que, por cierto, no se escapa nadie. Ni los medios de comunicación, ni mucho menos Mickey Mouse.

domingo, 7 de junio de 2009

Happy-Go-Lucky




Happy-Go-Lucky. Dir. Mike Leigh, 2008.

Poppy (Sally Hawkins) es una maestra de primaria que vive, así sin más, feliz. Ella irradia felicidad aún cuando el mundo a su alrededor haga todo lo contrario. Irradia felicidad aún cuando el dependiente de la librería simple y llanamente la ignore. Irradia felicidad aún cuando un quiropráctico le esté acomodando una vértebra dislocada. Irradiafelicidad aún cuando le robaron su bicicleta. Irradia felicidad aún cuando está en sus clases de manejo con un profesor anticuado, machista, racista, fanático, amargado (Eddir Marsan).

El décimo largometraje del director inglés Mike Leigh (Naked, Vera Drake) parece ir a contracorriente con el resto de su filmografía. Happy-Go-Lucky irradia alegría y no solamente a través de su protagonista. También a través de la fotografía, la banda sonora y hasta la edición (barridos a la Star Wars). Happy-Go-Lucky es, qué duda cabe, una de las películas más alegres del año, y una de esas raras ocasiones en las que la forma empata a la perfección con el fondo.

Pero no hay que dejarse engañar. En algún momento de la película alguien le dice a Poppy que no puede hacer feliz a todo mundo. Mike Leigh lo sabe y Happy-Go-Lucky logra sus mejores momentos cuando enfrenta a su protagonista con una realidad constantemente cruel. Con dos niños que se pelean, con un triste vagabundo, incluso con su profesor de manjeo... son estos momentos cuando nos damos cuenta que Poppy no es una idiota que finge ser feliz, si no que es alguien feliz, que trata de contagiar su felicidad... pero que tiene límites, y lo sabe. Lo que no impide que siga intentando. La secuencia del vagabundo es, en especial, memorable.

Párrafo aparte merece Sally Hawkins. Injustamente olvidada en las premiaciones, logra convertir a Poppy en una persona real. Poppy es, pues, posible. Y todos deberíamos de ser un poco como ella, aunque sea de vez en cuando.

viernes, 1 de mayo de 2009

Dekalog

Decálogo (Dekalog). Dir. Krzsysztof Kieslowski
(Esta entrada se irá actualizando al ritmo que veo los 10 capítulos)

Decálogo I. (Amarás a Dios sobre todas las cosas) Un niño está al cuidado de su padre y de su tía. Su padre, muy lógico, confía todo a su computadora y a sus cálculos. Su tía, por otro lado, es una persona muy religiosa. Sostiene, recordándome por cierto a un gran amigo mío, que "God is simple, if you have faith". Una tragedia pondrá a prueba a ambos. La tragedia, cierto, se ve venir, pero no por eso pierde una pizca de su fuerza. Dios, al final, siempre estará ahí. Una obra fuerte, contundente y, al final, conmovedora. Por cierto, la actuación del padre (Wojciech Klata) es genial.
Decálogo II. (No jurarás en nombre de Dios en vano) El marido de una mujer está muriendo. Ella va con el médico con un gran dilema: está esperando un hijo de otro hombre y no sabe si abortar. Si el médico le garantiza que su esposo sobrevivirá, abortará; si, por el contrario, el médico le asegura que su esposo morirá, tendrá a su hijo. La anécdota ya es muy interesante, sin embargo, uno siente que Kieslowski se quedó corto de tiempo. Eso sí, el mediometraje está construido alrededor de una escena fuerte y directa, filmada casi enteramente en primerísimos planos, que nos dejan ver que el gran dilema no es de la mujer, si no del médico.
Decálogo III. (Santificarás las fiestas) Durante la Noche Buena, una mujer le pide a un hombre con el que tuvo un amorío tres años atrás que le ayude a buscar a su esposo. Una anécdota simple que se alarga demasiado, aderezada con unos toques de "humor" que jamás vienen al caso. Acaso hay una o dos tomas interesantes, todo lo demás es un desperdicio de tiempo.
Decálogo IV. (Honrarás a tu padre y a tu madre) Una joven desobedece a su padre y descubre un secreto que la cambia por completo. Un complejo estudio de una atípica relación padre-hija, bellamente filmado y aún mejor actuado. Kieslowski, como en todos los capítulos hasta el momento, se vale mucho de los primeros planos. La sorpresa, estilísticamente hablando, es que aquí los planos de paisaje también son importantes. Vienen a resaltar la soledad y el desconcierto. Quizá la resolución final sea un tanto (de hecho es demasiado) simplista, pero eso no les resta fuerza a los primeros 40 minutos.

domingo, 19 de abril de 2009

Eyes wide shut



Ojos bien cerrados (Eyes wide shut). Dir. Stanley Kubrick, 1999.

Ojos bien cerrados es una película profundamente malinterpretada. Simple y sencillamente no está hecha para ser tomada literalmente. Es, de hecho, más cercana a un sueño que a la realidad. Desde el primer plano de la película, con Alice Harford (Nicole Kidman) de espaldas, dejando caer su vestido, la sensación de irrealidad en el film es palpable, con el grano de la película reventadísimo y la iluminación claramente artificial, lo que hace a la película verse como un producto amateur-ish, contrario a lo que todo mundo se esperaba, dada la maestría formal de Stanley Kubrick. Pero cuando el resto de la película lidia con sueños, frustraciones, paranoias... ¿realmente la película es amateur o es el producto de un maestro en pleno dominio de su creatividad? Kubrick, en su último largometraje, se había adelantado una vez más a su época, y a la vez no.

Se había adelantado a su época porque la película parece una obra más mesurada, más rica y más auténtica de uno de los cineastas más respetados de la actualidad: David Lynch. El surrealismo inherente a la película y la desfragmentación de la imagen fílmica es el camino que está siguiendo el cine hoy en día. Y no, porque en una época en donde la estética MTV y los cortes instantáneos lo dominaban todo (y lo siguen haciendo, vean Quantum of Solace o chéquense esto si no) Kubrick decidió hacer su película a la manera de la vieja escuela: ritmo controlado, tomas y secuencias largas y ricas en detalle y hasta formato full frame (proporción 1.33:1, más cuadrado que los más utilizados 1.66:1, 1.75:1 y 2.35:1... como una televisión no widescreen) que dejó de usarse casi en su totalidad en los 60's.

Ojos bien cerrados cuenta la historia del matrimonio Harford: Bill (Tom Cruise) y Alice. Durante una fiesta navideña (¿por qué Ziegler (Sydney Pollack) nos sigue invitando cada año?) Bill se encuentra con un viejo amigo de la Facultad de Medicina, Nick Nightingale (el ahora director Todd Field). Mientras tanto, un húngaro intenta seducir a Alice. Bill, por su parte, ha dejado a Nick para dejarse llevar alegremente por dos modelos. Ninguno de los dos concretará. Ella porque pone su matrimonio de por medio. Él porque Ziegler requiere sus servicios médicos con una mujer que, a causa de una sobredosis, se desmayó en su baño. Días después, al calor de una sesión de marihuana, Alice le confesará a Bill que una vez estuvo a punto de dejarlo todo por un oficial de marina. Literalmente: todo. ¿Será esto cierto o no? En todo caso, la marihuana abona bien la ambigüedad. La actuación de Nicole Kidman en esta secuencia es impresionante: fría y apasionada, directa y perdida sin que esto conlleve ninguna contradicción. Una llamada de un paciente que acaba de morir hace que Bill tenga que salir de casa. Conmocionado, el médico evitará a toda costa regresar esa noche, lo que lo llevará a tener una serie de encuentros, todos ellos con una carga sexual más o menos fuerte. En cierto punto, la película recuerda a aquellos burgueses que no podían cenar en El discreto encanto de la burguesía de Buñuel. Bill quiere (no precisamente cenar, por cierto) pero no puede. En este sentido, Ojos bien cerrados es también una comedia sobre cómo Tom Cruise no puede tener sexo.

El relato alcanza un clímax cuando Bill va a caer, guiado por Nick, en una orgía que se desarrolla en una mansión a fueras de la ciudad. La puesta en escena es grandielocuente, operística y embrujante. Los travellings, las máscaras, las tomas fijas... y qué mujeres. A partir de este momento, también, la música será uno de los personajes principales de Eyes wide shut. El uso que Kubrick hace de las notas de Musica Ricercatta, II de Gyorgy Lygeti potencia el suspenso y ubica, en mi canon, el score de la película como uno de los mejores de la historia, comparable al de 2001 del propio Kubrick (con música de Gyorgy Lygeti también).

El resto es el viaje de regreso. Ojos bien cerrados es una road movie de ida y vuelta. La ida está encaminada a crear el misterio, la vuelta a resolverlo. La ida a crear hilos narrativos, el regreso a cerrarlos. Si es que se puede, por supuesto. La película está estructurada en secuencias largas y asfixiantes, cada una con su propia lógica, estética y composición. Y en cada hilo narrativo hay dos secuencias: la de ida y la de vuelta.

Por último, Eyes wide shut es también el nacimiento de un nuevo género. El del thriller erótico. Aunque ya había películas que lo anunciaban (Bajos instintos se me viene a la mente) esta fue la primer película en ofrecer cantidades generosas tanto de thriller como de erotismo. Por el lado del erotismo, mujeres hermosas, desnudas, (abriendo con la propia Nicole Kidman, como ya lo mencioné) circulan por el film de principio a fin. Por el lado de thriller, el largometraje está impregnado con la sensación de que muy pronto algo terrible le sucederá a Bill Harford.

Kubrick, en su última película, logró su obra maestra.

jueves, 16 de abril de 2009

Viridiana/II (en imágenes)

Y, bueno, para reflejar la controversia que generó la película en su estreno, nada mejor que la caricatura de Alberto Isaac, muy bien nombrada Vini, vidi, vinci




La caricatura refleja a la perfección los sentimientos que Buñuel causó entre la comunidad artística (sobretodo mexicana) cuando anunció que haría la película en España. Todos pensaron que la nostalgia le había ganado al director aragonés, así que, solamente para estar en su país natal, haría una película timorata y comprometida. Bueno... creo que el último cuadro de la caricatura refleja a la perfección lo que sucedió. Y en ese 'regalito' que Buñuel le dio a Franco, venía una imagen que ya pasó a la historia. No agrega, en realidad, nada a la historia, y la película no está lo suficientemente enraizada en la religión (como sí lo estaba, por ejemplo, Nazarín) como para que la imagen venga mucho al caso pero... Buñuel era, ante todo, un provocador.


Y, por último, la película sigue causando controversia hasta el día de hoy (bueno... al menos en el círculo de traumados amantes del cine). The Criterion Collection lanzó, en mayo de 2006, un magnífico DVD de esta película (widescreen, imagen casi perfecta y como extras un documental sobre Buñuel y entrevistas con Silvia Pinal y el historiador Richard Porton). Bueno, la portada para este DVD fue esta cosa:

Que, hasta eso, aunque es una aberración refleja bien la ya mencionada actitud provocadora de Buñuel (por cierto, me disculparán ustedes, no pude encontrar una imagen más grande). El caso es que esta portada sucitó tal serie de protestas entre los DVD-filos (sobretodo norteamericanos) que la portada tuvo que ser cambiada por otra, digamos más... clásica.







miércoles, 1 de abril de 2009

Viridiana



Viridiana. Dir. Luis Buñuel, 1960.

Para hablar de Viridiana, primero tengo que hablar de la historia detrás de Viridiana. Después de ganar el Gran Premio en Cannes con Nazarín (el perfecto preámbulo de Viridiana, por cierto), el régimen franquista invitó a Buñuel a volver a España. El mismo régimen que años antes lo había desterrado por exponer la miseria de la provincia española en Las hurdes (Tierra sin pan), ahora quiere aprovecharse de su éxito. Buñuel aceptó, con la condición única de que lo dejaran elegir a su productor. Eligió al hasta entonces mueblero Gustavo Alatriste, en ese entonces esposo de la actriz Silvia Pinal. Pinal cuenta que ella quería hacer una película con Buñuel y estuvo insistiendo hasta que, por fin, su esposo entró al quite para poner el dinero. Buñuel lo eligió porque, se dice, Alatriste no le puso ninguna restricción más allá del hecho de que su esposa estelarizara la película. La película se estrenó en Cannes, donde ganó la Palma de Oro. Al día siguiente, fue prohibida en España y en casi todas partes. ¿La razón? Se le consideró una película blasfema y altamente ofensiva. Si Viridiana sobrevivió es porque, entre Buñuel, Alatriste y Pinal lograron pasar una copia de contrabando a México. Viridiana adquirió, como Buñuel lo hizo muchos años antes, la nacionalidad mexicana. Y deberíamos estar orgullosos.

La novicia Viridiana (Silvia Pinal) está a punto de ponerse los hábitos definitivamente. Su tío, Don Jaime (Fernando Rey en el primero, y mejor, de los muchos viejos raboverdes que compondría para Buñuel) le pide que pase unos días con él. Viridiana va solamente por agradecimiento, ya que fue su tío quien pagó sus estudios. Resulta ser que Viridiana es igualita a su difunta tía, lo que despierta la pasión de Don Jaime. Por otro lado, Viridiana convence a Don Jaime de contactar a su hijo "natural", Jorge (Paco Rabal, en su segunda colaboración con Buñuel) que llegará a deslumbrar a Viridiana, y a la sirvienta Ramona (Margarita Lozano) con su mundanidad y aires citadinos, mientras (por razones que no revelaré) Viridiana intenta convertir la mansión del tío en un refugio para mendigos.

Buñuel en esta película apunta la mayoría (¡que no todos!) de sus cañones a una institución que hoy en día tiene más fuerza que nunca: la de la beneficencia. Los mendigos ya mencionados serán víctimas y victimarios, nunca beneficiarios, de la empresa de Viridiana. Hay muchos y muy variopintos: viejos, jóvenes, tuertos, leprosos, enanos... nunca, y esta fue seguramente la intención de Buñuel, inspiran compasión, ni lástima. La defensa de los pobres, dice Buñuel, puede ser también un acto de egoísmo. ¿O no lo hace Viridiana para expiar sus culpas? Otro ejemplo podría ser Don Jaime. Pagó los estudios de Viridiana, sí, pero quiere algo a cambio.

Hay una escena genial en la película en la que Jorge ve pasar a un perro atado a una carreta, lo que lo indigna. Compra, pues, al pobre perro. Suceden entonces dos cosas interesantes. Primero, ya que se van los hombres de la carreta, el perro quiere seguir con ellos. Segundo, justo cuando Jorge da la vuelta pasa otra carreta con otro perro, al que ya no ayuda pues no lo ve. Curiosamente, en un momento de la película Jorge también le dice a Viridiana que ayudando a unos cuantos mendigos no va a cambiar al mundo. El impulso de ayudar es, pues, natural hasta para el más cínico de los hombres pero, ¿de qué sirve si las personas en realidad no lo saben dar, ni recibir? Y es que Buñuel no se va contra la beneficencia per se, si no contra la manera en que la humanidad la da y, sobretodo, la recibe. Habrá que ver el berrinche que hacen los mendigos cuando se les anuncia que tienen que trabajar.

Por último, el final de Viridiana es, quizá, la prueba más grande del maravilloso talento de Buñuel. La película terminaba insinuando claramente un encuentro sexual, lo que no fue permitido por la censura española. Para solucionar esto, Don Luis cambió la escena por una partida de cartas... que vale por cinco menage a trois.

Cambio

Hay un cambio de administración jaja. Bueno no hay que ser tan drásticos. Ya no hablaré necesariamente de los estrenos porque, honestamente, ya me da flojera. Solamente hablaré de las películas que verdaderamente me parezcan interesantes. Aunque bueno, otras razones no pude hablar a tiempo de Watchmen (Snyder, 2009) que sí me pareció lo suficientemene interesante. Pero bueno... empezamos con Viridiana (Buñuel, 1961).

lunes, 2 de marzo de 2009

The Wrestler



Luchador (The Wrestler). Dir. Darren Aronofsky, 2008.

Pocas veces un director ha cambiado drásticamente de estilo tan efectivamente. Darren Aronofsky, hasta su anterior film La fuente de la vida (pasando por Pi y Réquiem por un sueño) había apelado por el artificio al máximo. Edición rapidísima, efectos especiales "orgánicos" (lo que sea que eso signifique) movimientos y posiciones inusuales de cámara. Luchador es de un realismo casi documental, aunque, gran mérito de Aronofsky, también recurre a los artificios cuando estos son requeridos.

Randy "The Ram" Robinson (Mickey Rourke, que se merece todos los elogios que se han escrito sobre él) es un luchador de, valga la redundancia, lucha libre que en toda su vida sólo ha sido bueno para eso: luchar. Por eso cuando después de una brutal lucha (y quizá la lucha más brutal jamás filmada) sufre un infarto al corazón y su médico le dice que ya no puede luchar, no sabe qué hacer con su vida. Intentará pues, reanudar una relación, hace mucho tiempo perdida, con su hija (Evan Rachel Wood) y empezar un romance con una stripper con un hijo que alimental (Marisa Tomei... mejora (¡en todos los sentidos!) con los años, la neta). Buscará también un trabajo "común", de esos que atienden en el súper en la sección de carnes frías. ¿Podrá remediar sus errores y seguir adelante con una vida que dejó en standby cuando le llegó la fama como luchador profesional?

Luchador es la crónica de un hombre queriendo rehacer su vida sin saber cómo. La historia de un hombre que queda despojado de todo lo que tiene y tiene que volver a empezar. La secuencia con su hija es conmovedora y, tengo que aceptarlo, me sacó una que otra lágrima. La sinceridad se nota en los diálogos y actuaciones, y las elecciones formales de Aronofsky están hechas para potenciarla. Así, cuando Marisa Tomei baila lo importante no es que baile si no su mirada. Cuando The Ram pelea eso no es lo importante, sino los rasgos de camaradería que se dan entre él y los demás luchadores. Cuando lo vemos atendiendo a una viejita en el supermercado lo importante es la gentileza con qué lo hace. Así, cuando Randy está bien todos estamos agusto. Cuando la caga, sufrimos con él.

Hay quien dice que lo malo de Luchador es el final. Para mí es lo mejor de la película y el trazo que termina por redondear el círculo, quizá el que mejor le ha salido a Aronofsky hasta el momento. Véanla y luego hablamos.

jueves, 26 de febrero de 2009

BMW films (The Hire) - The Follow

Pues hace un buen pero un buen la BMW les encargó a muchos directores de renombre internacional (entre ellos Alejandro González Iñárritu, por cierto) que hicieran cortos para que lucieran sus carros. He aquí el de Wong Kar-Wai. Como su cine, melancólico y tierno. Además, musicalizado con una versión de la que es una de las canciones más bellas que se haya escrito: Mi unicornio azul, de Silvio Rodríguez.



miércoles, 25 de febrero de 2009

Slumdog Millionaire


Quisiera ser millonario (Slumdog Millionaire). Dir. Danny Boyle y Loveleen Tandan, 2008.

Jamal Malik está a punto de ganar 20 millones de rupias en el programa 'Who wants to be a millionaire?' de la televisión hindú. Nadie ha pasado del millón de rupias. ¿Cómo le hizo?


  • a) Hizo trampa

  • b) Es un genio

  • c) Tuvo suerte

  • d) Está escrito

Ésta es la pregunta que abre y cierra Slumdog Millionaire, octavo largometraje del inglés ex-enfant terrible Danny Boyle (co-dirigida con la injustamente poco reconocida Loveleen Tandna). La respuesta es, desde que la película inicia, obvia, pero el gran mérito de Boyle es que al final dicha respuesta termina no solamente siendo lógica, sino que ya no podemos pensar en otra respuesta posible.

Como ya se dijo, Jamal (Dev Patel) ha sabido la respuesta a todas y cada una de las preguntas que le hace el conductor del programa. Así, si Jamal sabe qué es lo que tiene en la mano una cierta deidad hindú es porque de niño vio a una niña disfrazada de dicha deidad mientras se linchaba injustamente a su madre. O si sabe quién es el inventor del revólver es porque tuvo la 'suerte' de que alguien le apuntó en la cabeza con una Colt 45. Así, vamos repasando la vida de Jamal y su hermano Salim desde que eran unos niños hasta el momento en que empieza el programa. Siempre con un leit motiv claro y seguro: el amor de Jamal hacia una niña (luego joven, luego mujer): Latika. Porque el destino de Jamal y Latika es uno y es muy claro, aunque tengan que sortear toda suerte de problemas para llevarlo a cabo.

Slumdog Millionaire es cuando Hollywood conoció a Bollywood (favor de buscar Bollywood en Wikipedia). Es una película de acción, drama, romance, comedia... todo en menos de 120 minutos, todo junto y revuelto, frenéticamente editado y fotografiado, que no se detiene por nada y que no da tregua al espectador. Y qué bueno, porque justamente Slumdog Millionaire está hecha para los sentidos, no para el intelecto (que conste que lo digo sin menospreciar, porque muchas de las más grandes películas son para los sentidos). Así, uno se emociona aunque ya sepa en qué va a terminar la película. Y cuando terminó, salí feliz de haberla visto. Rabiosamente alegre, la película termina por contagiarte. Y cómo no va a ser así, si en la secuencia de créditos finales todos se ponen sin ningún motivo a mover el bote. Cuánta alegría.

lunes, 23 de febrero de 2009

Låt den rätte komma in



Déjame entrar (Låt den ratte komma in). Dir. Tomas Alfredson, 2008.

Mucho mejor que el cine normal - Adolfo

Estocolmo, Suecia. Oscar (Kåre Hedebrant), un niño de unos diez, doce años, cuyos padres están en pleno proceso de divorcio, conoce a Eli (estupenda Lina Leandersson), una niña de la misma edad que, en palabras del propio Oscar, 'huele raro'. Eli le enseñará a defenderse de sus compañeros porque, verán, Oscar es uno de esos niños de los que todos se burlan. Eli, además de oler raro, tiene otras peculiaridades: no tiene una fecha exacta de cumpleaños y se aparece de la nada. Mientras tanto, un asesino acecha la ciudad. El asesino tiene también sus peculiaridades: drena a sus víctimas, al punto de dejarlas sin gota de sangre.

Déjame entrar es una estupenda pieza de género. No, esperen, es una estupenda pieza de dos géneros: el horror y el romántico.

Por el lado del horror, la película entiende que el horror viene de adentro. Oscar es un simple niño y Eli es (a estas alturas ya lo saben todos, así que no creo arruinarle la película a nadie) un vampiro pero, ¿qué tanta diferencia hay entre ellos realmente? Eli mata, sí, porque necesita de sangre para sobrevivir, por instinto. Oscar ¿mataría? para defenderse y ¿por instinto también? El elenco de Déjame entrar está formado en su mayoría por pubertos que guardan una perversidad palpable. En este sentido (el horror personificado en niños) Déjame entrar va mucho más allá que cualquier película del tan publicitado japan-gore (The ring, Dark Water, etc.).

Del lado romántico, la película tiene otras dos vertientes. Primero, la relación de Eli con Håkan (Per Ragnar) un viejo que está dispuesto a hacer lo que sea por ella. ¿Es Håkan su papá? O más terrible aún, ¿es una versión anterior de Oscar? Él, al parecer, la ama pero también le teme. Hace lo que sea por ella, incluso matar. ¿Qué es entonces más terrible? ¿Matar para sobrevivir o matar por amor? ¿O no es básicamente lo mismo? Es en esta historia donde el lado romántico y el lado de terror de la película se conjugan más armoniosa y sutilmente.

Segundo, la relación de Oscar y Eli, que se desarrolla casi como en cualquier otra película romántica. Vaya, las vampiras son igual de complicadas que las mujeres. Oscar y Eli desarrollan una manera de comunicarse a través de la pared que separa sus cuartos. Son ambos seres solitarios que se necesitan y, vaya, hasta se complementan. Oscar es la esperanza de normalidad para Eli, y Eli es el coraje que Oscar necesita. A pesar de todo, a pesar de que ella no sea en realidad una niña.

SPOILERS

Por último, el lado del horror y el romántico se conjugan perfectamente en un final poderoso que termina definiendo una de las principales interrogantes de la película. ¿Matar por amor o matar para vivir? Además, la secuencia está filmada muy peculiarmente. Lo que pudo haber sido lo más gore de los últimos tiempos queda reducido a un plano sutil, ciertamente sugerente pero nunca demasiado explícito. Y, para los que ya vieron la película, según la IMDb la palabra que al final Eli y Oscar se dicen en clave morse es P U S S, que es 'beso' en sueco. Porque en Déjame entrar también hay espacio, y mucho, para la ternura. Como debe de ser.

FIN DE SPOILERS (Y DE LA RESEÑA, JA)


lunes, 9 de febrero de 2009

Frost/Nixon


Frost/Nixon: La entrevista del escándalo (Frost/Nixon). Dir. Ron Howard, 2008.

El cine político me parece, más que importante, necesario. Cumple con la que es, a mi parecer, una de las funciones primordiales del cine: además de entretener lleva a la polémica, a la discusión, a la reflexión. Y, cuando se hace bien, queda como testimonio de una época, de un ideal. (¿el gran ejemplo? Todos los hombres del presidente (All the president's men. Alan J. Pakula, 1976)).

Esta reflexión introductoria viene al caso porque Frost/Nixon es una película política como ya casi no se hacen (la última que recuerdo es Munich, de Spielberg... después habrá que remontarse hasta Nixon o JFK, ambas de Oliver Stone). En 1977, tres años después de que el 37vo. presidente de los Estados Unidos de América, Richard Milhous Nixon (Frank Langella... grandioso) renunciara a la presidencia, tras los escándalos del llamado Watergate, el conductor de talk shows británico David Frost (Michael Sheen, muy bien) se empeña en lograr una entrevista con el polémico Nixon. Imaginen el rating que esas entrevistas tendrían. Pues bien, Frost logró su objetivo y el resultado fueron cuatro entrevistas, de dos horas cada una, donde Frost buscará a toda costa que Nixon acepte su culpa y su intervención en el Watergate. ¿Lo logrará? (si se ponen a investigar encontrarán la respuesta... yo no la voy a decir aquí).

Frost/Nixon está basada en una obra de teatro de Peter Morgan (Closer) y dirigida por el académico Ron Howard (Una mente brillante, El código DaVinci). Pues bien, Howard ya aprendió a dirigir porque la película no denota en NADA que está basada en una obra de teatro. Hecha en formato de falso documental, el film explota, ante todo, las bondades del close-up (cosa que, por cierto, también se discute en el largometraje). ¡Y qué magnífico es esto cuando los close-ups son a dos grandes actores! O bueno, a dos grandes actuaciones... sobretodo Frank Langella, que logra que, a pesar de todo, simpaticemos un poco con Nixon. Con el monstruo Nixon. Con el traidor Nixon. Con el primer presidente en renunciar.

Porque Nixon habrá sido lo que quieran pero está muy lejos de aquel que acaba de dejar, tras ocho años en el poder, la Casa Blanca. Y ya en terreno mexicano... recuerdo aquella entrevista que Denise Maerker le hizo al expresidente Carlos Salinas de Gortari. Cuando le hacían una pregunta dura, él sólo respondía 'política-ficción'. ¿Habrá visto la entrevista?

sábado, 7 de febrero de 2009

Rapidines

Rudo y Cursi (Carlos Cuarón, 2008). Muchas cosas buenas, y otras tantas malas, en el primer largometraje como director de Carlos Cuarón. Ya hacía falta una película mexicana que hablara del rey de los deportes en México: el futbol. Se crea un retrato más o menos convincente del mundo al que llegan los futbolistas descubiertos en medio de la nada. El final, sobretodo, es un comentario justo y necesario sobre la triste realidad de nuestro país. Pero la película tiene dos grandes defectos: Gael García Bernal y Diego Luna. Sobreactúan demasiado y, para colmo, cometen el peor de los pecados: no apredieron a jugar fútbol como preparación (algo que, por ejemplo, Kuno Becker sí hizo para Gol!) lo que hace que la parte futbolera pierda realismo, convicción y, sobre todo, pasión. Y que conste que no soy fanático del fútbol.
El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button. David Fincher, 2008). Ya todo mundo sabe de qué trata el quinto largometraje de David Fincher: un hombre nace con el estado físico de una persona de ochenta años y, conforme pasan los años, rejuvenece. Deberá lidiar con esto en sus relaciones (sobretodo amorosas) con las personas. Aunque Brad Pitt y sobretodo Cate Blanchett hacen un trabajo notable y a nivel técnico la película es impresionante (el maquillaje, la foto...) debo decir que la película me parece más interesante comentada que vista. Es demasiado larga y derivativa, pero a fin de cuentas no es más que el relato de la vida de un hombre que nació en situaciones excepcionales, pero él no es excepcional per se. Me aburrió moderadamente.
Sólo un sueño (Revolutionary Road. Sam Mendes, 2008). El director de Belleza americana regresa al mismo tema pero situado cincuenta años antes, y con unas ganas de provocar impresionantes. No es casualidad que el elenco principal de la película (Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Kathy Bates) haya actuado en esa película del barcote que se hunde, quizá el mayor fenómeno cinematográfico de nuestra generación. Todos recordamos a Jack y Rose, por eso resuenan aún más los insultos, las miradas de odio, la autodestrucción que rodea al matrimonio Wheeler, aparentemente perfecto. Hay una gran diferencia entre los Wheeler de Revolutionary Road y George y Martha (Richard Burton y Elizabeth Taylor) de Who's afraid of Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966). George y Martha se quieren, por lo mismo son codependientes y no lo quieren aceptar. Los Wheeler saben que no se aman, saben que no se necesitan el uno al otro... y tampoco lo quieren aceptar.

sábado, 24 de enero de 2009

2007... con un año de retraso

Pues ahí revisando los "archivos" me encontré con la lista de lo que, según yo, fue lo mejor del 2007 estrenado comercialmente en salas mexicanas. La cosa va así, en estricto orden alfabético:
La fuente de la vida (The Fountain), de Darren Aronofsky.
El Imperio (INLAND EMPIRE) de David Lynch.
Michael Clayton, de Tony Gilroy.
Ratatouille, de Brad Bird.
Valiente (The brave one) de Neil Jordan.
La vida de los otros (Das leben der anderen) de Florian Henckel von Donnersmarck.
El violín, de Francisco Vargas Quevedo.
Zodiaco (Zodiac) de David Fincher.
¿Cómo cambia la lista, a más de un año de distancia? Así sin pensarlo mucho... primero, saco a Michael Clayton y a Valiente (me encanta Jodie Foster pero no es para tanto). Luego agregaría el magnífico debut como director de Ben Affleck, Desapareció una noche (Gone baby gone). Y, por supuesto, me pondría salomónico y partiría la lista en dos. La primera división, en estricto orden de preferencia: Zodiaco, Ratatouille, La vida de los otros y La fuente de la vida. En la segunda división todas las demás. Y ustedes, ¿se acuerdan del 2007?

viernes, 16 de enero de 2009

Rolas/VI

Eddie Vedder - Society



1.- El chiste era poner una rola del soundtrack de Into the Wild. Como yo no soy el más grande fanático de Eddie Vedder le pregunté al que sí lo es y sin dudarlo dijo Society. No le pude refutar (aunque no estaría mal que buscaran más del soundtrack...)
2.- Aquí les va la estrategia publicitaria: que una chavita de quince años pase por aquí (¡ja!) y vea a Kristen Stewart, la de Crepúsculo... y pues se le antoje ver Into the Wild. Aunque sospecho que funcionará mejor con chavitos (funcionaría conmigo)
3.- Vean Into the Wild.

miércoles, 14 de enero de 2009

SHAKESPEARE!!

¿Hamlet? ¿Othello? Naaah que va:
According to James Marsters, his role of Piccolo is a complex, Shakespearean one: "Thousands of years ago he used to be a force of good, but he was imprisoned for 2000 years, making him very angry, and then he finds a way to escape... The cool thing is anybody who's seen Dragon Ball knows that Lord Piccolo transforms into THE Piccolo, and that is a whole other ball of wax; heroic wouldn't be the wrong term, but it's a long journey."
Fuente: IMDb

lunes, 12 de enero de 2009

Muerte de un ciclista

Por alguna razón, la película no está disponible en DVD región 4 y hay que recurrir a Criterion...


Muerte de un ciclista. Dir. Juan Antonio Bardem, 1955

Hace tiempo publiqué, en este mismo blog el llamado que Juan Antonio Bardem hizo al cine español franquista para despertar y dejar de seguir produciendo un cine que el director llamó "políticamente inefectivo, socialmente falso, intelectualmente desechable, estéticamente inexistente e industrialmente paralizado". Pues bien, Muerte de un ciclista es una, y de hecho la más famosa, de las tantas películas que Bardem hizo creyendo en su llamado.

Cuando María José (Lucía Bosé) y su amante, Juan (Alberto Closas) atropellan a un ciclista, en alguna carretera española, deciden dejarlo así, pues de hacer cualquier denuncia el esposo de ella, Miguel (Otello Toso) los descubriría. Esto traerá, en los dos, sentimientos de culpa y remordimiento. Para acabarla, un crítico de arte, Rafael "Rafa" Sandoval (Carlos Casaravilla) los ha descubierto y amenaza a María José con decirle todo a Miguel. ¿Cumplirá su amenaza? Y lo más importante, ¿cómo expiarán María José y Juan sus culpas?

A medio camino entre el neorrealismo italiano y el suspenso al más puro estilo Hitchcock, Bardem cuenta su historia sin olvidarse nunca de la crítica social. Y esto pesa, quizá demasiado. No es que las cosas le salgan mal, sino que a veces no es tan sutil como debería. Me dirán lo que quieran pero no creo que en ninguna reunión, por más elitista que sea, se digan cosas como 'Un collar de perlas por mil obreros hambrientos'. La crítica social, mediante el diálogo, no se le da a Bardem, se siente exagerada, excesivamente planeada.

La crítica social que a Bardem (tío de Javier, por si se estaban preguntando) sí se le da es la visual. Como ya mencioné, el estilo se encuentra a la mitad entre el neorrealismo italiano y el artificio norteamericano (quien diga que Hitchcock no es puro artificio está mal de la cabeza). Entonces, nos encontramos entre intrigas, humo y elegancia cuando de repente nos pega el golpe de realidad. A veces tan fácilmente como pasar de un primer plano a un plano general, y a veces con ayuda de trucos de edición simples pero efectivos. Éste es el punto fuerte de Muerte de un ciclista, elaborar la crítica social mediante técnicas puramente cinematográficas.

Ya rumbo al final, se empiezan a conjugar perfectamente film noir y película social. Con todo y femme fatale incluída. Que el final final sea un poco decepcionante mmm... pues hasta Bardem renegó de él (la censura franquista hizo de las suyas). Muerte de un ciclista es una gran película durante sus últimos 20 minutos. Todo lo demás está muy bien, nada más.