sábado, 7 de febrero de 2009

Rapidines

Rudo y Cursi (Carlos Cuarón, 2008). Muchas cosas buenas, y otras tantas malas, en el primer largometraje como director de Carlos Cuarón. Ya hacía falta una película mexicana que hablara del rey de los deportes en México: el futbol. Se crea un retrato más o menos convincente del mundo al que llegan los futbolistas descubiertos en medio de la nada. El final, sobretodo, es un comentario justo y necesario sobre la triste realidad de nuestro país. Pero la película tiene dos grandes defectos: Gael García Bernal y Diego Luna. Sobreactúan demasiado y, para colmo, cometen el peor de los pecados: no apredieron a jugar fútbol como preparación (algo que, por ejemplo, Kuno Becker sí hizo para Gol!) lo que hace que la parte futbolera pierda realismo, convicción y, sobre todo, pasión. Y que conste que no soy fanático del fútbol.
El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button. David Fincher, 2008). Ya todo mundo sabe de qué trata el quinto largometraje de David Fincher: un hombre nace con el estado físico de una persona de ochenta años y, conforme pasan los años, rejuvenece. Deberá lidiar con esto en sus relaciones (sobretodo amorosas) con las personas. Aunque Brad Pitt y sobretodo Cate Blanchett hacen un trabajo notable y a nivel técnico la película es impresionante (el maquillaje, la foto...) debo decir que la película me parece más interesante comentada que vista. Es demasiado larga y derivativa, pero a fin de cuentas no es más que el relato de la vida de un hombre que nació en situaciones excepcionales, pero él no es excepcional per se. Me aburrió moderadamente.
Sólo un sueño (Revolutionary Road. Sam Mendes, 2008). El director de Belleza americana regresa al mismo tema pero situado cincuenta años antes, y con unas ganas de provocar impresionantes. No es casualidad que el elenco principal de la película (Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Kathy Bates) haya actuado en esa película del barcote que se hunde, quizá el mayor fenómeno cinematográfico de nuestra generación. Todos recordamos a Jack y Rose, por eso resuenan aún más los insultos, las miradas de odio, la autodestrucción que rodea al matrimonio Wheeler, aparentemente perfecto. Hay una gran diferencia entre los Wheeler de Revolutionary Road y George y Martha (Richard Burton y Elizabeth Taylor) de Who's afraid of Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966). George y Martha se quieren, por lo mismo son codependientes y no lo quieren aceptar. Los Wheeler saben que no se aman, saben que no se necesitan el uno al otro... y tampoco lo quieren aceptar.

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