
Muerte de un ciclista. Dir. Juan Antonio Bardem, 1955
Hace tiempo publiqué, en este mismo blog el llamado que Juan Antonio Bardem hizo al cine español franquista para despertar y dejar de seguir produciendo un cine que el director llamó "políticamente inefectivo, socialmente falso, intelectualmente desechable, estéticamente inexistente e industrialmente paralizado". Pues bien, Muerte de un ciclista es una, y de hecho la más famosa, de las tantas películas que Bardem hizo creyendo en su llamado.
Cuando María José (Lucía Bosé) y su amante, Juan (Alberto Closas) atropellan a un ciclista, en alguna carretera española, deciden dejarlo así, pues de hacer cualquier denuncia el esposo de ella, Miguel (Otello Toso) los descubriría. Esto traerá, en los dos, sentimientos de culpa y remordimiento. Para acabarla, un crítico de arte, Rafael "Rafa" Sandoval (Carlos Casaravilla) los ha descubierto y amenaza a María José con decirle todo a Miguel. ¿Cumplirá su amenaza? Y lo más importante, ¿cómo expiarán María José y Juan sus culpas?
A medio camino entre el neorrealismo italiano y el suspenso al más puro estilo Hitchcock, Bardem cuenta su historia sin olvidarse nunca de la crítica social. Y esto pesa, quizá demasiado. No es que las cosas le salgan mal, sino que a veces no es tan sutil como debería. Me dirán lo que quieran pero no creo que en ninguna reunión, por más elitista que sea, se digan cosas como 'Un collar de perlas por mil obreros hambrientos'. La crítica social, mediante el diálogo, no se le da a Bardem, se siente exagerada, excesivamente planeada.
La crítica social que a Bardem (tío de Javier, por si se estaban preguntando) sí se le da es la visual. Como ya mencioné, el estilo se encuentra a la mitad entre el neorrealismo italiano y el artificio norteamericano (quien diga que Hitchcock no es puro artificio está mal de la cabeza). Entonces, nos encontramos entre intrigas, humo y elegancia cuando de repente nos pega el golpe de realidad. A veces tan fácilmente como pasar de un primer plano a un plano general, y a veces con ayuda de trucos de edición simples pero efectivos. Éste es el punto fuerte de Muerte de un ciclista, elaborar la crítica social mediante técnicas puramente cinematográficas.
Ya rumbo al final, se empiezan a conjugar perfectamente film noir y película social. Con todo y femme fatale incluída. Que el final final sea un poco decepcionante mmm... pues hasta Bardem renegó de él (la censura franquista hizo de las suyas). Muerte de un ciclista es una gran película durante sus últimos 20 minutos. Todo lo demás está muy bien, nada más.
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