
Happy-Go-Lucky. Dir. Mike Leigh, 2008.
Poppy (Sally Hawkins) es una maestra de primaria que vive, así sin más, feliz. Ella irradia felicidad aún cuando el mundo a su alrededor haga todo lo contrario. Irradia felicidad aún cuando el dependiente de la librería simple y llanamente la ignore. Irradia felicidad aún cuando un quiropráctico le esté acomodando una vértebra dislocada. Irradiafelicidad aún cuando le robaron su bicicleta. Irradia felicidad aún cuando está en sus clases de manejo con un profesor anticuado, machista, racista, fanático, amargado (Eddir Marsan).
El décimo largometraje del director inglés Mike Leigh (Naked, Vera Drake) parece ir a contracorriente con el resto de su filmografía. Happy-Go-Lucky irradia alegría y no solamente a través de su protagonista. También a través de la fotografía, la banda sonora y hasta la edición (barridos a la Star Wars). Happy-Go-Lucky es, qué duda cabe, una de las películas más alegres del año, y una de esas raras ocasiones en las que la forma empata a la perfección con el fondo.
Pero no hay que dejarse engañar. En algún momento de la película alguien le dice a Poppy que no puede hacer feliz a todo mundo. Mike Leigh lo sabe y Happy-Go-Lucky logra sus mejores momentos cuando enfrenta a su protagonista con una realidad constantemente cruel. Con dos niños que se pelean, con un triste vagabundo, incluso con su profesor de manjeo... son estos momentos cuando nos damos cuenta que Poppy no es una idiota que finge ser feliz, si no que es alguien feliz, que trata de contagiar su felicidad... pero que tiene límites, y lo sabe. Lo que no impide que siga intentando. La secuencia del vagabundo es, en especial, memorable.
Párrafo aparte merece Sally Hawkins. Injustamente olvidada en las premiaciones, logra convertir a Poppy en una persona real. Poppy es, pues, posible. Y todos deberíamos de ser un poco como ella, aunque sea de vez en cuando.
El décimo largometraje del director inglés Mike Leigh (Naked, Vera Drake) parece ir a contracorriente con el resto de su filmografía. Happy-Go-Lucky irradia alegría y no solamente a través de su protagonista. También a través de la fotografía, la banda sonora y hasta la edición (barridos a la Star Wars). Happy-Go-Lucky es, qué duda cabe, una de las películas más alegres del año, y una de esas raras ocasiones en las que la forma empata a la perfección con el fondo.
Pero no hay que dejarse engañar. En algún momento de la película alguien le dice a Poppy que no puede hacer feliz a todo mundo. Mike Leigh lo sabe y Happy-Go-Lucky logra sus mejores momentos cuando enfrenta a su protagonista con una realidad constantemente cruel. Con dos niños que se pelean, con un triste vagabundo, incluso con su profesor de manjeo... son estos momentos cuando nos damos cuenta que Poppy no es una idiota que finge ser feliz, si no que es alguien feliz, que trata de contagiar su felicidad... pero que tiene límites, y lo sabe. Lo que no impide que siga intentando. La secuencia del vagabundo es, en especial, memorable.
Párrafo aparte merece Sally Hawkins. Injustamente olvidada en las premiaciones, logra convertir a Poppy en una persona real. Poppy es, pues, posible. Y todos deberíamos de ser un poco como ella, aunque sea de vez en cuando.
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