
Aclaro lo que hay que aclarar: le puse de título Ana Meda's Cut porque por razones concernientes a mi examen de proba (o sea, a Ana Meda) no pude ver los capítulos II, III y IV, que vendrían a ser como tres horas de película. Con todo, como se trata de una miniserie-película de 15 horas de duración, creo no haberme perdido de mucho, amén de que entendí a la perfección todo lo posterior, excepto el epílogo. Y a propósito del epílogo, es evidente que debe verse con otros ojos, así que tendré que separar lo que son los primeros trece (corrijo, trece menos tres) capítulos y el epílogo. Sin más preliminares:

Berlín Alexanderplatz. Capítulos I, V-XIII. Dir. Rainer Werner Fassbinder, 1980.
Franz Biberkopf (Günter Lamprecht) acaba de salir de la cárcel. Estuvo ahí cuatro años debido al asesinato de su pareja, Ida (Barbara Valentin). Estamos en Alemania, finales de los años 20's. Lo primero que ataca a Franz es el remordimiento, ¿cómo readaptarse a la sociedad si a la opinión de todos, e incluso a la de él mismo, es un asesino? Con esto lidia el primer capítulo de la teleserie más ambiciosa de la historia de la televisión alemana (o de la televisión en general, no sé) que técnicamente debería ser considerada como película dado que está filmada en celuloide y sus técnicas son mucho más cinematográficas que televisivas (en un momento me adentraré mucho más en este tema). Apropiadamente titulado 'El sufrimiento comienza' (Die strafe beginnt) cumple a la perfección con su función introductoria: presentarnos al personaje principal y aclarar bien, no tanto de que va la serie, si no cómo va a ser.
Los siguientes capítulos (o al menos los que vi) lidian con el intento de Franz de ser una buena persona. Lo que, claro, en Berlín en los años 20's (¿sólo en Berlín en los años 20's?) era casi imposible. Para no hacer el cuento más grande hay que decir que las tres personas más importantes en esta etapa de su vida serán: Reinhold (Gottfried John), un amigo con el que tiene un trato: Reinhold anda con muchas mujeres y, cuando se quiere deshacer de ellas, Franz entra al quite; Eva (muy bella, madura Hannah Schygulla) la hermana de Ida; y Mieze (muy bella, infantil Barbara Sukowa) una prostituta que, aunada a otro suceso importante, vendrá a cambiar para siempre la vida de Franz. Eva y Mieze realmente quieren a Franz, y serían incapaces de hacerle daño. ¿Se puede decir lo mismo de Reinhold?
Conste, describí la trama a muy grosso modo porque creo que hay unas sorpresas que no debería revelar. Y no me quiero concentrar demasiado en la historia que, qué duda cabe, SÍ es lo suficientemente compleja para llenar las 15 (13, descontando el epílogo) horas de metraje que componen Berlin Alexanderplatz (basada en la novela de Alfred Döblin).
¿En qué me quiero concentrar, entonces? En que es evidente que estamos frente a la obra de un cineasta en pleno dominio de su arte, de un artista que ya no le tiene miedo a nada. Los recursos que usa en Berlin Alexanderplatz son muchos y muy variados, y nada tienen qué ver con lo que estamos acostumbrados a ver en televisión (en todo caso, ¡muy poco tienen qué ver con lo que estamos acostumbrados a ver en el cine!). Primero, Fassbinder regresa una y otra vez a cierta escena clave: el asesinato de Ida en manos de Franz. Pero cada que lo hace, tenemos una voz en off narrando cosas distintas que nada tienen que ver con lo que estamos viendo en pantalla, pero que le da una profundidad histórica a Berlin Alexanderplatz que de otra manera sería inimaginable. Después, el grano reventado. Muchas escenas clave (y la escena más impactante de la película, que por supuesto no diré cual es) están filmadas con un grano reventadísimo, tanto que a veces se dificulta distinguir lo que sucede. Juega con el texto en pantalla, con las luces, con las transiciones, con planos-secuencia... Y sin embargo el film nunca se siente atiborrado (al contrario de lo que le sucedió a Fassbinder en Veronika Voss). Cinematográficamente hablando, hay demasiado qué admirar en los primeros 13 (menos 3) capítulos de Berlin Alexanderplatz. Y sólo por eso vale la pena pagar el boleto. Que la historia sea igual de satisfactoria es lo que redondea, y lo que hace que Berlin Alexanderplatz sea una obra imprescindible no sólo para los fanáticos del cine, sino para el cinéfilo en general (eso sí, no es precisamente recomendable verla en una semana...)
Berlin Alexanderplatz. Epílogo. (Fassbinder, Berlin Alexanderplatz, 14 - Mein Traum vom Traum des Franz Biberkopf von Alfred Döblin: Ein Epilog). Dir. Rainer Werner Fassbinder, 1980.
Si con los primeros trece episodios estábamos ante una totalmente anticonvencional en la técnica, pero un tanto convencional en la narrativa, aquí Fassbinder se voló la barda. Acompañamos a Franz en un descenso al infierno. Literalmente. Es como una precursora de El imperio/Lynch, 2007 (aunque, a Dios gracias, una hora más corta). Todos los personajes que vimos durante la serie aquí reaparecen, en actitudes totalmente diferentes. El soundtrack es alucinante. ¿Narrativa? ¿Cuál? Sí, el epílogo es audaz. Quizá demasiado audaz. No he logrado digerirlo del todo, pero creo que hubiera sido mejor que Fassbinder hubiera insertado estos toques de audacia a lo largo de toda la película, en lugar de insertarlos todos al final. Este sí, creo que vale la pena sólo para los fanáticos del cine. Y, además, no es tanto una continuación del capítulo 13 sino una síntesis revisionista de todo lo anterior. Y de lo posterior. Pero nunca deja claro cuál es el presente. Por mí, ningún problema.
1 comentario:
ps sí
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