lunes, 22 de septiembre de 2008

Arráncame la vida



Arráncame la vida. Dir. Roberto Sneider, 2008.


Una aclaración: no he leído el bestseller de Ángeles Mastretta en el que está basado esta película, así que no se si los que yo considero errores estén también presentes en la fuente original (aunque supuestamente la señora Mastretta colaboró en la redacción del guión de esta película, así que he de suponer el guión es muy cercano a la obra narrativa).

Comercializada como la producción más cara en la historia del cine en México (aunque habría que aclarar, también, que esto es una mentira... la producción más cara en la historia del cine en México es un bodrio y se llama Zapata (Alfonso Arau, 2004)), Arráncame la vida cuenta como tres décadas en la historia de Catalina (guapa Ana Claudia Talancón) una muchacha poblana que a los 16 años es seducida por el recio generalote Andrés Ascencio (Daniel Giménez-Cacho). Catalina al principio se encuentra emocionada por su relación con este hombre cínico, que pasa por encima de quien sea por los motivos que sean. Después... después es otra cosa, y más cuando Catalina conoce al director de orquesta Vives (José María de Tavira) quien, para acabarla, pertenece a una corriente política radicalmente opuesta a la del Gral. Ascencio.

Hay algo que no me queda totalmente claro de Arráncame la vida. ¿Es, supuestamente, una película feminista? ¿Trata de narrar una crónica sobre el devenir de la mujer en el contexto sociopolítico del México posrobolucionario? ¿O trata de ser una crónica del contexto sociopolítico del México posrevolucionario, nomás? Porque si es así, la película no es totalmente exitosa en ninguno de los tres ámbitos.

Como película feminista, y como crónica del devenir de la mujer en el México posrevolucionario, resulta increíble que el personaje más interesante (y, por mucho, mejor actuado) de la película es el general Ascencio. Todo gira en torno a él. Cuando él no está presente la película cae en un bache. Es un cabrón pero con encanto. Las andanzas de Catalina no tendrían mucho sentido si no fuera por el general Ascencio. Cuando ella empieza a andar con el director de orquesta, lo interesante es cuándo, y cómo, los va a cachar el general.

Como crónica del contexto sociopolítico del México posterior a la robolución, la película intenta y no termina de cuajar, acaso porque constantemente se interpone el espíritu chick-flick. Ahí están, de repente, apuntes interesantes sobre los tratos y maltratos con los distintos sectores de trabajadores que tenían los políticos en aquel entonces (¿nomás en aquel entonces?). Ahí están también anécdotas del México gobernado por generales, del poder político que todo puede construir y destruir.

Y no, no es que Arráncame la vida sea mala. Al menos a nivel producción, es de lo mejor que el cine mexicano nos ha entregado últimamente. La fotografía, el diseño de producción... son preciosos, aunque inocuos. Sólo que queda la sensación de que pudo haber sido muchísimo mejor. En el centro de la película están la historia romántica, demasiado convencional para levantar un genuino interés (aunque nunca aburre, eso sí) y la historia de Catalina, que tampoco resulta una personalidad lo suficientemente interesante, contrario a lo que nos quiere hacer pensar la película (y entiéndase el último plano, igualito al final de la primera parte de Lo que el viento se llevó) . En la periferia está lo interesante: el General Ascencio, la crónica de un país que apenas va despertando... y la actuación de un verdadero monstruo, capaz de dotar de verdadera personalidad y hacer agradable hasta a un político.


(Por cierto... no me terminó de convencer Ana Claudia Talancón en su papel. Al principio lo hace bastante bien, después ya no tanto. Aunque queda también la duda de a quién le queda mejor el papel. A mí se me ocurrió una idea, demasiado imposible para poderse realizar: Silvia Pinal... hace cuarenta años)

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