
De entre los muertos - Vértigo (Vertigo). Dir. Alfred Hitchcock, 1958.
50 años de Vértigo ya...
John Scottie Ferguson (James Stewart) sufre de acrofobia. Vértigo. Todo a causa de un accidente en donde murió un colega suyo, policía. Desde entonces, Scottie dejó la actividad policiaca. Ahora un amigo suyo le encarga que siga a su esposa, Madeleine (Kim Novak) que supuestamente está poseída por el espíritu de Carlota de Valdés, aristócrata española del siglo XIX que se suicidó a la edad que ahora tiene Madeleine...
Hasta aquí la reseña. ¡Qué envidia me dan aquellos que irán a verla por primera vez! Vértigo es, por mucho, la película más perfecta de Alfred Hitchcock. Eso es una filmografía que incluye títulos como Psicosis, Los pájaros, La ventana indiscreta y La soga es decir mucho, muchísimo. Y es que Vértigo es un punto y aparte dentro de la filmografía de Hitchcock porque es, también por mucho, su película más personal. Aquí se encuentra desde su obsesión por las rubias hasta una educación católica recalcitrante, amén de ser también su película más exquisita desde el punto de vista técnico.
Todo en Vértigo son reflejos. Historias que se repiten. Amores inevitablemente condenados. A Madeleine, por ejemplo, la conocemos mediante un espejo, y este motivo abunda a lo largo del film. También Vértigo es una película quebrada, lo que marca un precedente para el magnífico punto de inflexión en Psicosis. La película se queda un rato sin protagonista femenina, lo que hace que, también, nos quedemos sin pistas para resolver el misterio. Después regresará, y aquí Hitchcock crea un striptease ciertamente audaz: a la inversa. Tenemos a una mujer -a esa mujer- que cada prenda que se pone la desviste más. No literal, por supuesto (estamos en 1958, recuerden) pero estamos también ante un reflejo de esa obsesión del regordete cineasta por controlar la imagen de sus protagonistas, lo que se siente (me explico: estos hechos en la película tienen peso, dejan huella en la película).
Y, claro, es celebradísimo el beso de James Stewart con Grace Kelly en La ventana indiscreta. Yo me quedo con el que aquí comparten James Stewart y Kim Novak, casi al final de la película. Cuando la cámara empieza a girar alrededor de ellos. Cuando entendemos el anuncio verde de neón. Cuando todos los misterios en Vértigo quedan claros. Cuando entendemos que estamos viendo una de las, ¿3?, ¿5?, mejores películas de la historia. ¡Qué envidia me dan los que verán Vértigo por primera vez!
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