sábado, 17 de mayo de 2008

A.I.



Inteligencia artificial (A.I.). Dir. Steven Spielberg, 2001.


Aquí empezó mi admiración profunda por Steven Spielberg. Cierto, muchas de sus películas antes de Inteligencia artificial son mucho más que respetables (Indiana Jones 1, 2 y 3; Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, Parque Jurásico...) pero, en general, mostraban que Spielberg era un magnífico entretenedor con mucho miedo a abordar temas más "profundos" (lo que sea que sea eso, y aquí tendríamos que exceptuar, por supuesto, a La lista de Schlinder).

Inteligencia artificial nace de una extensa serie de conversaciones que Spielberg mantuvo con el director Stanley Kubrick. En éstas, además de muchas otras cosas, el difunto director le contó a Spielberg acerca de la historia de un niño robot que sueña con ser humano. Kubrick murió en 1999, justo al terminar su última película (y, a mi parecer, su obra maestra, aunque de esto hablaré más adelante) Ojos bien cerrados, y esperando a que la tecnología avanzara lo suficiente para contar la historia que versa A.I. (Kubrick quería utilizar un verdadero robot, y no un actor, para interpretar a su protagonista). Aquí es donde Mr. Spielberg entra al quite.

En el futuro, cuando ya los polos se han derretido y muchas de las principales ciudades han quedado sumergidas en el agua, Monica y Henry Swinton (Frances O'Connor y Sam Robards) temen perder a su hijo biológico Martin (Jake Thomas) a quien atacó un extraño virus que lo ha dejado en coma. Es por esto que Henry decide "adoptar" a David (Hayley Joel Osment) un "niño robot" que, con el simple hecho de pronunciar unas cuantas palabras, se programará para amar incondicionalmente a sus papás. Más bien, a su mamá. En el cambio de mirada de David se redondea el primer clímax emocional de la cinta, y estos 'clímax emocionales' son uno de los principales méritos de A.I., que no por ser emocional deja de ser intelectual, y que no por ser intelectual deja de funcionar como producto de entretenimiento. Poco después, y milagrosamente, se recupera Martin, con lo que David deja de ser totalmente funcional. ¿Habrá que desecharlo? Y si sí, ¿cuál será su destino?

Ya en la sinopsis se funden y confunden cuentos (Pinocho, Frankenstein), y preguntas filosóficas (¿qué pasa cuando el creador se vuelve contra su creación?). Ninguna completamente original, cierto, pero Spielberg sabe potenciar la historia con una puesta en escena ejemplar, y con un ritmo atinado. Cuando A.I. se pone demasiado seria, viene una galería de robots (también llamados mecas (mecánicos), contrario a los orgas (orgánicos) que vendríamos a ser nosotros) que parecen sacados de Star Wars, o algo así. Aquí entra en juego también el bagaje cultural del buen Spielberg. Cierto, es mucha y muy notoria la influencia de Kubrick (el uso de música clásica en el soundtrack, la obsesión del personaje principal, la estética oscura...) también hay influencia de otros cineastas (George Lucas y Tobe Hooper, por mencionar algunos) y, por supuesto, del propio Spielberg, lo que le da un toque, y una mirada, universal a A.I., sin perder la personalidad del propio Spielberg.

Cierto, Inteligencia Artificial no es una película perfecta (no se siente completamente homogénea) pero sí es una superproducción que no le teme a ser profunda, ni indigesta para algunos. En este sentido, A.I. va mucho más allá de lo que la mayoría del cine contemporáneo puede presumir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

pues te dire wey .... no esta TAN buena me gusto mucho la primera mitad de la pelicula me mantuvo bastante interesado y tiene todo lo que dices tu ... pero la segunda mitad es hueva y el final no me gusta y realmente es pinocho moderno pero esta bastante pasable para mi gusto

Simental dijo...

Sí, de hecho el final de A.I. ha sido discutidísimo. Si bien la parte de los Aliens es demasiado solemne, la conclusión me gustó y me dejó bastante satisfecho. Y aguas que aquí vienen spoilers. ¿Qué le hacía falta a David para ser completamente humano, si no era morir? Sobre que si es Pinocho moderno... pues sí, pero también puede ser Frankenstein, y ahí está lo interesante.