
Una noche, el productor de (Josef von) Sternberg me invita a una "sneak
preview" de la película Dishonored con Marlene Dietrich (película
que en francés se titulaba Agent X-27 y cuenta una historia de
espionaje inspirada libremente en la vida de Mata-Hari). Una "sneak preview" es
un preestreno o proyección sorpresa de una película inédita, para averiguar la
reacción del público. Suele pasarse en unas salas determinadas, para averiguar
la reacción del público. Suele pasarse en unas salas determinadas, una vez
terminado el programa normal.Regresábamos a casa muy tarde en coche, con el prodyctor. Cuando dejamos a Sternberg, el productor me dijo:
-Bonita película, ¿verdad?
-Muy bonita
-¡Y qué director!
-Sin duda
-¡Qué tema tan original!
A esto yo me permito responder que, en mi opinión, Sternberg no se distingue precisamente por la originalidad de los temas que trata. Suele partir de melodramas baratos, de historias triviales que él transforma con su dirección
Bueno, todo esto viene al caso porque Sin lugar para los débiles no se distingue precisamente por su tema. Vaya, es casi como el Coyote y el Correcaminos. Pero los hermanos Coen saben que una historia que no va muy lejos requiere de una narrativa pulida y, sobre todo, de un trazo impecable. Eso es justamente lo que hacen. Su economía de elementos es admirable (no se dice nada que no se tenga que decir). Si acaso, su error fue haber sido demasiado fiel a la novela de Cormac McCarthy "No es país para viejos". Y que conste, no he leído la novela, pero la película puede llegar a ser, sobretodo rumbo al final, demasiado literaria. Ah, y claro... los Coen, apoyados en una genial actuación de Javier Bardem, han creado a un personaje icónico. Anton Chigurh es el mal. Sin explicaciones. Punto.
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