
Munich. Dir. Steven Spielberg, 2005.
No recuerdo exactamente... creo que fue Gus van Sant quien declaró, hace mucho tiempo para La jornada, que el único director realmente independiente en la industria cinematográfica estadounidense es Steven Spielberg. Vamos... piénsenlo bien. Si Spielberg quiere hacer una película, no va a hacer falta el estudio que entre al quite para financiarla. Y en el raro caso en que eso no llegue a suceder, no creo que a Spielberg le duela mucho desembolsar unos milloncitos para producirla él mismo. Steven Spielberg es el único director realmente independiente y Munich es, quizá, la prueba más contundente de ello.
Munich, Alemania, 1972. Durante las Olimpiadas, un grupo de terroristas palestinos entran a Villa Olímpica para asesinar a 11 atletas israelíes. La primer ministro israelí Golda Meir (Lynn Cohen) pide al agente de la Mossad, Avner (Eric Bana) que, con la ayuda de 4 desconocidos, elimine a los responsables de este atentado.
¿Por qué Munich es la prueba más contundende de que Spielberg puede hacer casi lo que se le de la gana? Porque estamos hablando de la primera película del mainstream hollywoodense (¡y hecha por uno de sus más icónicos representantes!) que se atreve a cuestionar la política estadounidense anti-terrorismo, lo que vino con su buena cantidad de polémica: (casi) nadie quedó satisfecho con lo que hizo Spielberg. La mayoría de los críticos estadounidenses señaló que no era posible que el creador de La lista de Schlinder, y quizá el judío más influyente en la industria, hiciera una película en la que se humaniza a los terroristas (claro, a los terroristas hay que pintarlos como lo que son: animales, bestias, seres despiadados... lo que se les ocurra menos seres humanos). Del lado palestino se le criticó que se centrara en los israelíes y que hiciera la película en forma de thriller (¿pues cómo querían que la hiciera? el cine es personal y, al mismo tiempo, el arte más vulgar (popular, pues)). Me parece increíble que nadie pueda, o quiera, reconocer que Spielberg da en el clavo: sí, la crítica será elemental, el martillo será amplio, pero Spielberg da en el clavo. Spielberg se atreve a señalar que así no se va a llegar a ningún lado, y es una lástima que su crítica vaya a dar a oídos sordos.
Es que además Munich está estupendamente bien hecha, en forma (como es costumbre con Spielberg) y en fondo. En forma, Spielberg muestra los bríos narrativos y técnicos de siempre. En fondo... se siente increíblemente cercana al corazón de Spielberg. La historia de Papa (Michael Lonsdale) y Avner es realmente conmovedora (no tanto la de Avner con su hija recién nacida). El sentimiento de entendimiento-repulsión que tiene Spielberg hacia el pueblo palestino es palpable. Su desapruebo y desesperanza ante el terrorismo son tangibles.
¡Ah! Y se nos presentan muchas caras de Spielberg. Desde uno claramente influenciado por Hitchcock (una niña a punto de contestar cierto teléfono-bomba) hasta el más sutil (Golda Meir ofreciéndole una taza de te a Avner antes de mandarlo a matar palestinos), pasando por el peor Spielberg (Avner haciendo el amor a su esposa mientras se reconstruye el atentado terrorista), el más melancólico (las conversaciones de Avner con Papa) y el mejor (el asesinato de cierta espía-asesina a sueldo). No, no sé si Munich sea la mejor película de Spielberg (al menos para mí lo es) pero sí es la más arriesgada, la más contundente, la más polémica... y esa toma final lo comprueba.
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