lunes, 16 de junio de 2008

Berlin Alexanderplatz (Ana Meda's cut)


Aclaro lo que hay que aclarar: le puse de título Ana Meda's Cut porque por razones concernientes a mi examen de proba (o sea, a Ana Meda) no pude ver los capítulos II, III y IV, que vendrían a ser como tres horas de película. Con todo, como se trata de una miniserie-película de 15 horas de duración, creo no haberme perdido de mucho, amén de que entendí a la perfección todo lo posterior, excepto el epílogo. Y a propósito del epílogo, es evidente que debe verse con otros ojos, así que tendré que separar lo que son los primeros trece (corrijo, trece menos tres) capítulos y el epílogo. Sin más preliminares:




Berlín Alexanderplatz. Capítulos I, V-XIII. Dir. Rainer Werner Fassbinder, 1980.

Franz Biberkopf (Günter Lamprecht) acaba de salir de la cárcel. Estuvo ahí cuatro años debido al asesinato de su pareja, Ida (Barbara Valentin). Estamos en Alemania, finales de los años 20's. Lo primero que ataca a Franz es el remordimiento, ¿cómo readaptarse a la sociedad si a la opinión de todos, e incluso a la de él mismo, es un asesino? Con esto lidia el primer capítulo de la teleserie más ambiciosa de la historia de la televisión alemana (o de la televisión en general, no sé) que técnicamente debería ser considerada como película dado que está filmada en celuloide y sus técnicas son mucho más cinematográficas que televisivas (en un momento me adentraré mucho más en este tema). Apropiadamente titulado 'El sufrimiento comienza' (Die strafe beginnt) cumple a la perfección con su función introductoria: presentarnos al personaje principal y aclarar bien, no tanto de que va la serie, si no cómo va a ser.

Los siguientes capítulos (o al menos los que vi) lidian con el intento de Franz de ser una buena persona. Lo que, claro, en Berlín en los años 20's (¿sólo en Berlín en los años 20's?) era casi imposible. Para no hacer el cuento más grande hay que decir que las tres personas más importantes en esta etapa de su vida serán: Reinhold (Gottfried John), un amigo con el que tiene un trato: Reinhold anda con muchas mujeres y, cuando se quiere deshacer de ellas, Franz entra al quite; Eva (muy bella, madura Hannah Schygulla) la hermana de Ida; y Mieze (muy bella, infantil Barbara Sukowa) una prostituta que, aunada a otro suceso importante, vendrá a cambiar para siempre la vida de Franz. Eva y Mieze realmente quieren a Franz, y serían incapaces de hacerle daño. ¿Se puede decir lo mismo de Reinhold?

Conste, describí la trama a muy grosso modo porque creo que hay unas sorpresas que no debería revelar. Y no me quiero concentrar demasiado en la historia que, qué duda cabe, SÍ es lo suficientemente compleja para llenar las 15 (13, descontando el epílogo) horas de metraje que componen Berlin Alexanderplatz (basada en la novela de Alfred Döblin).

¿En qué me quiero concentrar, entonces? En que es evidente que estamos frente a la obra de un cineasta en pleno dominio de su arte, de un artista que ya no le tiene miedo a nada. Los recursos que usa en Berlin Alexanderplatz son muchos y muy variados, y nada tienen qué ver con lo que estamos acostumbrados a ver en televisión (en todo caso, ¡muy poco tienen qué ver con lo que estamos acostumbrados a ver en el cine!). Primero, Fassbinder regresa una y otra vez a cierta escena clave: el asesinato de Ida en manos de Franz. Pero cada que lo hace, tenemos una voz en off narrando cosas distintas que nada tienen que ver con lo que estamos viendo en pantalla, pero que le da una profundidad histórica a Berlin Alexanderplatz que de otra manera sería inimaginable. Después, el grano reventado. Muchas escenas clave (y la escena más impactante de la película, que por supuesto no diré cual es) están filmadas con un grano reventadísimo, tanto que a veces se dificulta distinguir lo que sucede. Juega con el texto en pantalla, con las luces, con las transiciones, con planos-secuencia... Y sin embargo el film nunca se siente atiborrado (al contrario de lo que le sucedió a Fassbinder en Veronika Voss). Cinematográficamente hablando, hay demasiado qué admirar en los primeros 13 (menos 3) capítulos de Berlin Alexanderplatz. Y sólo por eso vale la pena pagar el boleto. Que la historia sea igual de satisfactoria es lo que redondea, y lo que hace que Berlin Alexanderplatz sea una obra imprescindible no sólo para los fanáticos del cine, sino para el cinéfilo en general (eso sí, no es precisamente recomendable verla en una semana...)

Berlin Alexanderplatz. Epílogo. (Fassbinder, Berlin Alexanderplatz, 14 - Mein Traum vom Traum des Franz Biberkopf von Alfred Döblin: Ein Epilog). Dir. Rainer Werner Fassbinder, 1980.

Si con los primeros trece episodios estábamos ante una totalmente anticonvencional en la técnica, pero un tanto convencional en la narrativa, aquí Fassbinder se voló la barda. Acompañamos a Franz en un descenso al infierno. Literalmente. Es como una precursora de El imperio/Lynch, 2007 (aunque, a Dios gracias, una hora más corta). Todos los personajes que vimos durante la serie aquí reaparecen, en actitudes totalmente diferentes. El soundtrack es alucinante. ¿Narrativa? ¿Cuál? Sí, el epílogo es audaz. Quizá demasiado audaz. No he logrado digerirlo del todo, pero creo que hubiera sido mejor que Fassbinder hubiera insertado estos toques de audacia a lo largo de toda la película, en lugar de insertarlos todos al final. Este sí, creo que vale la pena sólo para los fanáticos del cine. Y, además, no es tanto una continuación del capítulo 13 sino una síntesis revisionista de todo lo anterior. Y de lo posterior. Pero nunca deja claro cuál es el presente. Por mí, ningún problema.

jueves, 12 de junio de 2008

Al fin!




Después de 4 semestres, 19 exámenes y 2 reposiciones... ¡¡¡Se acabaron los cálculos!!! A huevo!!!
En la foto, Marmolejo... divertidísimas sus clases, jamás inimaginadas.

lunes, 9 de junio de 2008

Persepolis




Persépolis (Persepolis). Dir. Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, 2007.


Marjane Satrapi es una niña teheraní de apenas seis años cuando su país, Irán, empieza a cambiar. En los 60's, la revolución iraní para derrocar al Sha. Después, vendría la guerra Irán-Irak, para después ver a su país estancarse bajo el régimen de los gobiernos fundamentalistas islámicos. Persépolis es el recuerdo, idealizado, exagerado, estilizado, de las memorias de esta mujer, hoy famosa caricaturista-escritora cuya novela gráfica es trasladada al cine.

Primero, la niña Marjane (voz de Chiara Mastroianni) no entiende el por qué la gente quiere derrocar al Sha, dado que en su escuela le han enseñado que su gobierno es justo y bueno. Cuando sus papás (voces de Catherine Deneuve y Simon Abkarian), su abuela (voz de Danielle Darrieux) y, sobre todo su tío (voz de Francois Jerosme) le explican las injusticias y los hororres del régimen, Marjane idealiza todo. ¿Qué va a entender una niña de seis años acerca de guerras, revoluciones, injusticias? Mucho menos entiende el hecho de que después de derrocar al Sha la paz aún no llega. ¿Cómo va a entender una niña que su tío, idealista político de izquierda, ha sido arrestado y está condenado a muerte? ¿Cómo va a entender una niña que, de buenas a primeras, tiene que aprender a usar un velo para ocultar su rostro?

Pasa el tiempo y la opción es clara: a los 13 años Marjane tiene que abandonar su país, a sus padres, a su abuela, a sus amigos, para buscar una vida mejor en Europa. ¿Y cómo va a entender una adolescente que todos la vean raro por ser Iraní? ¿Cómo va a pasar por las ilusiones y decepciones amorosas propias de su edad sin figuras paternas o amigos que estén con ella? Y, sobre todo, ¿cómo se va a encontrar a sí misma, si no es ni de aquí ni de allá? Y sin embargo, Marjane tiene que adaptarse y buscar la forma de seguir adelante.

Las influencias expresionistas en la película son muy fuertes y muy claras. En un blanco y negro contrastante se nos cuenta la historia, con técnicas de animación a la antigüita. Persépolis es, más que la crónica socio-política de la historia reciente de una nación, la íntima historia de una niña que se ve obligada a cambiar junto con su entorno. Lo que no quiere decir que el film sea completamente solemne o esté exento de toda inocencia. El gran mérito de Persépolis es que comprende a su personaje principal (y cómo no iba a ser, si estamos ante una autobiografía) y se nos muestra el mundo a través de sus ojos.

Sí, 100 minutos se antojan excesivos para esta crónica, y sí, rumbo al final Persépolis se empieza a sentir un tanto larga. Pero estamos ante una de esas películas que logra conmover sin caer en el sentimentalismo, logra ser política sin caer en el panfleto, logra ser femennia pero no feminista. Y logra imágenes entrañables. Para la memoria personal se quedan el logrado y aterrador homenaje a "El grito" de Munch; Chiara Mastroianni cantando "Eye of the tiger"; la despedida de Marjane en el aeropuerto... y, por supuesto, los pétalos de jazmín cayendo del brassiere de la abuela.

domingo, 1 de junio de 2008

Como no tengo ganas de escribir, ahí les van algunas películas cuyas reseñas he debido desde hace tiempo. Prometo extender algunas... algunas:
Iron Man (Dir. John Favreau, 2008).- La primera película de lo que se espera sea una franquicia es mucho más que visible por la pericia visual de Favreau, algunos diálogos (que firman ¡4 autores!), la actuación de Robert Downey Jr., la belleza madura de Gwyneth Paltrow y la química que hay entre ellos dos.
Meteoro (Speed Racer. Dir. Andy y Larry Wachowski, 2008).- No estoy de acuerdo con las pobres críticas a las que se ha hecho merecedora esta película. Si bien no está del todo lograda, se agradece la experimentación visual en una película netamente para niños, y la idea de hacer una caricatura con actores (ojo: una caricatura con actores, no una adaptación de la caricatura) es más que interesante. Eso sí, el niño gordo es cagante.
Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the devil knows you're dead. Dir. Sidney Lumet, 2007).- La más reciente película del veterano Lumet (Dog Day Afternoon, Network, 12 angry men) es una puesta al día del género que mejor le viene: la heist movie. Aunque esta vez no está tan interesado en el asalto en sí como en Caín, Abel, y un Dios padre vengativo. Contrario a lo que uno podría pensar de Lumet, no es tan lograda como heist movie que como estudio de personajes. Y Marisa Tomei está buenísima.
10,000 A.C. (10,000 B.C., Dir. Roland Emmerich, 2008).- No, no creo que sea lo peor del año (para ese puesto, Gabriel Retes va que vuela con su Arresto Domiciliario) pero vaya que es mediocre. Un intento de aprovechar la popularidad de 300 que se va al caño gracias a un guión demasiado simplista, una dirección que ni a funcional llega, y secuencias de acción que sencillamente ni me emocionaron. Pero bueno.... Si quieren una opinión opuesta a la mía, pregúntenle a Adolfo o entren aquí.
Déficit (Dir. Gael García Bernal, 2007).- La ópera prima del mejor actor mexicano de su generación son muchas buenas intenciones, muchas buenas ideas... que se quedan sólo en eso. Con todo, la película es más que entretenida y se agradece que Gael se aleje de cualquier corriente del cine mexicano actual. Por cierto, el novel director se revela como un ágil contador de historias, y tiene una identidad visual interesante. Vale la pena verla, pero uno se queda con la sensación de que daba para más.
Roma. Primera temporada (Rome, first season. Varios directores, 2005).- Una de las producciones de mayor presupuesto en la historia de la televisión, no tiene desperdicio. No sé qué tan apegada sea a la historia real, pero funciona mucho mejor que la mayoría de las películas actuales gracias a una historia ágil, con un montón de personajes superpuestos, cada cual con su momento de gloria. Ah, y el montaje griffithniano del capítulo final es una maravilla.
Casi Divas (Dir. Issa López, 2008).- La película mexicana más clasista, racista y machista que se ha hecho en mucho tiempo. En esta película todas las mujeres son unas idiotas, todos los oaxaqueños unos indios, todos los tapatíos unos fresas, todos los norteños bien rancherotes, y todos los chilangos nacos. ¿Cómo es posible que, en una industria apenas incipiente, nos demos el lujo de hacer este tipo de porquerías? Luego por qué la gente no quiere ver cine mexicano...

jueves, 22 de mayo de 2008

Indiana Jones and the Kingdom of the Crystall Skull



Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indiana Jones and the kingdom of the crystall skull). Dir. Steven Spielberg, 2008.



Primero lo primero, y cualquier persona que esperaba lo contrario estaba sinceramente loco: El reino de la calavera de cristal NO es Los cazadores del arca perdida. Ni de chiste. Lo que, por supuesto, no quiere decir que la cuarta película de Henry Jones, Jr. sea mala.

La película empieza con el logo de la Paramount que luego se transforma (¿podía empezar de otra manera?) en la madriguera de un pequeño roedor. Por ahí pasan unos militares que se dirigen al Área 51. Traen preso a Indiana, y a su sidekick Mac. Los militares en realidad son rusos, comandados por la Dra. Coronel Irina Spalko (Cate Blanchett, muy en su papel) quienes buscan un secreto del que, al parecer, Indy está muy bien informado. Por supuesto, nuestro héroe logra escapar, para acto seguido ser abordado por Mutt (Shia LaBeouf, cumple) quien le informa que un viejo amigo suyo, el profesor Oxley (John Hurt, que honestamente no sé si está sobreactuado o no) ha sido secuestrado. Oxley está investigando a las calaveras de cristal, que supuestamente pertenecen a una ciudad perdida en Sudamérica y que, quien logre devolverlas a su lugar de origen, será recompensado...

Para los que decían que Harrison Ford ya estaba demasiado viejo... pues no. Sigue haciendo sus stunts y los sigue haciendo bien. Queda muy, muy claro que Indiana Jones es Harrison Ford y nadie más. Hay muchos guiños tanto a las películas anteriores de Indy (por ahí aparece el Arca de la Alianza, la fobia de Indiana hacia las serpientes, las referencias a los nazis, a Henry Jones Sr., etc.) como al trabajo anterior de Spielberg (quien no note citas a Close encounters of the third Kind, E.T., Always, Jurassic Park, etc. es porque no conoce en realidad la obra de Mr. Spielberg) y la gran obsesión temática de Spielberg, la paternidad, está presente (y honestamente no creo haberle arruinado nada a nadie habiendo dicho eso). Regresa quizá el personaje más extrañado de la serie, Marion Ravenwood. Interpretada por Karen Allen, se nota que Ms. Allen estaba muy contenta de haber vuelto a trabajar en Indian Jones, porque desgraciadamente no hace más que sonreír cuando está en escena.

El gran problema con Crystal Skull es que trata demasiado de ser LA gran película de Indiana Jones. Entonces, se nos vienen stunts demasiado poco creíbles (Shia LaBeouf como Tarzán es demasiado hasta para Indiana Jones), acción incesante pero donde abundan los FX (¡gran diferencia con las anteriores!) y, sobre todo, un guión más preocupado por hacer que la acción no cese que por desarrollar correctamente a los personajes.

Y es que ese era el espíritu de Indiana Jones. Por mucho que sean películas de acción, los personajes estaban perfectamente bien desarrollados. Vaya, hasta en The Temple of Doom, los personajes eran caricaturescos pero agradables al fin. Aquí no. Aquí termina valiendo madres si alguien vive o muere.

Pero bueno... para ser honestos hay secuencias que sí recuperan el alma original (la persecución en la universidad, por ejemplo) y quizá si la película hubiera salido hace 15 años, nadie se hubiera quejado. Pero 20 años de espera por un producto decididamente inferior a lo original, es un abuso. No me acuerdo quién dijo... 'no hay que confundir lo grandote con lo grandioso'. Crystall Skull es grandota. Se queda muy, muy, muy lejos de ser grandiosa.
Volví a ver Crystall Skull. Sin tantas expectativas,me gustó más. Es bastante ligera y juega bien con las citas y homenajes tanto al cine cincuentero de clase B como a la trilogía original. Eso sí, está muy lejos de Los cazadores del arca perdida, El templo de la perdición o La última cruzada.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Citas...



"La primera vez que vio Viridiana, Gustavo Alatriste (su productor) quedó un poco desconcertado y no hizo ningún comentario. La volvió a ver en París, luego dos veces en Cannes y, finalmente, en México. Al término de esta última proyección, la quinta o la sexta, se lanzó hacia mí, lleno de alegría, y me dijo: ¡Ya está Luis, es formidable, lo he entendido todo!


Luis Buñuel

Vertigo



De entre los muertos - Vértigo (Vertigo). Dir. Alfred Hitchcock, 1958.


50 años de Vértigo ya...


John Scottie Ferguson (James Stewart) sufre de acrofobia. Vértigo. Todo a causa de un accidente en donde murió un colega suyo, policía. Desde entonces, Scottie dejó la actividad policiaca. Ahora un amigo suyo le encarga que siga a su esposa, Madeleine (Kim Novak) que supuestamente está poseída por el espíritu de Carlota de Valdés, aristócrata española del siglo XIX que se suicidó a la edad que ahora tiene Madeleine...

Hasta aquí la reseña. ¡Qué envidia me dan aquellos que irán a verla por primera vez! Vértigo es, por mucho, la película más perfecta de Alfred Hitchcock. Eso es una filmografía que incluye títulos como Psicosis, Los pájaros, La ventana indiscreta y La soga es decir mucho, muchísimo. Y es que Vértigo es un punto y aparte dentro de la filmografía de Hitchcock porque es, también por mucho, su película más personal. Aquí se encuentra desde su obsesión por las rubias hasta una educación católica recalcitrante, amén de ser también su película más exquisita desde el punto de vista técnico.

Todo en Vértigo son reflejos. Historias que se repiten. Amores inevitablemente condenados. A Madeleine, por ejemplo, la conocemos mediante un espejo, y este motivo abunda a lo largo del film. También Vértigo es una película quebrada, lo que marca un precedente para el magnífico punto de inflexión en Psicosis. La película se queda un rato sin protagonista femenina, lo que hace que, también, nos quedemos sin pistas para resolver el misterio. Después regresará, y aquí Hitchcock crea un striptease ciertamente audaz: a la inversa. Tenemos a una mujer -a esa mujer- que cada prenda que se pone la desviste más. No literal, por supuesto (estamos en 1958, recuerden) pero estamos también ante un reflejo de esa obsesión del regordete cineasta por controlar la imagen de sus protagonistas, lo que se siente (me explico: estos hechos en la película tienen peso, dejan huella en la película).

Y, claro, es celebradísimo el beso de James Stewart con Grace Kelly en La ventana indiscreta. Yo me quedo con el que aquí comparten James Stewart y Kim Novak, casi al final de la película. Cuando la cámara empieza a girar alrededor de ellos. Cuando entendemos el anuncio verde de neón. Cuando todos los misterios en Vértigo quedan claros. Cuando entendemos que estamos viendo una de las, ¿3?, ¿5?, mejores películas de la historia. ¡Qué envidia me dan los que verán Vértigo por primera vez!

sábado, 17 de mayo de 2008

A.I.



Inteligencia artificial (A.I.). Dir. Steven Spielberg, 2001.


Aquí empezó mi admiración profunda por Steven Spielberg. Cierto, muchas de sus películas antes de Inteligencia artificial son mucho más que respetables (Indiana Jones 1, 2 y 3; Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, Parque Jurásico...) pero, en general, mostraban que Spielberg era un magnífico entretenedor con mucho miedo a abordar temas más "profundos" (lo que sea que sea eso, y aquí tendríamos que exceptuar, por supuesto, a La lista de Schlinder).

Inteligencia artificial nace de una extensa serie de conversaciones que Spielberg mantuvo con el director Stanley Kubrick. En éstas, además de muchas otras cosas, el difunto director le contó a Spielberg acerca de la historia de un niño robot que sueña con ser humano. Kubrick murió en 1999, justo al terminar su última película (y, a mi parecer, su obra maestra, aunque de esto hablaré más adelante) Ojos bien cerrados, y esperando a que la tecnología avanzara lo suficiente para contar la historia que versa A.I. (Kubrick quería utilizar un verdadero robot, y no un actor, para interpretar a su protagonista). Aquí es donde Mr. Spielberg entra al quite.

En el futuro, cuando ya los polos se han derretido y muchas de las principales ciudades han quedado sumergidas en el agua, Monica y Henry Swinton (Frances O'Connor y Sam Robards) temen perder a su hijo biológico Martin (Jake Thomas) a quien atacó un extraño virus que lo ha dejado en coma. Es por esto que Henry decide "adoptar" a David (Hayley Joel Osment) un "niño robot" que, con el simple hecho de pronunciar unas cuantas palabras, se programará para amar incondicionalmente a sus papás. Más bien, a su mamá. En el cambio de mirada de David se redondea el primer clímax emocional de la cinta, y estos 'clímax emocionales' son uno de los principales méritos de A.I., que no por ser emocional deja de ser intelectual, y que no por ser intelectual deja de funcionar como producto de entretenimiento. Poco después, y milagrosamente, se recupera Martin, con lo que David deja de ser totalmente funcional. ¿Habrá que desecharlo? Y si sí, ¿cuál será su destino?

Ya en la sinopsis se funden y confunden cuentos (Pinocho, Frankenstein), y preguntas filosóficas (¿qué pasa cuando el creador se vuelve contra su creación?). Ninguna completamente original, cierto, pero Spielberg sabe potenciar la historia con una puesta en escena ejemplar, y con un ritmo atinado. Cuando A.I. se pone demasiado seria, viene una galería de robots (también llamados mecas (mecánicos), contrario a los orgas (orgánicos) que vendríamos a ser nosotros) que parecen sacados de Star Wars, o algo así. Aquí entra en juego también el bagaje cultural del buen Spielberg. Cierto, es mucha y muy notoria la influencia de Kubrick (el uso de música clásica en el soundtrack, la obsesión del personaje principal, la estética oscura...) también hay influencia de otros cineastas (George Lucas y Tobe Hooper, por mencionar algunos) y, por supuesto, del propio Spielberg, lo que le da un toque, y una mirada, universal a A.I., sin perder la personalidad del propio Spielberg.

Cierto, Inteligencia Artificial no es una película perfecta (no se siente completamente homogénea) pero sí es una superproducción que no le teme a ser profunda, ni indigesta para algunos. En este sentido, A.I. va mucho más allá de lo que la mayoría del cine contemporáneo puede presumir.

sábado, 10 de mayo de 2008

La última mirada



La última mirada. Dir.Patricia Arriaga-Jordán, 2006.
La nao de China zarpaba,
sin saber que esa noche
encontraría un destino que no podría ser nombrado con la palabra 'azar'
sino por ese vaivén de la vida que todo explica y nada explica.


Allá en el 2004, la directora Patricia Arriaga-Jordán se hizo notar en el festival guanajuatense Expresión en corto con su espléndido cortometraje La nao de China. En él, se nos cuenta el encuentro que tienen un pintor que se está quedando ciego y una prostituta china (que ni es china, ni es prostituta) y en el cual el pintor hace algo que por supuesto no revelaré, pero diré que es original y genuinamente conmovedor. Poco tiempo después, Arriaga-Jordán anunció que pensaba expandir su cortometraje a un largo. La pregunta, por supuesto, fue, ¿puede la directora expander una bellísima pero muy corta historia a un largometraje de dos horas de duración?

La última mirada es el resultado de extender el cortometraje. Lo que vimos en La nao de China ahora son los últimos diez minutos de la película. Sergi Mateu interpreta a Homero, pintor catalán que ya solamente puede distinguir el color rojo; Marisol Centeno interpreta a Mei, jovencita que trabaja de chacha en un burdel. El destino hará que eventualmente se conozcan.

El film sí llena las dos horas, aunque por momentos se siente que Arriaga se sale de control. Aunque nunca decae el interés, hay subtramas que parecen estar de más y no llevar a ningún lado (el acoso de Mei por parte del bravucón del pueblo) y otras que simplemente están fuera de lugar (el romance de Homero con la monja calenturienta interpretada por una destanteada Arcelia Ramírez). Por supuesto, también se plantean relaciones interesantes (Homero con su padre, Mei con su novio) y la película es técnicamente impecable. Hace mucho que no veía una película mexicana hecha con tanto cuidado. Las actuaciones (excepto la de la ya mencionada Arcelia Ramírez) son verdaderamente inspiradas, y la fotografía es exquisita.

¿Que si vale la pena ver la película? Por supuesto que sí. Solamente que no puedo dejar de sentir que hay una gran película de 90 minutos dentro de esté (eso sí, más que decente) film de 123 minutos de duración.

lunes, 5 de mayo de 2008

"Bloggear sin motivo alguno es genial"
-Gaby Muñoz