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sábado, 30 de agosto de 2008

Munich



Munich. Dir. Steven Spielberg, 2005.

No recuerdo exactamente... creo que fue Gus van Sant quien declaró, hace mucho tiempo para La jornada, que el único director realmente independiente en la industria cinematográfica estadounidense es Steven Spielberg. Vamos... piénsenlo bien. Si Spielberg quiere hacer una película, no va a hacer falta el estudio que entre al quite para financiarla. Y en el raro caso en que eso no llegue a suceder, no creo que a Spielberg le duela mucho desembolsar unos milloncitos para producirla él mismo. Steven Spielberg es el único director realmente independiente y Munich es, quizá, la prueba más contundente de ello.

Munich, Alemania, 1972. Durante las Olimpiadas, un grupo de terroristas palestinos entran a Villa Olímpica para asesinar a 11 atletas israelíes. La primer ministro israelí Golda Meir (Lynn Cohen) pide al agente de la Mossad, Avner (Eric Bana) que, con la ayuda de 4 desconocidos, elimine a los responsables de este atentado.

¿Por qué Munich es la prueba más contundende de que Spielberg puede hacer casi lo que se le de la gana? Porque estamos hablando de la primera película del mainstream hollywoodense (¡y hecha por uno de sus más icónicos representantes!) que se atreve a cuestionar la política estadounidense anti-terrorismo, lo que vino con su buena cantidad de polémica: (casi) nadie quedó satisfecho con lo que hizo Spielberg. La mayoría de los críticos estadounidenses señaló que no era posible que el creador de La lista de Schlinder, y quizá el judío más influyente en la industria, hiciera una película en la que se humaniza a los terroristas (claro, a los terroristas hay que pintarlos como lo que son: animales, bestias, seres despiadados... lo que se les ocurra menos seres humanos). Del lado palestino se le criticó que se centrara en los israelíes y que hiciera la película en forma de thriller (¿pues cómo querían que la hiciera? el cine es personal y, al mismo tiempo, el arte más vulgar (popular, pues)). Me parece increíble que nadie pueda, o quiera, reconocer que Spielberg da en el clavo: sí, la crítica será elemental, el martillo será amplio, pero Spielberg da en el clavo. Spielberg se atreve a señalar que así no se va a llegar a ningún lado, y es una lástima que su crítica vaya a dar a oídos sordos.

Es que además Munich está estupendamente bien hecha, en forma (como es costumbre con Spielberg) y en fondo. En forma, Spielberg muestra los bríos narrativos y técnicos de siempre. En fondo... se siente increíblemente cercana al corazón de Spielberg. La historia de Papa (Michael Lonsdale) y Avner es realmente conmovedora (no tanto la de Avner con su hija recién nacida). El sentimiento de entendimiento-repulsión que tiene Spielberg hacia el pueblo palestino es palpable. Su desapruebo y desesperanza ante el terrorismo son tangibles.

¡Ah! Y se nos presentan muchas caras de Spielberg. Desde uno claramente influenciado por Hitchcock (una niña a punto de contestar cierto teléfono-bomba) hasta el más sutil (Golda Meir ofreciéndole una taza de te a Avner antes de mandarlo a matar palestinos), pasando por el peor Spielberg (Avner haciendo el amor a su esposa mientras se reconstruye el atentado terrorista), el más melancólico (las conversaciones de Avner con Papa) y el mejor (el asesinato de cierta espía-asesina a sueldo). No, no sé si Munich sea la mejor película de Spielberg (al menos para mí lo es) pero sí es la más arriesgada, la más contundente, la más polémica... y esa toma final lo comprueba.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Munich




Ahorita que están las Olimpiadas... ésta es, en mi opinión, la mejor película que se haya hecho que tenga algo que ver con los Juegos Olímpicos, además de ser el mejor y más arriesgado film que ha firmado Steven Spielberg. Una película larga, profunda, apasionada. Spielberg se arriesgó, y hay que admirarlo por ello: nos entregó el director's cut a la primera.

Prometo subir la crítica pronto...

jueves, 22 de mayo de 2008

Indiana Jones and the Kingdom of the Crystall Skull



Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indiana Jones and the kingdom of the crystall skull). Dir. Steven Spielberg, 2008.



Primero lo primero, y cualquier persona que esperaba lo contrario estaba sinceramente loco: El reino de la calavera de cristal NO es Los cazadores del arca perdida. Ni de chiste. Lo que, por supuesto, no quiere decir que la cuarta película de Henry Jones, Jr. sea mala.

La película empieza con el logo de la Paramount que luego se transforma (¿podía empezar de otra manera?) en la madriguera de un pequeño roedor. Por ahí pasan unos militares que se dirigen al Área 51. Traen preso a Indiana, y a su sidekick Mac. Los militares en realidad son rusos, comandados por la Dra. Coronel Irina Spalko (Cate Blanchett, muy en su papel) quienes buscan un secreto del que, al parecer, Indy está muy bien informado. Por supuesto, nuestro héroe logra escapar, para acto seguido ser abordado por Mutt (Shia LaBeouf, cumple) quien le informa que un viejo amigo suyo, el profesor Oxley (John Hurt, que honestamente no sé si está sobreactuado o no) ha sido secuestrado. Oxley está investigando a las calaveras de cristal, que supuestamente pertenecen a una ciudad perdida en Sudamérica y que, quien logre devolverlas a su lugar de origen, será recompensado...

Para los que decían que Harrison Ford ya estaba demasiado viejo... pues no. Sigue haciendo sus stunts y los sigue haciendo bien. Queda muy, muy claro que Indiana Jones es Harrison Ford y nadie más. Hay muchos guiños tanto a las películas anteriores de Indy (por ahí aparece el Arca de la Alianza, la fobia de Indiana hacia las serpientes, las referencias a los nazis, a Henry Jones Sr., etc.) como al trabajo anterior de Spielberg (quien no note citas a Close encounters of the third Kind, E.T., Always, Jurassic Park, etc. es porque no conoce en realidad la obra de Mr. Spielberg) y la gran obsesión temática de Spielberg, la paternidad, está presente (y honestamente no creo haberle arruinado nada a nadie habiendo dicho eso). Regresa quizá el personaje más extrañado de la serie, Marion Ravenwood. Interpretada por Karen Allen, se nota que Ms. Allen estaba muy contenta de haber vuelto a trabajar en Indian Jones, porque desgraciadamente no hace más que sonreír cuando está en escena.

El gran problema con Crystal Skull es que trata demasiado de ser LA gran película de Indiana Jones. Entonces, se nos vienen stunts demasiado poco creíbles (Shia LaBeouf como Tarzán es demasiado hasta para Indiana Jones), acción incesante pero donde abundan los FX (¡gran diferencia con las anteriores!) y, sobre todo, un guión más preocupado por hacer que la acción no cese que por desarrollar correctamente a los personajes.

Y es que ese era el espíritu de Indiana Jones. Por mucho que sean películas de acción, los personajes estaban perfectamente bien desarrollados. Vaya, hasta en The Temple of Doom, los personajes eran caricaturescos pero agradables al fin. Aquí no. Aquí termina valiendo madres si alguien vive o muere.

Pero bueno... para ser honestos hay secuencias que sí recuperan el alma original (la persecución en la universidad, por ejemplo) y quizá si la película hubiera salido hace 15 años, nadie se hubiera quejado. Pero 20 años de espera por un producto decididamente inferior a lo original, es un abuso. No me acuerdo quién dijo... 'no hay que confundir lo grandote con lo grandioso'. Crystall Skull es grandota. Se queda muy, muy, muy lejos de ser grandiosa.
Volví a ver Crystall Skull. Sin tantas expectativas,me gustó más. Es bastante ligera y juega bien con las citas y homenajes tanto al cine cincuentero de clase B como a la trilogía original. Eso sí, está muy lejos de Los cazadores del arca perdida, El templo de la perdición o La última cruzada.

sábado, 17 de mayo de 2008

A.I.



Inteligencia artificial (A.I.). Dir. Steven Spielberg, 2001.


Aquí empezó mi admiración profunda por Steven Spielberg. Cierto, muchas de sus películas antes de Inteligencia artificial son mucho más que respetables (Indiana Jones 1, 2 y 3; Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, Parque Jurásico...) pero, en general, mostraban que Spielberg era un magnífico entretenedor con mucho miedo a abordar temas más "profundos" (lo que sea que sea eso, y aquí tendríamos que exceptuar, por supuesto, a La lista de Schlinder).

Inteligencia artificial nace de una extensa serie de conversaciones que Spielberg mantuvo con el director Stanley Kubrick. En éstas, además de muchas otras cosas, el difunto director le contó a Spielberg acerca de la historia de un niño robot que sueña con ser humano. Kubrick murió en 1999, justo al terminar su última película (y, a mi parecer, su obra maestra, aunque de esto hablaré más adelante) Ojos bien cerrados, y esperando a que la tecnología avanzara lo suficiente para contar la historia que versa A.I. (Kubrick quería utilizar un verdadero robot, y no un actor, para interpretar a su protagonista). Aquí es donde Mr. Spielberg entra al quite.

En el futuro, cuando ya los polos se han derretido y muchas de las principales ciudades han quedado sumergidas en el agua, Monica y Henry Swinton (Frances O'Connor y Sam Robards) temen perder a su hijo biológico Martin (Jake Thomas) a quien atacó un extraño virus que lo ha dejado en coma. Es por esto que Henry decide "adoptar" a David (Hayley Joel Osment) un "niño robot" que, con el simple hecho de pronunciar unas cuantas palabras, se programará para amar incondicionalmente a sus papás. Más bien, a su mamá. En el cambio de mirada de David se redondea el primer clímax emocional de la cinta, y estos 'clímax emocionales' son uno de los principales méritos de A.I., que no por ser emocional deja de ser intelectual, y que no por ser intelectual deja de funcionar como producto de entretenimiento. Poco después, y milagrosamente, se recupera Martin, con lo que David deja de ser totalmente funcional. ¿Habrá que desecharlo? Y si sí, ¿cuál será su destino?

Ya en la sinopsis se funden y confunden cuentos (Pinocho, Frankenstein), y preguntas filosóficas (¿qué pasa cuando el creador se vuelve contra su creación?). Ninguna completamente original, cierto, pero Spielberg sabe potenciar la historia con una puesta en escena ejemplar, y con un ritmo atinado. Cuando A.I. se pone demasiado seria, viene una galería de robots (también llamados mecas (mecánicos), contrario a los orgas (orgánicos) que vendríamos a ser nosotros) que parecen sacados de Star Wars, o algo así. Aquí entra en juego también el bagaje cultural del buen Spielberg. Cierto, es mucha y muy notoria la influencia de Kubrick (el uso de música clásica en el soundtrack, la obsesión del personaje principal, la estética oscura...) también hay influencia de otros cineastas (George Lucas y Tobe Hooper, por mencionar algunos) y, por supuesto, del propio Spielberg, lo que le da un toque, y una mirada, universal a A.I., sin perder la personalidad del propio Spielberg.

Cierto, Inteligencia Artificial no es una película perfecta (no se siente completamente homogénea) pero sí es una superproducción que no le teme a ser profunda, ni indigesta para algunos. En este sentido, A.I. va mucho más allá de lo que la mayoría del cine contemporáneo puede presumir.