jueves, 7 de agosto de 2008

Cine y sonido...




El otro día, y sin que viniera mucho al caso, al estar leyendo el blog de Rana y Juan (que pueden encontrar el link aquí a la derecha) me puse a reflexionar sobre la música en el cine. ¿Cómo afecta la banda sonora a una película? ¿El cine y la música están irremediablemente ligados?

Para la primera pregunta, ahí tienen el estupendo DVD que la Criterion Collection editó de esa obra maestra de G.W. Pabst, La caja de pandora (Die Büchse der Pandora). El score (la música, vaya) de la película de 1929 se perdió irremediablemente, pero en compensación el DVD tiene ¡4 scores!. Orquesta, Orquesta moderna, Piano y Cabaret. Créanme, la película cambia con cada score. No es lo mismo ver a Lulu (legendaria Louise Brooks) con la melodía de un piano tranquilo que con la energía y poder de una orquesta entera. Lo que, por cierto, lleva a otras tantas preguntas, ¿qué es lo que Pabst quería transmitir realmente? ¿A cuál score es más cercano, si es que es cercano a alguno? ¿Qué tan ético es modificar la banda sonora, y por lo tanto toda la obra de un autor? Pero eso llevaría un post entero, y quizá mucho más.

Sobre la segunda pregunta, creo que sí tengo una respuesta mucho más concreta (que, claro, podría estar equivocada): no, el cine y la música no están irremediablemente ligados. Ahí tienen el cine de los hermanos Dardenne, o 4 meses, 3 semanas y 2 días. La música brilla por su ausencia, lo que crea una sensación de desasosiego y realismo que se vería afectada con cualquier acorde. O, y ya que todos ya la vieron, la manera en la que Christopher Nolan prescinde de la música en la emocionante persecución en carro/camión/moto en El caballero de la noche. O cómo Michael Haneke me hizo darme cuenta que se crea mucho más suspenso sin música que con acordes estruendosos en su remake de su Funny Games. ¿Un ejemplo de cine mudo? Hace no mucho volví a ver La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer. A manera de experimento, le puse mute a la tele. La actuación de Falconetti es tan emotiva, tan lograda, que no necesita de música alguna.

Ejemplos hay muchos y muy variados, y todos dejan en claro que el cine y la música no están necesariamente ligados. Pero también todos dejan en claro que el cine y el sonido sí están ligados, desde mucho antes del cine hablado. La manera en la que se usan los sonidos, o la ausencia de ellos, puede crear sensaciones que las imágenes por sí mismas no. En su Bande à part, Godard crea una secuencia muy especial: en un bar, Anna Karina (no recuerdo el nombre de su personaje) sugiere un minuto de silencio: no solo todos se callan, sino que la película se queda sin sonido durante ese minuto (que, según he leído, dura aproximadamente 36 segundos). Después empiezan a bailar, pero sólo oímos al narrador que nos describe lo que pasa por la mente de sus personajes en ese momento. Tarantino después homenajearía esa secuencia en la escena más famosa de Pulp Fiction. El efecto es totalmente distinto. Y, hablando de Tarantino, ahí tenemos uno de los usos más personales que se le haya dado a la música en el cine. Lástima que la multitud de wanna-be-Tarantino hayan malgastado el efecto tan rápido.

¿Ejemplos de uso inteligente y provocador del sonido en el cine? Los que se me ocurren ahorita… Ingmar Bergman, en Gritos y Susurros. Desde la secuencia de créditos iniciales, el carácter oscuro y desesperanzador se acentúa con esos relojes, esos gritos y, sobre todo, esos susurros durante los fade-to-red. Toda la obra de Stanley Kubrick, que viene a ser como el ejemplo canónico del uso de música previamente escrita. Después de 2001, nadie volvió a oir Zaratustra, de Strauss igual, y de hecho ya se usa siempre que se habla del espacio o lo desconocido, aunque a mí me gusta mucho más el uso que le da a la Musica Riccercata II, de Gyorgy Lygeti en Ojos bien cerrados (el mismo Lygeti llamó a su composición ‘puñaladas al corazón de Stalin’, y Kubrick vaya que lo entendió). Todos los ejemplos antes mencionados. Réquiem por un sueño y La fuente de la vida, de Darren Aronofsky. Las palabras inaudibles de El discreto encanto de la burguesía, de Luis Buñuel. La melodía que silba Peter Lorre en M, de Fritz Lang. Por supuesto, dos ejemplos canónicos: Tiburón, de Steven Spielberg (música de John Williams); y La guerra de las galaxias, de George Lucas (música también de John Williams). La dolce vita y 8 ½, de Fellini, con música de Nino Rota. Y hablando de Rota, es imperdonable que me olvide de El Padrino, de Francis Ford Coppola. No soy fan de El señor de los anillos, pero tengo que admitir que el uso que le da Peter Jackson a la música de Howard Shore. ¿Otra colaboración Spielberg/Williams/Lucas? Indiana Jones. As times go by, por supuesto (Casablanca, de Michael Curtiz, para los que no supieron). Toda la filmografía de Wong Kar-Wai, con mención especial para In The Mood for Love (música de Shigeru Umebayashi). La lista no pretendía ser exhaustiva, y ya lo está empezando a ser… mejor ahí me detengo. ¿Y ustedes qué opinan de la relación entre la música y el cine? ¿Cuáles son sus ejemplos de un uso prodigioso de la música o el sonido?

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