
Ojos bien cerrados (Eyes wide shut). Dir. Stanley Kubrick, 1999.
Ojos bien cerrados es una película profundamente malinterpretada. Simple y sencillamente no está hecha para ser tomada literalmente. Es, de hecho, más cercana a un sueño que a la realidad. Desde el primer plano de la película, con Alice Harford (Nicole Kidman) de espaldas, dejando caer su vestido, la sensación de irrealidad en el film es palpable, con el grano de la película reventadísimo y la iluminación claramente artificial, lo que hace a la película verse como un producto amateur-ish, contrario a lo que todo mundo se esperaba, dada la maestría formal de Stanley Kubrick. Pero cuando el resto de la película lidia con sueños, frustraciones, paranoias... ¿realmente la película es amateur o es el producto de un maestro en pleno dominio de su creatividad? Kubrick, en su último largometraje, se había adelantado una vez más a su época, y a la vez no.
Se había adelantado a su época porque la película parece una obra más mesurada, más rica y más auténtica de uno de los cineastas más respetados de la actualidad: David Lynch. El surrealismo inherente a la película y la desfragmentación de la imagen fílmica es el camino que está siguiendo el cine hoy en día. Y no, porque en una época en donde la estética MTV y los cortes instantáneos lo dominaban todo (y lo siguen haciendo, vean Quantum of Solace o chéquense esto si no) Kubrick decidió hacer su película a la manera de la vieja escuela: ritmo controlado, tomas y secuencias largas y ricas en detalle y hasta formato full frame (proporción 1.33:1, más cuadrado que los más utilizados 1.66:1, 1.75:1 y 2.35:1... como una televisión no widescreen) que dejó de usarse casi en su totalidad en los 60's.
Ojos bien cerrados cuenta la historia del matrimonio Harford: Bill (Tom Cruise) y Alice. Durante una fiesta navideña (¿por qué Ziegler (Sydney Pollack) nos sigue invitando cada año?) Bill se encuentra con un viejo amigo de la Facultad de Medicina, Nick Nightingale (el ahora director Todd Field). Mientras tanto, un húngaro intenta seducir a Alice. Bill, por su parte, ha dejado a Nick para dejarse llevar alegremente por dos modelos. Ninguno de los dos concretará. Ella porque pone su matrimonio de por medio. Él porque Ziegler requiere sus servicios médicos con una mujer que, a causa de una sobredosis, se desmayó en su baño. Días después, al calor de una sesión de marihuana, Alice le confesará a Bill que una vez estuvo a punto de dejarlo todo por un oficial de marina. Literalmente: todo. ¿Será esto cierto o no? En todo caso, la marihuana abona bien la ambigüedad. La actuación de Nicole Kidman en esta secuencia es impresionante: fría y apasionada, directa y perdida sin que esto conlleve ninguna contradicción. Una llamada de un paciente que acaba de morir hace que Bill tenga que salir de casa. Conmocionado, el médico evitará a toda costa regresar esa noche, lo que lo llevará a tener una serie de encuentros, todos ellos con una carga sexual más o menos fuerte. En cierto punto, la película recuerda a aquellos burgueses que no podían cenar en El discreto encanto de la burguesía de Buñuel. Bill quiere (no precisamente cenar, por cierto) pero no puede. En este sentido, Ojos bien cerrados es también una comedia sobre cómo Tom Cruise no puede tener sexo.
El relato alcanza un clímax cuando Bill va a caer, guiado por Nick, en una orgía que se desarrolla en una mansión a fueras de la ciudad. La puesta en escena es grandielocuente, operística y embrujante. Los travellings, las máscaras, las tomas fijas... y qué mujeres. A partir de este momento, también, la música será uno de los personajes principales de Eyes wide shut. El uso que Kubrick hace de las notas de Musica Ricercatta, II de Gyorgy Lygeti potencia el suspenso y ubica, en mi canon, el score de la película como uno de los mejores de la historia, comparable al de 2001 del propio Kubrick (con música de Gyorgy Lygeti también).
El resto es el viaje de regreso. Ojos bien cerrados es una road movie de ida y vuelta. La ida está encaminada a crear el misterio, la vuelta a resolverlo. La ida a crear hilos narrativos, el regreso a cerrarlos. Si es que se puede, por supuesto. La película está estructurada en secuencias largas y asfixiantes, cada una con su propia lógica, estética y composición. Y en cada hilo narrativo hay dos secuencias: la de ida y la de vuelta.
Por último, Eyes wide shut es también el nacimiento de un nuevo género. El del thriller erótico. Aunque ya había películas que lo anunciaban (Bajos instintos se me viene a la mente) esta fue la primer película en ofrecer cantidades generosas tanto de thriller como de erotismo. Por el lado del erotismo, mujeres hermosas, desnudas, (abriendo con la propia Nicole Kidman, como ya lo mencioné) circulan por el film de principio a fin. Por el lado de thriller, el largometraje está impregnado con la sensación de que muy pronto algo terrible le sucederá a Bill Harford.
Kubrick, en su última película, logró su obra maestra.
Se había adelantado a su época porque la película parece una obra más mesurada, más rica y más auténtica de uno de los cineastas más respetados de la actualidad: David Lynch. El surrealismo inherente a la película y la desfragmentación de la imagen fílmica es el camino que está siguiendo el cine hoy en día. Y no, porque en una época en donde la estética MTV y los cortes instantáneos lo dominaban todo (y lo siguen haciendo, vean Quantum of Solace o chéquense esto si no) Kubrick decidió hacer su película a la manera de la vieja escuela: ritmo controlado, tomas y secuencias largas y ricas en detalle y hasta formato full frame (proporción 1.33:1, más cuadrado que los más utilizados 1.66:1, 1.75:1 y 2.35:1... como una televisión no widescreen) que dejó de usarse casi en su totalidad en los 60's.
Ojos bien cerrados cuenta la historia del matrimonio Harford: Bill (Tom Cruise) y Alice. Durante una fiesta navideña (¿por qué Ziegler (Sydney Pollack) nos sigue invitando cada año?) Bill se encuentra con un viejo amigo de la Facultad de Medicina, Nick Nightingale (el ahora director Todd Field). Mientras tanto, un húngaro intenta seducir a Alice. Bill, por su parte, ha dejado a Nick para dejarse llevar alegremente por dos modelos. Ninguno de los dos concretará. Ella porque pone su matrimonio de por medio. Él porque Ziegler requiere sus servicios médicos con una mujer que, a causa de una sobredosis, se desmayó en su baño. Días después, al calor de una sesión de marihuana, Alice le confesará a Bill que una vez estuvo a punto de dejarlo todo por un oficial de marina. Literalmente: todo. ¿Será esto cierto o no? En todo caso, la marihuana abona bien la ambigüedad. La actuación de Nicole Kidman en esta secuencia es impresionante: fría y apasionada, directa y perdida sin que esto conlleve ninguna contradicción. Una llamada de un paciente que acaba de morir hace que Bill tenga que salir de casa. Conmocionado, el médico evitará a toda costa regresar esa noche, lo que lo llevará a tener una serie de encuentros, todos ellos con una carga sexual más o menos fuerte. En cierto punto, la película recuerda a aquellos burgueses que no podían cenar en El discreto encanto de la burguesía de Buñuel. Bill quiere (no precisamente cenar, por cierto) pero no puede. En este sentido, Ojos bien cerrados es también una comedia sobre cómo Tom Cruise no puede tener sexo.
El relato alcanza un clímax cuando Bill va a caer, guiado por Nick, en una orgía que se desarrolla en una mansión a fueras de la ciudad. La puesta en escena es grandielocuente, operística y embrujante. Los travellings, las máscaras, las tomas fijas... y qué mujeres. A partir de este momento, también, la música será uno de los personajes principales de Eyes wide shut. El uso que Kubrick hace de las notas de Musica Ricercatta, II de Gyorgy Lygeti potencia el suspenso y ubica, en mi canon, el score de la película como uno de los mejores de la historia, comparable al de 2001 del propio Kubrick (con música de Gyorgy Lygeti también).
El resto es el viaje de regreso. Ojos bien cerrados es una road movie de ida y vuelta. La ida está encaminada a crear el misterio, la vuelta a resolverlo. La ida a crear hilos narrativos, el regreso a cerrarlos. Si es que se puede, por supuesto. La película está estructurada en secuencias largas y asfixiantes, cada una con su propia lógica, estética y composición. Y en cada hilo narrativo hay dos secuencias: la de ida y la de vuelta.
Por último, Eyes wide shut es también el nacimiento de un nuevo género. El del thriller erótico. Aunque ya había películas que lo anunciaban (Bajos instintos se me viene a la mente) esta fue la primer película en ofrecer cantidades generosas tanto de thriller como de erotismo. Por el lado del erotismo, mujeres hermosas, desnudas, (abriendo con la propia Nicole Kidman, como ya lo mencioné) circulan por el film de principio a fin. Por el lado de thriller, el largometraje está impregnado con la sensación de que muy pronto algo terrible le sucederá a Bill Harford.
Kubrick, en su última película, logró su obra maestra.
1 comentario:
no la he visto
listo, ya comenté, jaja
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