
El lugar sin límites. Dir. Arturo Ripstein, 1978.
Aquí en el lugar sin límites conviven todos los estereotipos que alguna vez poblaron el cine mexicano. Prostitutas, travestis, machos, caciques... todo en un ambiente de podredumbre que se respira y se siente real. Aquí vive La Manuela (magnífico Roberto Cobo) con su hija, la Japonesita (Ana Martin), producto de una única noche que tuvo la Manuela con la Japonesa (Lucha Villa). Aquí la Manuela y la Japonesita son atormentadas por Pancho (Gonzalo Vega) un macho que se siente atraído por la Manuela, y que a su vez es atormentado por Don Alejo (Fernando Soler), el cacique del pueblo que quiere ser dueño de todo y que solamente le falta la casa/prostíbulo de la Manuela.
Aquí en el lugar sin límites se reconocen los peores vicios y las mejores virtudes de un cineasta tan peculiar como Arturo Ripstein. Esa capacidad de observar a sus personajes sin emitir juicios sobre ellos, y esa obsesión por la sordidez que termina incomodando más de lo que interesa. Esa mirada única al México rural que tan poco han explorado los cineastas, esa tendencia a explorar a los estereotipos y convertirlos en 'algo más', y esa sensación de exageración que permea toda la película.
Y aquí en el lugar sin límites es el único lugar donde el centro moral se ubica en un travesti que trasciende su condición de cliché para convertirse en un personaje heroico, honesto y memorable. Aquí es donde Roberto Cobo alcanza el nivel que ya había anunciado con El Jaibo de Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), donde Carmen Salinas logra una (¿única?) buena actuación y donde se encuentra una de las películas mexicanas más extrañas y memorables de la historia. No es una experiencia precisamente agradable vistar el lugar sin límites, pero vale la pena hacerlo.
1 comentario:
Bravo!!!!! hermosa reseña!
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