sábado, 18 de octubre de 2008

Blindness



Ceguera (Blindness). Dir. Fernando Meirelles, 2008.


Primero una aclaración aunque nadie me la pida, para mí, esta película era tan esperada como para muchos lo es Harry Potter o la próxima adaptación de Crepúsculo. Y es que Ensayo sobre la ceguera, del escritor portugués José Saramago (El evangelio según Jesucristo, El año de la muerte de Ricardo Reis) es una de las novelas que más me ha impactado, qué más me ha estremecido, que más me ha hecho sentir que acababa de leer una gran obra. Es, pues, una de mis novelas favoritas (si quieren saber las otras, La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera y Pedro Páramo de Juan Rulfo). Creo que sólo así puedo explicar que Ceguera no me haya convencido como debió haberlo hecho, porque es una película técnicamente impecable y, además, muy fiel al texto en la que está basada.

En un lugar indefinido, quizá hoy, un hombre queda ciego de repente. Su ceguera no es cualquier cosa, ya que él la describe como 'estar nadando en un océano de leche', pues todo lo ve blanco. Va, por supuesto, con un médico, a quien contagia, y esta "ceguera blanca" se expande rápidamente a toda la población, por lo que tienen que iniciar una cuarentena. Sólo una persona, la mujer del médico (Julianne Moore, muy bien), parece inmune a esta "enfermedad".

Hasta aquí la reseña en la que se nota que los realizadores de la película respetaron la decisión de Saramago de no nombrar a ningún personaje. Todos son así: el primer ciego, el médico, la mujer del médico, la chica de las gafas oscuras, el viejo del parche, el rey del pabellón 3,.... el problema es que, si como recurso literario esto resulta muy efectivo (¿para qué darle una identidad a las personas si ellas mismas la desconocen?) en el cine resulta un tanto inverosímil que la gente no se presente por su nombre. Además, el casting me resultó muy decepcionante (sólo Alice Braga como la chica de las gafas oscuras y, gracias a Dios, Julianne Moore como la mujer del médico, resultan aptas para su papel... ah, y el perro de las lágrimas, desafortunadamente, no me gustó nadita (sniff)).

Fuera de todo esto, la verdad es que Ceguera es una película bien realizada. Meirelles usa, quizá de manera un tanto evidente, el recurso de la ceguera blanca para definir la estética de su película, y sus movimientos de cámara son irreprochables. Pero justo aquí está lo que me parece imperdonable: la necesidad de subrayar la podredumbre, la sordidez, de Meirelles. Si el libro era una crónica de la casi-santidad de una mujer que empieza haciéndolo todo por amor para después darse cuenta que quizá esto no es suficiente, al mismo tiempo que una interesante parábola de la ceguera emocional de la sociedad actual, la película parece más intereseda en ser un relato lo más crudo y cruel posible de las bajezas de la raza humana. Éste es el principal defecto de la película: carece de una verdadera alma emocional, por más que Julianne Moore se esfuerce (y vaya que lo hace bien). Aunque, como dije al principio, quizá todo esto es producto de las odiosas e inevitables comparaciones que surgen ante tal admiración por la obra literaria. Ni modo. Creo que, a fin de cuentas, sí recomiendo Ceguera, pero recomiendo muchísimo más Ensayo sobre la ceguera.

3 comentarios:

d dijo...

La insoportable levedad del ser? NO MAMAR!

RUY dijo...

Se me antoja más la película, el libro lo abandono a cada rato, pero lo leere antes de ir al cine, lo prometo.

RUY dijo...

Ya empecé a leer el libro. Espero no ver la película primero