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martes, 30 de septiembre de 2008

Funny Games U.S.



Juegos sádicos (Funny Games U.S.). Dir. Michael Haneke, 2008.


Por mucho, la película más incómoda del año, y una de las mejor hechas. Ya comenté, y muy extensamente, sobre ella en este mismo blog, allá en el archivo de Julio. Sólo les recuerdo una cosa, si es que deciden ir a verla: nadie los obliga a quedarse en el cine. Nadie.

martes, 1 de julio de 2008

Funny Games

Investigando por ahí, me encontré con que la mayor diferencia entre las dos versiones de Funny Games es que, durante un largo plano-secuencia que sucede en la segunda mitad del film, mientras en la versión de 1997 la no muy guapa actriz Susanne Lothar aparece con un vestido, en la versión de 2008 Naomi Watts hace lo propio en ropa interior. Esas sí son mejorías.


Qué, ¿pensaron que iba a poner la foto de Naomi Watts en la secuencia que mencioné? No encontré, ha.

domingo, 22 de junio de 2008

Funny Games



Funny Games. Dir. Michael Haneke, 2008.

"You must admit it. You brought this to yourself".- Tagline de Funny Games.
"Anyone who leaves the cinema doesn't need the film, and anybody who stays does".- Michael Haneke, sobre Funny Games 1997.

Funny Games no es una película, es un experimento.

Primero, porque Funny Games (2008) es un remake casi cuadro-por-cuadro de Funny Games (1997), ambas dirigidas por Michael Haneke. La mayor, y casi única, diferencia, radica en que mientras la versión de 1997 está hablada en alemán y cuenta con actores conocidos solamente en el firmamento europeo, la versión de 2008 está hablada en inglés y sus intérpretes principales son Naomi Watts (El Aro, Mulholland Dr.), Tim Roth (Perros de reserva, El planeta de los simios) y Michael Pitt (Los Soñadores). Entonces, Funny Games (2008) sirve solamente para que Funny Games (1997) llegue a más audiencia. Entonces la pregunta es, ¿este experimento realmente merece más audiencia?

La primera parte del experimento es que uno decida ir a ver la película. ¿Quién va a querer ver por voluntad propia una película que es básicamente tortura? Uno puede querer ver Funny Games por muchas razones: por sus actores (si tomamos en cuenta Mulholland Dr., Naomi Watts se puede considerar una actriz de culto); por su director (Michael Haneke es de los más respetados en el circuito festivalero europeo); porque ya se vio la original; porque se es fanático de películas tipo Saw u Hostal... la razón no importa, el chiste es que uno se decidió a ver la película.

La segunda parte del experimento es la película en sí. Cruel y sádica como pocas. Sí, me van a decir que últimamente se ha venido una ola de películas gore y que ya casi nada resulta lo suficientemente sangriento. A decir verdad, Funny Games no es la mitad de sangrienta que Hostal o Saw. Pero Haneke se toma las cosas en serio: si vas a filmar violencia, fílmala lo más realista posible, y aquí el cineasta austriaco se acerca bastante a lo que hizo David Cronenberg en Una historia violenta. La historia de una familia (papá, mamá e hijo... por supuesto, con perro incluído) que llega a ser torturada por dos psicópatas muy bien educados es, al menos durante la primera hora y media, escalofriantemente real. Después la película va más allá. Uno de los dos psicópatas, brillantemente interpretado por Michael Pitt, rompe 'the fourth wall' (es decir, interactúa con la audiencia). Suceden cosas que acentúan el carácter de ficción de la película. ¿Qué es lo que nos quiere decir Haneke con Funny Games? ¿En realidad nos quiere decir algo? Eso no importa. Lo que importa es ver qué tanto aguanta la audiencia viendo Funny Games. Ese es el juego, es el experimento.

Y hay que agregar al experimento que se trata de una película estupendamente bien hecha. Todos los actores están perfectos en su papel, vaya, ¡hasta el maldito perro resulta un estupendo intérprete! La fotografía es impecable. La dirección ni se diga (Haneke hizo que me diera cuenta del hecho de que una película de terror/suspenso funciona mucho mejor sin música que con ella).
Al final, ¿Funny Games merecía una mayor audiencia? No sé. Es un experimento perturbador, violento, nada placentero. Por supuesto que no me arrepiento de haberme sometido, y por supuesto que volveré a ver esta película (lo que sólo extendería el experimento). Por supuesto, también, que no es para todos los gustos. Si deciden verla, adelante. Y bienvenidos al experimento.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Eastern Promises



Promesas peligrosas (Eastern Promises) Dir. David Cronenberg, 2007


Con el motivo del estreno de Una historia violenta (A history of violence/2005) yo escribí que Cronenberg no podría ser convencional ni aunque quisiera. Promesas peligrosas (que a la vez es una magnífica pieza de acompañamiento de la película antes mencionada) no puede hacer nada más que confirmar lo que dije.

Y no es que la película no sea convencional. De hecho, es, y por mucho, lo más convencional que Cronenberg ha hecho en toda su carrera (junto con Zona Muerta/1983). Ahí está el carismático jefe de familia mafiosa (Armin Mueller-Stahl, muy en su papel), su hijo débil (correctamente sobreactuado Vincent Cassel) y la historia (una enfermera (Naomi Watts) que investiga un diario escrito por una prostituta rusa que murió dando a luz) no es muy original que digamos. Pero la película se aleja como si fueran la plaga de todas las corrientes que ha habido del cine de Mafia, de la de Scorsese (GoodFellas, Casino); de la de Tarantino (Pulp Fiction, Jackie Brown), de la de Coppola (El Padrino, La conversación); y hasta de la de cine francés (Alphaville/Godard, Disparen al pianista/Truffaut).

Cronenberg no se deja llevar por la fascinación por el mafioso que tanto bien (y tan mal) le ha hecho al cine norteamericano. Más bien, Cronenberg se dedica a crear una enrarecida atmósfera (ese Londres en el que todo está sucio y todos hablan con acento ruso) y a observar detenidamente a su personaje principal, Nikolai (notable Viggo Mortensen) mientras deja que la historia fluya con naturalidad.

Y, por supuesto, ahí está, intacta, la fascinación de Cronenberg por la violencia. Que en realidad no es mucha, pero está presentada de una manera no muy común en el cine. Es decir, sin disfraces, sin ediciones rápidas, sin coreografías fastuosas. Para Cronenberg la violencia no es divertida, ni emocionante. Es brutal, salvaje, así sin más. Y qué mejor para mostrarlo que la secuencia de el baño de vapor. Alejadísima de la tradición Bourne (que a mí no me gusta y más bien me marea) la escena es brutal, sin adornos... como debería de ser.