
Un mundo maravilloso. Dir. Luis Estrada, 2006.
Juan Pérez (Damián Alcázar) es un teporochito cualquiera que un día, por azares del destino, al tratar de escapar del World Financial Center (obvia referencia al WTC) termina siendo un mártir: un periodista inventa que Pérez se intentó suicidar aventándose del WFC para reclamar contra el Secretario de Economía, Pedro Lazcurain (Antonio Serrano) quien justo ese mismo día había declarado que en México 'ya no hay pobres'.
Una película que se quiere una fábula inteligente sobre la situación socio-económica-política actual (actual del 2006... y de ahorita) pero que pocas veces pasa del chiste fácil, evidente. Algo así como pasaba con La ley de Herodes (del mismo Estrada, 1999) con la diferencia de que, mientras La ley de Herodes se aceptaba como un curioso homenaje al cine mexicano de la decadencia de la llamada época de oro, al mismo tiempo que una ligera pero justa crítica al en ese entonces ya rancio PRI, Un mundo maravilloso quiere ser más. La ambientación es bastante más ambiciosa, y hasta eso que está muy bien lograda: una mezcla entre el D.F. de hoy con el de los 50's y por ahí un poco de Estados Unidos durante el McCarthysmo, todo esto mezclado como en un cuento de hadas. El problema entonces es que, justamente con los elementos de cuento de hadas, la crítica pierde fuerza. Y es que dentro de todo esto no hay mucho que reconocer de México más allá de la clase política, por mucho lo mejor de la película... junto con el final.
Un mundo maravilloso es también una película que se quiere de humor negro pero que en realidad no lo es, casi nunca. Al igual que Matando Cabos (Lozano, 2004) el "humor negro" de Un mundo maravilloso es más bien un humor muy efectista y poco, casi nada, cruel. Eso sí, el final de la película es digno del mejor humor negro de todos los tiempos (ese de Viridiana (Buñuel, 1960), o El esqueleto de la señora Morales (González, 1960)) pero no revelaré más.
Al final, una comedia que se cree más de lo que es... con un estupendo final. Lástima que la película no sea digna de esos últimos cinco minutos.
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