domingo, 19 de abril de 2009

Eyes wide shut



Ojos bien cerrados (Eyes wide shut). Dir. Stanley Kubrick, 1999.

Ojos bien cerrados es una película profundamente malinterpretada. Simple y sencillamente no está hecha para ser tomada literalmente. Es, de hecho, más cercana a un sueño que a la realidad. Desde el primer plano de la película, con Alice Harford (Nicole Kidman) de espaldas, dejando caer su vestido, la sensación de irrealidad en el film es palpable, con el grano de la película reventadísimo y la iluminación claramente artificial, lo que hace a la película verse como un producto amateur-ish, contrario a lo que todo mundo se esperaba, dada la maestría formal de Stanley Kubrick. Pero cuando el resto de la película lidia con sueños, frustraciones, paranoias... ¿realmente la película es amateur o es el producto de un maestro en pleno dominio de su creatividad? Kubrick, en su último largometraje, se había adelantado una vez más a su época, y a la vez no.

Se había adelantado a su época porque la película parece una obra más mesurada, más rica y más auténtica de uno de los cineastas más respetados de la actualidad: David Lynch. El surrealismo inherente a la película y la desfragmentación de la imagen fílmica es el camino que está siguiendo el cine hoy en día. Y no, porque en una época en donde la estética MTV y los cortes instantáneos lo dominaban todo (y lo siguen haciendo, vean Quantum of Solace o chéquense esto si no) Kubrick decidió hacer su película a la manera de la vieja escuela: ritmo controlado, tomas y secuencias largas y ricas en detalle y hasta formato full frame (proporción 1.33:1, más cuadrado que los más utilizados 1.66:1, 1.75:1 y 2.35:1... como una televisión no widescreen) que dejó de usarse casi en su totalidad en los 60's.

Ojos bien cerrados cuenta la historia del matrimonio Harford: Bill (Tom Cruise) y Alice. Durante una fiesta navideña (¿por qué Ziegler (Sydney Pollack) nos sigue invitando cada año?) Bill se encuentra con un viejo amigo de la Facultad de Medicina, Nick Nightingale (el ahora director Todd Field). Mientras tanto, un húngaro intenta seducir a Alice. Bill, por su parte, ha dejado a Nick para dejarse llevar alegremente por dos modelos. Ninguno de los dos concretará. Ella porque pone su matrimonio de por medio. Él porque Ziegler requiere sus servicios médicos con una mujer que, a causa de una sobredosis, se desmayó en su baño. Días después, al calor de una sesión de marihuana, Alice le confesará a Bill que una vez estuvo a punto de dejarlo todo por un oficial de marina. Literalmente: todo. ¿Será esto cierto o no? En todo caso, la marihuana abona bien la ambigüedad. La actuación de Nicole Kidman en esta secuencia es impresionante: fría y apasionada, directa y perdida sin que esto conlleve ninguna contradicción. Una llamada de un paciente que acaba de morir hace que Bill tenga que salir de casa. Conmocionado, el médico evitará a toda costa regresar esa noche, lo que lo llevará a tener una serie de encuentros, todos ellos con una carga sexual más o menos fuerte. En cierto punto, la película recuerda a aquellos burgueses que no podían cenar en El discreto encanto de la burguesía de Buñuel. Bill quiere (no precisamente cenar, por cierto) pero no puede. En este sentido, Ojos bien cerrados es también una comedia sobre cómo Tom Cruise no puede tener sexo.

El relato alcanza un clímax cuando Bill va a caer, guiado por Nick, en una orgía que se desarrolla en una mansión a fueras de la ciudad. La puesta en escena es grandielocuente, operística y embrujante. Los travellings, las máscaras, las tomas fijas... y qué mujeres. A partir de este momento, también, la música será uno de los personajes principales de Eyes wide shut. El uso que Kubrick hace de las notas de Musica Ricercatta, II de Gyorgy Lygeti potencia el suspenso y ubica, en mi canon, el score de la película como uno de los mejores de la historia, comparable al de 2001 del propio Kubrick (con música de Gyorgy Lygeti también).

El resto es el viaje de regreso. Ojos bien cerrados es una road movie de ida y vuelta. La ida está encaminada a crear el misterio, la vuelta a resolverlo. La ida a crear hilos narrativos, el regreso a cerrarlos. Si es que se puede, por supuesto. La película está estructurada en secuencias largas y asfixiantes, cada una con su propia lógica, estética y composición. Y en cada hilo narrativo hay dos secuencias: la de ida y la de vuelta.

Por último, Eyes wide shut es también el nacimiento de un nuevo género. El del thriller erótico. Aunque ya había películas que lo anunciaban (Bajos instintos se me viene a la mente) esta fue la primer película en ofrecer cantidades generosas tanto de thriller como de erotismo. Por el lado del erotismo, mujeres hermosas, desnudas, (abriendo con la propia Nicole Kidman, como ya lo mencioné) circulan por el film de principio a fin. Por el lado de thriller, el largometraje está impregnado con la sensación de que muy pronto algo terrible le sucederá a Bill Harford.

Kubrick, en su última película, logró su obra maestra.

jueves, 16 de abril de 2009

Viridiana/II (en imágenes)

Y, bueno, para reflejar la controversia que generó la película en su estreno, nada mejor que la caricatura de Alberto Isaac, muy bien nombrada Vini, vidi, vinci




La caricatura refleja a la perfección los sentimientos que Buñuel causó entre la comunidad artística (sobretodo mexicana) cuando anunció que haría la película en España. Todos pensaron que la nostalgia le había ganado al director aragonés, así que, solamente para estar en su país natal, haría una película timorata y comprometida. Bueno... creo que el último cuadro de la caricatura refleja a la perfección lo que sucedió. Y en ese 'regalito' que Buñuel le dio a Franco, venía una imagen que ya pasó a la historia. No agrega, en realidad, nada a la historia, y la película no está lo suficientemente enraizada en la religión (como sí lo estaba, por ejemplo, Nazarín) como para que la imagen venga mucho al caso pero... Buñuel era, ante todo, un provocador.


Y, por último, la película sigue causando controversia hasta el día de hoy (bueno... al menos en el círculo de traumados amantes del cine). The Criterion Collection lanzó, en mayo de 2006, un magnífico DVD de esta película (widescreen, imagen casi perfecta y como extras un documental sobre Buñuel y entrevistas con Silvia Pinal y el historiador Richard Porton). Bueno, la portada para este DVD fue esta cosa:

Que, hasta eso, aunque es una aberración refleja bien la ya mencionada actitud provocadora de Buñuel (por cierto, me disculparán ustedes, no pude encontrar una imagen más grande). El caso es que esta portada sucitó tal serie de protestas entre los DVD-filos (sobretodo norteamericanos) que la portada tuvo que ser cambiada por otra, digamos más... clásica.







miércoles, 1 de abril de 2009

Viridiana



Viridiana. Dir. Luis Buñuel, 1960.

Para hablar de Viridiana, primero tengo que hablar de la historia detrás de Viridiana. Después de ganar el Gran Premio en Cannes con Nazarín (el perfecto preámbulo de Viridiana, por cierto), el régimen franquista invitó a Buñuel a volver a España. El mismo régimen que años antes lo había desterrado por exponer la miseria de la provincia española en Las hurdes (Tierra sin pan), ahora quiere aprovecharse de su éxito. Buñuel aceptó, con la condición única de que lo dejaran elegir a su productor. Eligió al hasta entonces mueblero Gustavo Alatriste, en ese entonces esposo de la actriz Silvia Pinal. Pinal cuenta que ella quería hacer una película con Buñuel y estuvo insistiendo hasta que, por fin, su esposo entró al quite para poner el dinero. Buñuel lo eligió porque, se dice, Alatriste no le puso ninguna restricción más allá del hecho de que su esposa estelarizara la película. La película se estrenó en Cannes, donde ganó la Palma de Oro. Al día siguiente, fue prohibida en España y en casi todas partes. ¿La razón? Se le consideró una película blasfema y altamente ofensiva. Si Viridiana sobrevivió es porque, entre Buñuel, Alatriste y Pinal lograron pasar una copia de contrabando a México. Viridiana adquirió, como Buñuel lo hizo muchos años antes, la nacionalidad mexicana. Y deberíamos estar orgullosos.

La novicia Viridiana (Silvia Pinal) está a punto de ponerse los hábitos definitivamente. Su tío, Don Jaime (Fernando Rey en el primero, y mejor, de los muchos viejos raboverdes que compondría para Buñuel) le pide que pase unos días con él. Viridiana va solamente por agradecimiento, ya que fue su tío quien pagó sus estudios. Resulta ser que Viridiana es igualita a su difunta tía, lo que despierta la pasión de Don Jaime. Por otro lado, Viridiana convence a Don Jaime de contactar a su hijo "natural", Jorge (Paco Rabal, en su segunda colaboración con Buñuel) que llegará a deslumbrar a Viridiana, y a la sirvienta Ramona (Margarita Lozano) con su mundanidad y aires citadinos, mientras (por razones que no revelaré) Viridiana intenta convertir la mansión del tío en un refugio para mendigos.

Buñuel en esta película apunta la mayoría (¡que no todos!) de sus cañones a una institución que hoy en día tiene más fuerza que nunca: la de la beneficencia. Los mendigos ya mencionados serán víctimas y victimarios, nunca beneficiarios, de la empresa de Viridiana. Hay muchos y muy variopintos: viejos, jóvenes, tuertos, leprosos, enanos... nunca, y esta fue seguramente la intención de Buñuel, inspiran compasión, ni lástima. La defensa de los pobres, dice Buñuel, puede ser también un acto de egoísmo. ¿O no lo hace Viridiana para expiar sus culpas? Otro ejemplo podría ser Don Jaime. Pagó los estudios de Viridiana, sí, pero quiere algo a cambio.

Hay una escena genial en la película en la que Jorge ve pasar a un perro atado a una carreta, lo que lo indigna. Compra, pues, al pobre perro. Suceden entonces dos cosas interesantes. Primero, ya que se van los hombres de la carreta, el perro quiere seguir con ellos. Segundo, justo cuando Jorge da la vuelta pasa otra carreta con otro perro, al que ya no ayuda pues no lo ve. Curiosamente, en un momento de la película Jorge también le dice a Viridiana que ayudando a unos cuantos mendigos no va a cambiar al mundo. El impulso de ayudar es, pues, natural hasta para el más cínico de los hombres pero, ¿de qué sirve si las personas en realidad no lo saben dar, ni recibir? Y es que Buñuel no se va contra la beneficencia per se, si no contra la manera en que la humanidad la da y, sobretodo, la recibe. Habrá que ver el berrinche que hacen los mendigos cuando se les anuncia que tienen que trabajar.

Por último, el final de Viridiana es, quizá, la prueba más grande del maravilloso talento de Buñuel. La película terminaba insinuando claramente un encuentro sexual, lo que no fue permitido por la censura española. Para solucionar esto, Don Luis cambió la escena por una partida de cartas... que vale por cinco menage a trois.

Cambio

Hay un cambio de administración jaja. Bueno no hay que ser tan drásticos. Ya no hablaré necesariamente de los estrenos porque, honestamente, ya me da flojera. Solamente hablaré de las películas que verdaderamente me parezcan interesantes. Aunque bueno, otras razones no pude hablar a tiempo de Watchmen (Snyder, 2009) que sí me pareció lo suficientemene interesante. Pero bueno... empezamos con Viridiana (Buñuel, 1961).