viernes, 14 de noviembre de 2008

Quantum of Solace



007: Quantum (Quantum of Solace). Dir. Marc Forster, 2008.


¡Bond's back! Después del éxito de Casino Royale, una de las mejores películas de la serie, Daniel Craig regresa como James Bond en Quantum of Solace, que es, además, una continuación directa del film anterior (para la trivia: la primera película jamesbondesca en ser una secuela directa). De hecho, Quantum of Solace inicia algo así como dos horas después de que Casino Royale termina, con James Bond trasladando a Mr. White (Jesper Christensen) a bordo de la cajuela de su Aston Martin, mientras alguien lo persigue. Después nos enteraremos que Mr. White no es nada más que un miembro de una organización mundial que, al parecer, es muy poderosa: S.P.E.C.T.R.E., digo, QUANTUM.

Quantum of Solace está aún más alejada de la tradición Bond que Casino Royale. Aquí si ya no hay, de plano, gadgets. El humor, salvo por momentos muy puntuales, brilla por su ausencia. La chica Bond de rigor se llama Camille (Olga Kurylenko, qué ojos), nomás (¿quiéren que les diga algunos nombres de Chicas Bond? Pussy Galore, Christmas Jones, Vesper Lynd...) y Bond y ella no tienen sexo. Aquí lo que mueve a Bond no es cumplir alguna misión que M (Judi Dench, aquí mejor y con más peso que en cualquier otra de sus participaciones como M) le ha asignado, si no la venganza por la muerte de Vesper. Nunca se pronuncia 'Bond, James Bond' ni nadie pide un vodka martini agitado, no revuelto.

Menos mal que no soy purista porque, a decir verdad, Quantum of Solace es todo lo adrenalínica que uno puede pedir. Quizá demasiado, y he ahí su peor defecto. Sobretodo en los primeros minutos de la película se siente que todo van a ser balazos y persecuciones, Bond corriendo por aquí, los demás disparándole por allá... luego la película se calma un poco y empieza lo bueno. Conocemos a no una sino dos chicas Bond (la otra, la agente Fields (guapa Gemma Anderton)) y encontramos a una M con más carácter que nunca. El villano, Dominic Greene (Mathieu Almaric, de El llanto de la mariposa) no tiene una característica singular, ni llora por el ojo, ni tiene una dentadura de metal... pero, a Dios gracias, la cara de Almaric es extraña y estamos ante un actor que logra dotar de interés al personaje.

¿Y lo realmente bueno? Los motivos, las razones por las que James Bond es lo que es. Cierto, Daniel Craig no tiene el charm de Sean Connery, y no podría esbozar la sonrisita sarcástica de Pierce Brosnan aunque su vida dependiera de ello. Su Bond es más crudo, más directo... es la otra cara de la moneda: la de la eterna soledad del espía al Servicio Secreto de su Majestad. Y a mí me resulta mucho más interesante esta cara, sin duda alguna.

No hay comentarios: