domingo, 28 de junio de 2009

Baby Star Trek


Jajaja... y que conste que Star Trek (JJ Abrams, 2009) me gustó bastante y me parece la película a vencer del verano (descontando Up que me pareció más que una cinta veraniega).
En otros asuntos (o en los mismos pero distintos, whatever) Nick & Norah's infinite playlist (Peter Sollet, 2008) es una chingonería en su género. La mejor comedia romántica que he visto en años. Más en la siguiente entrada.

martes, 23 de junio de 2009

Voy a explotar

Voy a explotar. Dir. Gerardo Naranjo, 2008.

Voy a explotar o la "nueva ola de cine mexicano". El tercer (nadie se explica por qué en el pasado festival de Guadalajara le dieron el premio a la mejor ópera prima) largometraje de Gerardo Naranjo es otra apropiación de la técnica y lenguaje clásicos de la nueva ola de cine francés. Y de las historias. Román (Juan Pablo de Santiago) y Maru (María Deschamps) son dos adolescentes totalmente inadaptados. Él fantasea con matar a sus profesores, ella se le pone al brinco a quien le dirija la palabra. Ambos hacen un plan para fugarse y esconderse... en la azotea de la casa de él, mientras el papá de Román, un político (ni tan) influyente (Daniel Giménez-Cacho) hace todo por encontrarlos, pero por debajo del agua, no se vaya a crear un escándalo.

Voy a explotar o l'amour fou a la mexicana. La relación de Maru y Román es, como en cualquier película homenaje a la nouvelle vague que se precie, totalmente autodestructiva. Homenajes a Godard por todos lados (los más obvios son a Alphaville y Pierrot el loco). Naranjo se siente mucho más agusto en los largos monólogos de Maru que en los n pleitos de los jóvenes. Y es que terminan siendo tantos que uno, inevitablemente, se cansa. La verdad sea dicha, Voy a explotar alcanza vuelos muy, muy altos pero que se pierden entre tanta paja. Digamos que de los 104 minutos de duración de la película, estamos hablando de 20 de gran cine.

Voy a explotar o la crítica al puritanismo mexicano. No es gratuito que la película se desarrolle en Guanajuato, por mucho la ciudad más 'mocha' de todo el país. No es gratuito que el personaje de Giménez-Cacho sea un político que busca, a toda costa, guardar las apariencias. En México, pues, hay que reprimir a los jóvenes porque en un país guadalupano no hay cabida para rebeldías, parece estarnos diciendo Naranjo (al iniciar la película, Román asiste a una escuela religiosa). Y a veces parece no haber más salida que desaparecer de la vista de todos.

sábado, 20 de junio de 2009

Gustos

Haciendo caso a Luis Buñuel, aquí les va una lista de muchos de mis gustos. Traté de ser, la mayoría de las veces, categórico. No sé si lo logré, pero sí se que el ejercici resultó ser muy interesante. Se los recomiendo a todos, y ahí de paso me conocen mejor ja.
Me gusta ver llover. Y oír llover. En pocas palabras, me gusta la lluvia. Aunque ese es un gusto que aquí en la Ciudad de México se ha ido desvaneciendo.
Me gustan las matemáticas. Mucho. Encuentro en ellas una belleza que muy difícilmente podría expresar con palabras.
Detesto a los bluff. Y vaya que conozco muchos. Aunque, como dice Aute, más que náusea dan tristeza...
Hablando de Aute, me gusta mucho la música de trova. Para ser honestos, no conozco toda la trova que quisiera. En cuanto a música, también me gusta el rock. Pero si de trova no conozco tanto como quisiera, de rock conozco muchísimo menos.
No me gustan mucho los directores contemporáneos. No se si por prejuicio. No me emocionan las películas nuevas de Tarantino, Guy Ritchie, Wes Anderson, Danny Boyle...
O más bien debería decir, no me gustan mucho todos los directores contemporáneos. Sí me emociona, por ejemplo, que David Cronenberg, Wong Kar-Wai o Lars von Trier saquen una película nueva. Creo que hay ciertos directores con los que aplica la frase 'El que no conoce a Dios, ante cualquier barbón se hinca.'
En cuanto a directores clásicos, Kurosawa no me gusta mucho. Aunque admito que hizo más de una gran película (Dersu Uzala, por citar sólo una) todas sus películas de samurais (con una excepción: Los siete samurais) me dan flojera.
No pude terminar de leer la trilogía de El señor de los anillos. Leí La comunidad del anillo y la mitad de Las dos torres. La capacidad descriptiva de Tolkien me parece, en una palabra, admirable, pero simple y sencillamente nunca me pude encontrar.
También tuve problemas para terminar El amor en los tiempos del cólera. Creo que lo empecé como tres veces, hasta que por fin lo terminé. Y me alegra haberlo hecho. Por el contrario, no me alegra haber empezado, y terminado, Memorias de mis putas tristes. Qué lástima leer a García Márquez refriteándose sus mejores trabajos.
No me gustan las faltas de ortografía. Mejor dicho, me ponen un tanto nervioso. Las faltas de ortografía que si me molestan son las que son a propósito, como sustuir la "qu" por una "k". No sé por qué. Es una manía que tengo.
Hablando de manías, me gustan mucho las manías. Y las "ideateces". No creo que haya ninguna persona sin manías. Y si la hay, siento lástima por esa persona.
No soy, y estoy muy lejos de ser, una persona deportista. En eso no me gusto para nada. En cuanto a ver deporte, lo disfruto, pero no me apasiona. Tengo amigos que casi se saben por completo la alineación de tal equipo de hace 20 años. Yo no. No soy así.
Hablando de amigos, no soy persona de muchos amigos, y creo que eso se nota. A veces me gustaría ser más sociable, pero estoy bien así. Tampoco soy un ermitaño.
No entiendo a los gays. No tengo nada en contra de ellos, simple y sencillamente no los entiendo. Por otro lado, me parece increíble como en años recientes el número de personas homosexuales ha aumentado considerablemente, como si fuera una moda. No lo entiendo.
Me considero una persona tolerante. Aunque también tengo mis ratos de tolerancia mínima, de los que a veces me arrepiento.
Casi no veo la tele. Antes sí. Ahorita si acaso veo Los Simpsons y Seinfeld.
De niño me gustaba ver Los caballeros del zodiaco, Dragon Ball Z y Power Rangers. También, aunque en menor medida, Los gatos samurai, Thundercats, He-Man... veo las caricaturas que pasan hoy, y no puedo sentir más que lástima por la niñez actual.
Me gusta el cine de Spielberg. No todas sus películas, por supuesto, pero creo que pocos manejan la técnica cinematográfica tan bien como él. La edición en sus películas es, la mayoría de las veces, impecable. Además, su filmografía está llena de imágenes icónicas. La pupila del tiranosaurio en Jurassic Park, el movimiento del agua en el vaso en la misma película, E.T. y sus amigos volando en biciclietas frente a la luna, la primera vez que vemos al Tiburón, la secuencia inicial de Rescatando al soldado Ryan, la roca gigante a punto de aplastar a Indiana Jones...
No me gusta dejar a medias una película. Aunque a veces es inevitable. Me he dormido, por ejemplo, en Inframundo y 40 días y 40 noches.
Me gusta el calor. Sobretodo si es en la playa. Lo prefiero mil veces por encima del frío. El frío hace que se me resequen los labios, y eso para mí es casi insoportable.
Me gusta el Nintendo, aunque ya rara vez juego. De Super Nintendo, mis juegos favoritos eran Super Street Fighter II y Donkey Kong Country II. De 64, por mucho, el Ocarina. El cubo ya no lo tuve, y el Wii tampoco (aunque mis papás lo tienen). Las consolas de Sony y Microsoft, en realidad nunca me han interesado.
Odiaba el Distrito Federal. Pero eso fue hace mucho, cuando iba llegando. Ahorita puedo decir que me gusta bastante.
Me gusta leer las críticas de películas, sin hacerles mucho caso en realidad. Por eso a veces no le encuentro caso a este blog. En cuanto a críticos, sólo puedo decir que confío en Ernesto Díezmartinez.

jueves, 18 de junio de 2009

Full Metal Jacket



Cara de guerra (Full metal jacket). Dir. Stanley Kubrick, 1987.

A Kubrick vaya que le costaba decidirse por un proyecto. Después de terminar El resplandor (The shining/1980) el director neoyorquino se dio a la tarea de investigar para su proyecto que jamás se realizaría, The aryan papers (Los documentos arios). Después de muchos años de investigar y darse por vencido, Kubrick prefirió voltear hacia la guerra de Vietnam. Al fin y al cabo, ya había realizado dos películas bélicas (el drama La patrulla infernal (Paths of glory/1958) y la comedia Dr. Insólito (Dr. Strangelove or: How I Learned to stop worrying and love the bomb/1964)) y, con Pelotón (Platoon/Oliver Stone,1986), las películas de guerra se habían puesto de moda.

Así pues, tenemos Cara de guerra. La película está claramente dividida en dos partes, y por lo mismo así lo estará esta reseña.

La primera parte: el entrenamiento. El film abre con tomas de jóvenes recién enlistados en el ejército siendo rapados completamente para inmediatamente después ser dejados a las sauces del lobo. O del general Hartman (interpretado por el verdadero general Lee Ermey) quien maltrata a diestra y siniestra a los pobres reclutas. Los jóvenes son, pues, basura, y el general los tratará como tal hasta que se muestren capaces de obtener un título militar. Hasta que las armas se vuelvan una extensión de ellos. This is my rifle. There are many like it but this one is mine. My rifle is my best friend. It is my life (Éste es mi rifle. Hay muchos como él pero este es mío. Mi rifle es mi mejor amigo. Es mi vida) recitan los aspirantes a soldados. Y así se presenta una de las constantes del cine de Kubrick: la lenta, progresiva, deshumanización de la que sufre la, valga la redundancia, humanidad. Al ejército no le interesan las personas, les interesan las máquinas de matar, parece estar queriéndonos decir Kubrick. Y qué maravilla cuando nos lo dice con una formalidad impresionante, tomas meticulosamente compuestas y, en una de esas, toques de humor.

La segunda parte: la guerra. Donde los que pasaron la prueba demostrarán todo lo que “aprendieron” durante su entrenamiento. In Vietnam the wind doesn’t blow, it sucks (En Vietnam el viento no sopla, apesta) decía la frase promocional de la película por allá de su año de estreno, 1987. Y esta parece ser la actitud de todos los que están ahí. En una guerra totalmente ajena a sus intereses, en la que para divertirse tienen que irse a matar vietnamitas. Cierto es que en esta segunda mitad la película se le cae un poco a Kubrick. Tiende a ser un poco cansada y repetitiva pero, al fin y al cabo, certera en su crítica . De la que, por cierto, no se escapa nadie. Ni los medios de comunicación, ni mucho menos Mickey Mouse.

domingo, 7 de junio de 2009

Happy-Go-Lucky




Happy-Go-Lucky. Dir. Mike Leigh, 2008.

Poppy (Sally Hawkins) es una maestra de primaria que vive, así sin más, feliz. Ella irradia felicidad aún cuando el mundo a su alrededor haga todo lo contrario. Irradia felicidad aún cuando el dependiente de la librería simple y llanamente la ignore. Irradia felicidad aún cuando un quiropráctico le esté acomodando una vértebra dislocada. Irradiafelicidad aún cuando le robaron su bicicleta. Irradia felicidad aún cuando está en sus clases de manejo con un profesor anticuado, machista, racista, fanático, amargado (Eddir Marsan).

El décimo largometraje del director inglés Mike Leigh (Naked, Vera Drake) parece ir a contracorriente con el resto de su filmografía. Happy-Go-Lucky irradia alegría y no solamente a través de su protagonista. También a través de la fotografía, la banda sonora y hasta la edición (barridos a la Star Wars). Happy-Go-Lucky es, qué duda cabe, una de las películas más alegres del año, y una de esas raras ocasiones en las que la forma empata a la perfección con el fondo.

Pero no hay que dejarse engañar. En algún momento de la película alguien le dice a Poppy que no puede hacer feliz a todo mundo. Mike Leigh lo sabe y Happy-Go-Lucky logra sus mejores momentos cuando enfrenta a su protagonista con una realidad constantemente cruel. Con dos niños que se pelean, con un triste vagabundo, incluso con su profesor de manjeo... son estos momentos cuando nos damos cuenta que Poppy no es una idiota que finge ser feliz, si no que es alguien feliz, que trata de contagiar su felicidad... pero que tiene límites, y lo sabe. Lo que no impide que siga intentando. La secuencia del vagabundo es, en especial, memorable.

Párrafo aparte merece Sally Hawkins. Injustamente olvidada en las premiaciones, logra convertir a Poppy en una persona real. Poppy es, pues, posible. Y todos deberíamos de ser un poco como ella, aunque sea de vez en cuando.

viernes, 1 de mayo de 2009

Dekalog

Decálogo (Dekalog). Dir. Krzsysztof Kieslowski
(Esta entrada se irá actualizando al ritmo que veo los 10 capítulos)

Decálogo I. (Amarás a Dios sobre todas las cosas) Un niño está al cuidado de su padre y de su tía. Su padre, muy lógico, confía todo a su computadora y a sus cálculos. Su tía, por otro lado, es una persona muy religiosa. Sostiene, recordándome por cierto a un gran amigo mío, que "God is simple, if you have faith". Una tragedia pondrá a prueba a ambos. La tragedia, cierto, se ve venir, pero no por eso pierde una pizca de su fuerza. Dios, al final, siempre estará ahí. Una obra fuerte, contundente y, al final, conmovedora. Por cierto, la actuación del padre (Wojciech Klata) es genial.
Decálogo II. (No jurarás en nombre de Dios en vano) El marido de una mujer está muriendo. Ella va con el médico con un gran dilema: está esperando un hijo de otro hombre y no sabe si abortar. Si el médico le garantiza que su esposo sobrevivirá, abortará; si, por el contrario, el médico le asegura que su esposo morirá, tendrá a su hijo. La anécdota ya es muy interesante, sin embargo, uno siente que Kieslowski se quedó corto de tiempo. Eso sí, el mediometraje está construido alrededor de una escena fuerte y directa, filmada casi enteramente en primerísimos planos, que nos dejan ver que el gran dilema no es de la mujer, si no del médico.
Decálogo III. (Santificarás las fiestas) Durante la Noche Buena, una mujer le pide a un hombre con el que tuvo un amorío tres años atrás que le ayude a buscar a su esposo. Una anécdota simple que se alarga demasiado, aderezada con unos toques de "humor" que jamás vienen al caso. Acaso hay una o dos tomas interesantes, todo lo demás es un desperdicio de tiempo.
Decálogo IV. (Honrarás a tu padre y a tu madre) Una joven desobedece a su padre y descubre un secreto que la cambia por completo. Un complejo estudio de una atípica relación padre-hija, bellamente filmado y aún mejor actuado. Kieslowski, como en todos los capítulos hasta el momento, se vale mucho de los primeros planos. La sorpresa, estilísticamente hablando, es que aquí los planos de paisaje también son importantes. Vienen a resaltar la soledad y el desconcierto. Quizá la resolución final sea un tanto (de hecho es demasiado) simplista, pero eso no les resta fuerza a los primeros 40 minutos.

domingo, 19 de abril de 2009

Eyes wide shut



Ojos bien cerrados (Eyes wide shut). Dir. Stanley Kubrick, 1999.

Ojos bien cerrados es una película profundamente malinterpretada. Simple y sencillamente no está hecha para ser tomada literalmente. Es, de hecho, más cercana a un sueño que a la realidad. Desde el primer plano de la película, con Alice Harford (Nicole Kidman) de espaldas, dejando caer su vestido, la sensación de irrealidad en el film es palpable, con el grano de la película reventadísimo y la iluminación claramente artificial, lo que hace a la película verse como un producto amateur-ish, contrario a lo que todo mundo se esperaba, dada la maestría formal de Stanley Kubrick. Pero cuando el resto de la película lidia con sueños, frustraciones, paranoias... ¿realmente la película es amateur o es el producto de un maestro en pleno dominio de su creatividad? Kubrick, en su último largometraje, se había adelantado una vez más a su época, y a la vez no.

Se había adelantado a su época porque la película parece una obra más mesurada, más rica y más auténtica de uno de los cineastas más respetados de la actualidad: David Lynch. El surrealismo inherente a la película y la desfragmentación de la imagen fílmica es el camino que está siguiendo el cine hoy en día. Y no, porque en una época en donde la estética MTV y los cortes instantáneos lo dominaban todo (y lo siguen haciendo, vean Quantum of Solace o chéquense esto si no) Kubrick decidió hacer su película a la manera de la vieja escuela: ritmo controlado, tomas y secuencias largas y ricas en detalle y hasta formato full frame (proporción 1.33:1, más cuadrado que los más utilizados 1.66:1, 1.75:1 y 2.35:1... como una televisión no widescreen) que dejó de usarse casi en su totalidad en los 60's.

Ojos bien cerrados cuenta la historia del matrimonio Harford: Bill (Tom Cruise) y Alice. Durante una fiesta navideña (¿por qué Ziegler (Sydney Pollack) nos sigue invitando cada año?) Bill se encuentra con un viejo amigo de la Facultad de Medicina, Nick Nightingale (el ahora director Todd Field). Mientras tanto, un húngaro intenta seducir a Alice. Bill, por su parte, ha dejado a Nick para dejarse llevar alegremente por dos modelos. Ninguno de los dos concretará. Ella porque pone su matrimonio de por medio. Él porque Ziegler requiere sus servicios médicos con una mujer que, a causa de una sobredosis, se desmayó en su baño. Días después, al calor de una sesión de marihuana, Alice le confesará a Bill que una vez estuvo a punto de dejarlo todo por un oficial de marina. Literalmente: todo. ¿Será esto cierto o no? En todo caso, la marihuana abona bien la ambigüedad. La actuación de Nicole Kidman en esta secuencia es impresionante: fría y apasionada, directa y perdida sin que esto conlleve ninguna contradicción. Una llamada de un paciente que acaba de morir hace que Bill tenga que salir de casa. Conmocionado, el médico evitará a toda costa regresar esa noche, lo que lo llevará a tener una serie de encuentros, todos ellos con una carga sexual más o menos fuerte. En cierto punto, la película recuerda a aquellos burgueses que no podían cenar en El discreto encanto de la burguesía de Buñuel. Bill quiere (no precisamente cenar, por cierto) pero no puede. En este sentido, Ojos bien cerrados es también una comedia sobre cómo Tom Cruise no puede tener sexo.

El relato alcanza un clímax cuando Bill va a caer, guiado por Nick, en una orgía que se desarrolla en una mansión a fueras de la ciudad. La puesta en escena es grandielocuente, operística y embrujante. Los travellings, las máscaras, las tomas fijas... y qué mujeres. A partir de este momento, también, la música será uno de los personajes principales de Eyes wide shut. El uso que Kubrick hace de las notas de Musica Ricercatta, II de Gyorgy Lygeti potencia el suspenso y ubica, en mi canon, el score de la película como uno de los mejores de la historia, comparable al de 2001 del propio Kubrick (con música de Gyorgy Lygeti también).

El resto es el viaje de regreso. Ojos bien cerrados es una road movie de ida y vuelta. La ida está encaminada a crear el misterio, la vuelta a resolverlo. La ida a crear hilos narrativos, el regreso a cerrarlos. Si es que se puede, por supuesto. La película está estructurada en secuencias largas y asfixiantes, cada una con su propia lógica, estética y composición. Y en cada hilo narrativo hay dos secuencias: la de ida y la de vuelta.

Por último, Eyes wide shut es también el nacimiento de un nuevo género. El del thriller erótico. Aunque ya había películas que lo anunciaban (Bajos instintos se me viene a la mente) esta fue la primer película en ofrecer cantidades generosas tanto de thriller como de erotismo. Por el lado del erotismo, mujeres hermosas, desnudas, (abriendo con la propia Nicole Kidman, como ya lo mencioné) circulan por el film de principio a fin. Por el lado de thriller, el largometraje está impregnado con la sensación de que muy pronto algo terrible le sucederá a Bill Harford.

Kubrick, en su última película, logró su obra maestra.

jueves, 16 de abril de 2009

Viridiana/II (en imágenes)

Y, bueno, para reflejar la controversia que generó la película en su estreno, nada mejor que la caricatura de Alberto Isaac, muy bien nombrada Vini, vidi, vinci




La caricatura refleja a la perfección los sentimientos que Buñuel causó entre la comunidad artística (sobretodo mexicana) cuando anunció que haría la película en España. Todos pensaron que la nostalgia le había ganado al director aragonés, así que, solamente para estar en su país natal, haría una película timorata y comprometida. Bueno... creo que el último cuadro de la caricatura refleja a la perfección lo que sucedió. Y en ese 'regalito' que Buñuel le dio a Franco, venía una imagen que ya pasó a la historia. No agrega, en realidad, nada a la historia, y la película no está lo suficientemente enraizada en la religión (como sí lo estaba, por ejemplo, Nazarín) como para que la imagen venga mucho al caso pero... Buñuel era, ante todo, un provocador.


Y, por último, la película sigue causando controversia hasta el día de hoy (bueno... al menos en el círculo de traumados amantes del cine). The Criterion Collection lanzó, en mayo de 2006, un magnífico DVD de esta película (widescreen, imagen casi perfecta y como extras un documental sobre Buñuel y entrevistas con Silvia Pinal y el historiador Richard Porton). Bueno, la portada para este DVD fue esta cosa:

Que, hasta eso, aunque es una aberración refleja bien la ya mencionada actitud provocadora de Buñuel (por cierto, me disculparán ustedes, no pude encontrar una imagen más grande). El caso es que esta portada sucitó tal serie de protestas entre los DVD-filos (sobretodo norteamericanos) que la portada tuvo que ser cambiada por otra, digamos más... clásica.







miércoles, 1 de abril de 2009

Viridiana



Viridiana. Dir. Luis Buñuel, 1960.

Para hablar de Viridiana, primero tengo que hablar de la historia detrás de Viridiana. Después de ganar el Gran Premio en Cannes con Nazarín (el perfecto preámbulo de Viridiana, por cierto), el régimen franquista invitó a Buñuel a volver a España. El mismo régimen que años antes lo había desterrado por exponer la miseria de la provincia española en Las hurdes (Tierra sin pan), ahora quiere aprovecharse de su éxito. Buñuel aceptó, con la condición única de que lo dejaran elegir a su productor. Eligió al hasta entonces mueblero Gustavo Alatriste, en ese entonces esposo de la actriz Silvia Pinal. Pinal cuenta que ella quería hacer una película con Buñuel y estuvo insistiendo hasta que, por fin, su esposo entró al quite para poner el dinero. Buñuel lo eligió porque, se dice, Alatriste no le puso ninguna restricción más allá del hecho de que su esposa estelarizara la película. La película se estrenó en Cannes, donde ganó la Palma de Oro. Al día siguiente, fue prohibida en España y en casi todas partes. ¿La razón? Se le consideró una película blasfema y altamente ofensiva. Si Viridiana sobrevivió es porque, entre Buñuel, Alatriste y Pinal lograron pasar una copia de contrabando a México. Viridiana adquirió, como Buñuel lo hizo muchos años antes, la nacionalidad mexicana. Y deberíamos estar orgullosos.

La novicia Viridiana (Silvia Pinal) está a punto de ponerse los hábitos definitivamente. Su tío, Don Jaime (Fernando Rey en el primero, y mejor, de los muchos viejos raboverdes que compondría para Buñuel) le pide que pase unos días con él. Viridiana va solamente por agradecimiento, ya que fue su tío quien pagó sus estudios. Resulta ser que Viridiana es igualita a su difunta tía, lo que despierta la pasión de Don Jaime. Por otro lado, Viridiana convence a Don Jaime de contactar a su hijo "natural", Jorge (Paco Rabal, en su segunda colaboración con Buñuel) que llegará a deslumbrar a Viridiana, y a la sirvienta Ramona (Margarita Lozano) con su mundanidad y aires citadinos, mientras (por razones que no revelaré) Viridiana intenta convertir la mansión del tío en un refugio para mendigos.

Buñuel en esta película apunta la mayoría (¡que no todos!) de sus cañones a una institución que hoy en día tiene más fuerza que nunca: la de la beneficencia. Los mendigos ya mencionados serán víctimas y victimarios, nunca beneficiarios, de la empresa de Viridiana. Hay muchos y muy variopintos: viejos, jóvenes, tuertos, leprosos, enanos... nunca, y esta fue seguramente la intención de Buñuel, inspiran compasión, ni lástima. La defensa de los pobres, dice Buñuel, puede ser también un acto de egoísmo. ¿O no lo hace Viridiana para expiar sus culpas? Otro ejemplo podría ser Don Jaime. Pagó los estudios de Viridiana, sí, pero quiere algo a cambio.

Hay una escena genial en la película en la que Jorge ve pasar a un perro atado a una carreta, lo que lo indigna. Compra, pues, al pobre perro. Suceden entonces dos cosas interesantes. Primero, ya que se van los hombres de la carreta, el perro quiere seguir con ellos. Segundo, justo cuando Jorge da la vuelta pasa otra carreta con otro perro, al que ya no ayuda pues no lo ve. Curiosamente, en un momento de la película Jorge también le dice a Viridiana que ayudando a unos cuantos mendigos no va a cambiar al mundo. El impulso de ayudar es, pues, natural hasta para el más cínico de los hombres pero, ¿de qué sirve si las personas en realidad no lo saben dar, ni recibir? Y es que Buñuel no se va contra la beneficencia per se, si no contra la manera en que la humanidad la da y, sobretodo, la recibe. Habrá que ver el berrinche que hacen los mendigos cuando se les anuncia que tienen que trabajar.

Por último, el final de Viridiana es, quizá, la prueba más grande del maravilloso talento de Buñuel. La película terminaba insinuando claramente un encuentro sexual, lo que no fue permitido por la censura española. Para solucionar esto, Don Luis cambió la escena por una partida de cartas... que vale por cinco menage a trois.

Cambio

Hay un cambio de administración jaja. Bueno no hay que ser tan drásticos. Ya no hablaré necesariamente de los estrenos porque, honestamente, ya me da flojera. Solamente hablaré de las películas que verdaderamente me parezcan interesantes. Aunque bueno, otras razones no pude hablar a tiempo de Watchmen (Snyder, 2009) que sí me pareció lo suficientemene interesante. Pero bueno... empezamos con Viridiana (Buñuel, 1961).