domingo, 16 de agosto de 2009

Im Winter ein Jahr




Hace un año en invierno (Im Winter ein Jahr). Dir. Carole Link, 2008.


La cinematografía alemana es, qué duda cabe, la más fuerte de esta década. Desde Tom Tykwer (Corre Lola Corre/Lola rennt/1998, En el Cielo/Heaven/2002) a Fatih Akin (A la orilla del Cielo/Auf der anderen seite/2007) pasando por Florian Henckel von Donnersmarck (La vida de los otros/Das leben der anderen/2006) (¡y los que no llegan a México!) los alemanes han demostrado, últimamente, que tienen una gran variedad de temas y, más aún, que saben cómo contarlos. En el 2003, la directora Carole Link ganó el Oscar a la Mejor película extranjera con su cursi/convencional/sosa película En algún lugar de África/Nirgendwo in Afrika/2001. Después... 7 años de silencio. Ahora, la alemana por fin regresa con Hace un año en invierno, una película mucho más sincera, mucho más arriesgada y, por lo tanto, considerablemente mejor.


La películia lidia con Lilli Richter (vulnerable Karoline Herfurth) una bailarina que tiene que, a regañadientes, asistir con el pintor Max Hollander (Josef Bierbichler) para un retrato de ella y su hermano, Alexander (Cyril Sjöström) muerto hace un año en un "accidente de caza". Lilli tenía una relación muy estrecha con Alexander, y ahora teme que su mamá (Corinna Harfouch) utilice la figura de su hermano como una simple pieza decorativa. Las sesiones entre pintor y modelo terminarán siendo mucho más reveladoras de lo que en un principio se esperaba. Ella, una bailarina autodestructiva a quien no le importa perder el papel principal en una obra con tal de irse a fumar y beber o con su recién adquirido novio (Misel Maticevic) y que, además, no puede librarse de la figura de su hermano. Él, casi un ermitaño que vive entre cuadros de personas muertas, quizá arrepentido de una aventura que tuvo años atrás y que lo separó de su familia y, sobre todo, de su hijo, curiosamente de la misma edad de Alexander. El cuadro, pues, terminará actuando como un puente entre estos dos personajes.


La descripción que acabo de dar es, aunque larga, bastante escueta y es que aún cuando la historia no es demasiado complicada, los personajes sí lo son. Y aquí encontramos la primera de las muchas virtudes del film. La información (a falta de mejor término) que nos permite ir comprendiendo los motivos de estas dos personas (y de Alexander: su presencia, o falta de, tiene peso durante todo el metraje) es revelada de manera precisa, justa. Nunca completamente, pues lo de Link no son las salidas fáciles ni el psicoanálisis barato, y comprende que a veces las conclusiones están de más. La relación entre Lilli y Max, por ejemplo, no queda del todo clara, quizá porque no es del todo clara ni siquiera para ellos dos.


La película toca muchos temas, algunos de ellos quizá tangencialmente. La mayoría escabrosos, pesados, hasta un tanto abrumadores. Pero Link lo hace con sensibilidad, comprende que el acto per se no tiene importancia si no conocemos a la persona y entonces crea a uno de los personajes femeninos más interesantes del cine reciente. Muy ayudada, claro está, por Herfurth, quien tiene una belleza casi etérea que contrasta con su personaje y que, amén de su extraordinaria interpretación, le da más matices. No se queda atrás (o en todo caso no mucho) Bierbichler, quien interpreta a Max con el hermetismo adecuado.


Por último, porque creo que ya me extendí demasiado, quisiera recalcar la forma de la película. La confrontación es uno de los temas que con mayor profundidad toca la película (confrontación con uno mismo, confrontación con los demás, confrontación como una manera de expiación) y la forma de la película es así, totalmente confrontante. Los cortos muy bruscos, como queriendo destantear al espectador. La fotografía bella y exhasperante. La música inquieta en momentos clave de la película. No estamos ante la película más cómoda, o más placentera. Una película que no cabe en una reseña (al menos no en una mía) de esas que hacen que uno salga inquieto, cabizbajo, rumiando la obra mayor que acaba de ver.


*Vista, gracias a Marinie, en la 8va. Semana de Cine Alemán en la Cineteca Nacional. No creo que se vaya a estrenar comercialmente pronto... de hecho, dudo que se vaya a estrenar comercialmente.

viernes, 17 de julio de 2009

Harry Potter & the Half-Blood Prince


Es interesante cómo han ido evolucionando las películas de Harry Potter. Después de dos entregas no malas, sino simplemente mediocres dirigidas por el muggle Chris Columbus (The philosopher's stone/2001 y The chamber of secrets/2002) la saga encontró, finalmente, una voz y estilo propios bajo el mando de nuestro paisano Alfonso Cuarón (The prisioner of Azkaban/2004) para después moverse a terrenos más oscuros (The globet of fire/Mike Newell, 2005) y más adultos (The order of the phoenix/David Yates, 2007). Yates se convertiría, a la postre, en el cineasta de cabecera de la serie, y así llega The Half-Blood Prince, sexta de las ocho películas que conformarán la saga cinematográfica (los libros de JK Rowling son "sólo" 7) y segunda de las cuatro que dirigirá Yates.

Al inicio de la película nos queda muy claro (en realidad supongo que ya nos había quedado claro, pero por si se nos había olvidado) que Lord Voldemort ha vuelto. Esto se siente tanto en la comunidad mágica como en el mundo muggle (digo, no es que los muggles se den mucha cuenta pero definitivamente lo sienten). Cuando vemos por primera vez a Harry (Daniel Radcliffe) está en una cafetería flirteando muy alegremente con la mesera... al final no puede hacer nada, porque se aparece el inoportuno de Dumbledore (Michael Gambon) y empieza la aventura (por mucho que Harry hubiese preferido quedarse con la mesera). Resulta ser que Dumbledore tiene sospechas sobre el pasado de Voldemort que compartirá (y confirmará) con Harry. Por supuesto, hay un nuevo profesor en Hogwarts, Horace Slughorn (estupendo Jim Broadbent) que para nuestra sorpresa enseñará Pociones, porque el puesto de profesor de Defensa contra las Artes Oscuras ha ido para el profesor Snape (Alan Rickman) (ha de tener tratos con la Gordillo). Mientras tanto, Draco Malfoy (sorprendente Tom Felton) actúa más sospechoso que nunca y los alumnos de sexto de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería se comportan como deberían, es decir, cuando no están ligando están fajando.

Hay algo bueno y refrescante en la sexta entrega de la saga de Harry Potter. En éste, su tercer largometraje, Mr. Yates se siente más seguro sin abandonar del todo su estilo que, sí, está muy alejado del portentuoso desmadre de nuestro paisano Cuarón o de la maestría técnica de Newell, pero a Dios gracias está aún más lejos del servicial Chris Columbus. Es decir, David Yates tiene un estilo propio y en esta ocasión se siente más fluido que en La orden del fénix. Hay tantos jump-cuts que uno luego se pregunta si no anduvo Godard en la sala de edición (y aquí le pregunto yo a usted mi querido lector: ¿algún otro blockbuster que recuerde donde sea tan clara la influencia de la nouvelle vague?). El estilo visual se siente muy cuidado e improvisado a la vez, gracias a la cámara de Bruno Delbonnel. Yates y el guionista Steven Kloves cambian, quitan e insertan situaciones en pos de una película dinámica y, sobre todo, divertida. Es notable como logran integrar varios hilos narrativos sin perder de vista a la gran mayoría de ellos, y es más notable puesto que esto se logra en términos puramente de imágenes.

El gran problema de Harry Potter & the Half-Blood Prince es que no queda claro a quién está dirigida. A los fans from hell de Harry Potter no, pues la gran mayoría de ellos van a salir ardidísimos por todos los cambios que le hicieron a la intocable novela. A decir verdad, estos cambios en su mayoría funcionan y hacen a la película más digerible para todos aquellos que no se han acercado al universo literario de la señora Rowling. Aunque estos también se quedarán con muchas dudas, pues a ratos parece que a Yates y Kloves no los dejaron hacer los cambios suficientes para que su adaptación terminara de funcionar. ¿Qué impacto dramático tiene, por ejemplo, enterarnos de la identidad del Príncipe Mestizo si durante toda la película no fue más que el instrumento de Harry para sacar dieces?

Pero bueno... The half-blood prince sigue siendo una película notable. Combina bien elementos de comedia y romance al mismo tiempo que no descuida un segundo el desarrollo de sus tres personajes principales, tiene un anti-clímax funcional (aunque a decir verdad no tan efectivo como uno hubiera querido) y, ya al final, llega a ser genuinamente conmovedora. Si esto no los satisface entonces no se qué lo hará.
Harry Potter y el misterio del príncipe (Harry Potter & the Half-Blood Prince). Dir. David Yates, 2009.

jueves, 16 de julio de 2009

Nota sobre HP6


Cuando lean esto seguramente ya habrán visto Harry Potter & the Half-Blood Prince (Yates, 2009) pero no me importa. Yo tengo esperanzas de verla mañana (16/07/09) o si no ya me fregué hasta bien entrada la próxima semana. Pero bueno... para prepararme, leí el libro ¿y saben qué? es LA mamada. Un timing perfecto, emocionante, chistoso, emotivo. Quizá el más profundo de los 7 libros de Harry Potter, es en el que todo hace sentido. Al final, por supuesto, quedan muchos cabos por atar, pero lo impresionante es que no por eso el libro se siente incompleto. A pesar de ser el sexto de siete libros, The Half-Blood Prince (así como todos los de la serie) tiene una estructura narrativa propia, autocontenida.

Pero vamos a lo que vamos (¿si no a dónde vamos?). Hay un capítulo en Harry Potter 6 que es increíblemente cinematográfico. Me refiero específicamente al capítulo 24, Sectumsempra. No lo voy a contar, así que este post va dirigido especialmente a los que ya tuvieron el enorme placer de leer el libro. Éste capítulo sería chingonsísimo verlo dirigido no por Guillermo del Toro, ni Terry Gilliam o Peter Jackson. Sería chingonsísimo verlo dirigido por David Cronenberg. Es brutal y directo, y al mismo tiempo de una sutileza extraordinaria sin que esto implique contradicción alguna. Por supuesto, no me espero absolutamente nada de eso en la película de David Yates, pero qué bonito sería.

Qué interesante sería ver versiones unrated de las películas de Harry Potter. O dirigidas por gente como Cronenberg, Wes Craven, Dario Argento... que exploten las cualidades oscuras que tienen estos libros. Pero ya, esto no va a pasar. Me conformo (¡conformista! dirán algunos) con las películas que existen. Que qué mal empezaron pero que han ido de menos a más. A ver qué tal nos resulta este Príncipe Mestizo.

lunes, 29 de junio de 2009

Nick & Norah's infinite playlist

Nick & Norah: una noche de música y amor (Nick & Norah's infinite playlist). Dir. Peter Sollet, 2008.

Nick (Michael Cera) simple y sencillamente no puede olvidar a su ex, Tris (Alexis Dziena). No puede dejar de hacerle discos y discos y más discos. Lo que no sabe es que estos discos no llegan a Tris, sino a Norah (Kat Dennings). Norah no conoce a Nick, pero juzgando por sus discos cree que son almas gemelas musicales. Nick tiene una banda, The Jerkoffs, formada por él y sus amigos que, por cierto, son gays. En una tocada a la que asisten Norah, Tris y la mejor amiga de Norah, Caroline (Ari Graynor). Norah, para no quedar mal con Tris, pide a Nick (sin saber que es el ex de Tris) que finjan que son novios. Mientras tanto, Caroline se pone pero hasta su madre, por lo que Norah y Nick tienen que llevarla a su casa. Los amigos de Nick tienen un plan para emparejarlo con Norah. Mientras tanto, todos buscan a Fluffy, una banda indie neoyorquina que anuncia sus conciertos pero no donde serán.

A ver, desde que empieza la película uno sabe en qué terminará. O quizá desde antes que empiece, el título ya es bastante explícito. La película no guarda en realidad ninguna sorpresa y el relato es totalmente lineal. ¿En dónde radica, entonces, el encanto de este film? Nada más y nada menos que en su sencillez. Nick & Norah no pretende ser absolutamente nada más que una comedia romántica juvenil, y justamente eso es lo que logra, pero no solamente lo logra.

La química entre los dos protagonistas se nota. Tanto Michael Cera como Kat Dennings son conocidos por sus decisiones profesionales poco comunes, aspecto que se nota en su manera de actuar y es justamente por eso que ellos dos eran los indicados para interpretar a Nick y Norah, respectivamente. El reparto es adecuado, nadie está mal y nadie está de más. La historia se desarrolla ágilmente (la película es corta, menos de hora y media) y uno no pierde nunca el interés, lo que es admirable ya que estamos ante una trama muy sencilla. Pero sobre todo, lo que me ganó de Nick & Norah es el mood. La ambientación, la música... la película transcurre toda en un día, casi toda en una noche, de un bar a otro, en una tienda 24/7, en el Yugo de Nick... y todos estos lugares se sienten como los adecuados, los correctos. Lugares que existen y a los que todos podríamos ir en una noche de peda... ya que encontremos a Norah, claro.



Ja, qué cursi/mamón me oí.

domingo, 28 de junio de 2009

Baby Star Trek


Jajaja... y que conste que Star Trek (JJ Abrams, 2009) me gustó bastante y me parece la película a vencer del verano (descontando Up que me pareció más que una cinta veraniega).
En otros asuntos (o en los mismos pero distintos, whatever) Nick & Norah's infinite playlist (Peter Sollet, 2008) es una chingonería en su género. La mejor comedia romántica que he visto en años. Más en la siguiente entrada.

martes, 23 de junio de 2009

Voy a explotar

Voy a explotar. Dir. Gerardo Naranjo, 2008.

Voy a explotar o la "nueva ola de cine mexicano". El tercer (nadie se explica por qué en el pasado festival de Guadalajara le dieron el premio a la mejor ópera prima) largometraje de Gerardo Naranjo es otra apropiación de la técnica y lenguaje clásicos de la nueva ola de cine francés. Y de las historias. Román (Juan Pablo de Santiago) y Maru (María Deschamps) son dos adolescentes totalmente inadaptados. Él fantasea con matar a sus profesores, ella se le pone al brinco a quien le dirija la palabra. Ambos hacen un plan para fugarse y esconderse... en la azotea de la casa de él, mientras el papá de Román, un político (ni tan) influyente (Daniel Giménez-Cacho) hace todo por encontrarlos, pero por debajo del agua, no se vaya a crear un escándalo.

Voy a explotar o l'amour fou a la mexicana. La relación de Maru y Román es, como en cualquier película homenaje a la nouvelle vague que se precie, totalmente autodestructiva. Homenajes a Godard por todos lados (los más obvios son a Alphaville y Pierrot el loco). Naranjo se siente mucho más agusto en los largos monólogos de Maru que en los n pleitos de los jóvenes. Y es que terminan siendo tantos que uno, inevitablemente, se cansa. La verdad sea dicha, Voy a explotar alcanza vuelos muy, muy altos pero que se pierden entre tanta paja. Digamos que de los 104 minutos de duración de la película, estamos hablando de 20 de gran cine.

Voy a explotar o la crítica al puritanismo mexicano. No es gratuito que la película se desarrolle en Guanajuato, por mucho la ciudad más 'mocha' de todo el país. No es gratuito que el personaje de Giménez-Cacho sea un político que busca, a toda costa, guardar las apariencias. En México, pues, hay que reprimir a los jóvenes porque en un país guadalupano no hay cabida para rebeldías, parece estarnos diciendo Naranjo (al iniciar la película, Román asiste a una escuela religiosa). Y a veces parece no haber más salida que desaparecer de la vista de todos.

sábado, 20 de junio de 2009

Gustos

Haciendo caso a Luis Buñuel, aquí les va una lista de muchos de mis gustos. Traté de ser, la mayoría de las veces, categórico. No sé si lo logré, pero sí se que el ejercici resultó ser muy interesante. Se los recomiendo a todos, y ahí de paso me conocen mejor ja.
Me gusta ver llover. Y oír llover. En pocas palabras, me gusta la lluvia. Aunque ese es un gusto que aquí en la Ciudad de México se ha ido desvaneciendo.
Me gustan las matemáticas. Mucho. Encuentro en ellas una belleza que muy difícilmente podría expresar con palabras.
Detesto a los bluff. Y vaya que conozco muchos. Aunque, como dice Aute, más que náusea dan tristeza...
Hablando de Aute, me gusta mucho la música de trova. Para ser honestos, no conozco toda la trova que quisiera. En cuanto a música, también me gusta el rock. Pero si de trova no conozco tanto como quisiera, de rock conozco muchísimo menos.
No me gustan mucho los directores contemporáneos. No se si por prejuicio. No me emocionan las películas nuevas de Tarantino, Guy Ritchie, Wes Anderson, Danny Boyle...
O más bien debería decir, no me gustan mucho todos los directores contemporáneos. Sí me emociona, por ejemplo, que David Cronenberg, Wong Kar-Wai o Lars von Trier saquen una película nueva. Creo que hay ciertos directores con los que aplica la frase 'El que no conoce a Dios, ante cualquier barbón se hinca.'
En cuanto a directores clásicos, Kurosawa no me gusta mucho. Aunque admito que hizo más de una gran película (Dersu Uzala, por citar sólo una) todas sus películas de samurais (con una excepción: Los siete samurais) me dan flojera.
No pude terminar de leer la trilogía de El señor de los anillos. Leí La comunidad del anillo y la mitad de Las dos torres. La capacidad descriptiva de Tolkien me parece, en una palabra, admirable, pero simple y sencillamente nunca me pude encontrar.
También tuve problemas para terminar El amor en los tiempos del cólera. Creo que lo empecé como tres veces, hasta que por fin lo terminé. Y me alegra haberlo hecho. Por el contrario, no me alegra haber empezado, y terminado, Memorias de mis putas tristes. Qué lástima leer a García Márquez refriteándose sus mejores trabajos.
No me gustan las faltas de ortografía. Mejor dicho, me ponen un tanto nervioso. Las faltas de ortografía que si me molestan son las que son a propósito, como sustuir la "qu" por una "k". No sé por qué. Es una manía que tengo.
Hablando de manías, me gustan mucho las manías. Y las "ideateces". No creo que haya ninguna persona sin manías. Y si la hay, siento lástima por esa persona.
No soy, y estoy muy lejos de ser, una persona deportista. En eso no me gusto para nada. En cuanto a ver deporte, lo disfruto, pero no me apasiona. Tengo amigos que casi se saben por completo la alineación de tal equipo de hace 20 años. Yo no. No soy así.
Hablando de amigos, no soy persona de muchos amigos, y creo que eso se nota. A veces me gustaría ser más sociable, pero estoy bien así. Tampoco soy un ermitaño.
No entiendo a los gays. No tengo nada en contra de ellos, simple y sencillamente no los entiendo. Por otro lado, me parece increíble como en años recientes el número de personas homosexuales ha aumentado considerablemente, como si fuera una moda. No lo entiendo.
Me considero una persona tolerante. Aunque también tengo mis ratos de tolerancia mínima, de los que a veces me arrepiento.
Casi no veo la tele. Antes sí. Ahorita si acaso veo Los Simpsons y Seinfeld.
De niño me gustaba ver Los caballeros del zodiaco, Dragon Ball Z y Power Rangers. También, aunque en menor medida, Los gatos samurai, Thundercats, He-Man... veo las caricaturas que pasan hoy, y no puedo sentir más que lástima por la niñez actual.
Me gusta el cine de Spielberg. No todas sus películas, por supuesto, pero creo que pocos manejan la técnica cinematográfica tan bien como él. La edición en sus películas es, la mayoría de las veces, impecable. Además, su filmografía está llena de imágenes icónicas. La pupila del tiranosaurio en Jurassic Park, el movimiento del agua en el vaso en la misma película, E.T. y sus amigos volando en biciclietas frente a la luna, la primera vez que vemos al Tiburón, la secuencia inicial de Rescatando al soldado Ryan, la roca gigante a punto de aplastar a Indiana Jones...
No me gusta dejar a medias una película. Aunque a veces es inevitable. Me he dormido, por ejemplo, en Inframundo y 40 días y 40 noches.
Me gusta el calor. Sobretodo si es en la playa. Lo prefiero mil veces por encima del frío. El frío hace que se me resequen los labios, y eso para mí es casi insoportable.
Me gusta el Nintendo, aunque ya rara vez juego. De Super Nintendo, mis juegos favoritos eran Super Street Fighter II y Donkey Kong Country II. De 64, por mucho, el Ocarina. El cubo ya no lo tuve, y el Wii tampoco (aunque mis papás lo tienen). Las consolas de Sony y Microsoft, en realidad nunca me han interesado.
Odiaba el Distrito Federal. Pero eso fue hace mucho, cuando iba llegando. Ahorita puedo decir que me gusta bastante.
Me gusta leer las críticas de películas, sin hacerles mucho caso en realidad. Por eso a veces no le encuentro caso a este blog. En cuanto a críticos, sólo puedo decir que confío en Ernesto Díezmartinez.

jueves, 18 de junio de 2009

Full Metal Jacket



Cara de guerra (Full metal jacket). Dir. Stanley Kubrick, 1987.

A Kubrick vaya que le costaba decidirse por un proyecto. Después de terminar El resplandor (The shining/1980) el director neoyorquino se dio a la tarea de investigar para su proyecto que jamás se realizaría, The aryan papers (Los documentos arios). Después de muchos años de investigar y darse por vencido, Kubrick prefirió voltear hacia la guerra de Vietnam. Al fin y al cabo, ya había realizado dos películas bélicas (el drama La patrulla infernal (Paths of glory/1958) y la comedia Dr. Insólito (Dr. Strangelove or: How I Learned to stop worrying and love the bomb/1964)) y, con Pelotón (Platoon/Oliver Stone,1986), las películas de guerra se habían puesto de moda.

Así pues, tenemos Cara de guerra. La película está claramente dividida en dos partes, y por lo mismo así lo estará esta reseña.

La primera parte: el entrenamiento. El film abre con tomas de jóvenes recién enlistados en el ejército siendo rapados completamente para inmediatamente después ser dejados a las sauces del lobo. O del general Hartman (interpretado por el verdadero general Lee Ermey) quien maltrata a diestra y siniestra a los pobres reclutas. Los jóvenes son, pues, basura, y el general los tratará como tal hasta que se muestren capaces de obtener un título militar. Hasta que las armas se vuelvan una extensión de ellos. This is my rifle. There are many like it but this one is mine. My rifle is my best friend. It is my life (Éste es mi rifle. Hay muchos como él pero este es mío. Mi rifle es mi mejor amigo. Es mi vida) recitan los aspirantes a soldados. Y así se presenta una de las constantes del cine de Kubrick: la lenta, progresiva, deshumanización de la que sufre la, valga la redundancia, humanidad. Al ejército no le interesan las personas, les interesan las máquinas de matar, parece estar queriéndonos decir Kubrick. Y qué maravilla cuando nos lo dice con una formalidad impresionante, tomas meticulosamente compuestas y, en una de esas, toques de humor.

La segunda parte: la guerra. Donde los que pasaron la prueba demostrarán todo lo que “aprendieron” durante su entrenamiento. In Vietnam the wind doesn’t blow, it sucks (En Vietnam el viento no sopla, apesta) decía la frase promocional de la película por allá de su año de estreno, 1987. Y esta parece ser la actitud de todos los que están ahí. En una guerra totalmente ajena a sus intereses, en la que para divertirse tienen que irse a matar vietnamitas. Cierto es que en esta segunda mitad la película se le cae un poco a Kubrick. Tiende a ser un poco cansada y repetitiva pero, al fin y al cabo, certera en su crítica . De la que, por cierto, no se escapa nadie. Ni los medios de comunicación, ni mucho menos Mickey Mouse.

domingo, 7 de junio de 2009

Happy-Go-Lucky




Happy-Go-Lucky. Dir. Mike Leigh, 2008.

Poppy (Sally Hawkins) es una maestra de primaria que vive, así sin más, feliz. Ella irradia felicidad aún cuando el mundo a su alrededor haga todo lo contrario. Irradia felicidad aún cuando el dependiente de la librería simple y llanamente la ignore. Irradia felicidad aún cuando un quiropráctico le esté acomodando una vértebra dislocada. Irradiafelicidad aún cuando le robaron su bicicleta. Irradia felicidad aún cuando está en sus clases de manejo con un profesor anticuado, machista, racista, fanático, amargado (Eddir Marsan).

El décimo largometraje del director inglés Mike Leigh (Naked, Vera Drake) parece ir a contracorriente con el resto de su filmografía. Happy-Go-Lucky irradia alegría y no solamente a través de su protagonista. También a través de la fotografía, la banda sonora y hasta la edición (barridos a la Star Wars). Happy-Go-Lucky es, qué duda cabe, una de las películas más alegres del año, y una de esas raras ocasiones en las que la forma empata a la perfección con el fondo.

Pero no hay que dejarse engañar. En algún momento de la película alguien le dice a Poppy que no puede hacer feliz a todo mundo. Mike Leigh lo sabe y Happy-Go-Lucky logra sus mejores momentos cuando enfrenta a su protagonista con una realidad constantemente cruel. Con dos niños que se pelean, con un triste vagabundo, incluso con su profesor de manjeo... son estos momentos cuando nos damos cuenta que Poppy no es una idiota que finge ser feliz, si no que es alguien feliz, que trata de contagiar su felicidad... pero que tiene límites, y lo sabe. Lo que no impide que siga intentando. La secuencia del vagabundo es, en especial, memorable.

Párrafo aparte merece Sally Hawkins. Injustamente olvidada en las premiaciones, logra convertir a Poppy en una persona real. Poppy es, pues, posible. Y todos deberíamos de ser un poco como ella, aunque sea de vez en cuando.

viernes, 1 de mayo de 2009

Dekalog

Decálogo (Dekalog). Dir. Krzsysztof Kieslowski
(Esta entrada se irá actualizando al ritmo que veo los 10 capítulos)

Decálogo I. (Amarás a Dios sobre todas las cosas) Un niño está al cuidado de su padre y de su tía. Su padre, muy lógico, confía todo a su computadora y a sus cálculos. Su tía, por otro lado, es una persona muy religiosa. Sostiene, recordándome por cierto a un gran amigo mío, que "God is simple, if you have faith". Una tragedia pondrá a prueba a ambos. La tragedia, cierto, se ve venir, pero no por eso pierde una pizca de su fuerza. Dios, al final, siempre estará ahí. Una obra fuerte, contundente y, al final, conmovedora. Por cierto, la actuación del padre (Wojciech Klata) es genial.
Decálogo II. (No jurarás en nombre de Dios en vano) El marido de una mujer está muriendo. Ella va con el médico con un gran dilema: está esperando un hijo de otro hombre y no sabe si abortar. Si el médico le garantiza que su esposo sobrevivirá, abortará; si, por el contrario, el médico le asegura que su esposo morirá, tendrá a su hijo. La anécdota ya es muy interesante, sin embargo, uno siente que Kieslowski se quedó corto de tiempo. Eso sí, el mediometraje está construido alrededor de una escena fuerte y directa, filmada casi enteramente en primerísimos planos, que nos dejan ver que el gran dilema no es de la mujer, si no del médico.
Decálogo III. (Santificarás las fiestas) Durante la Noche Buena, una mujer le pide a un hombre con el que tuvo un amorío tres años atrás que le ayude a buscar a su esposo. Una anécdota simple que se alarga demasiado, aderezada con unos toques de "humor" que jamás vienen al caso. Acaso hay una o dos tomas interesantes, todo lo demás es un desperdicio de tiempo.
Decálogo IV. (Honrarás a tu padre y a tu madre) Una joven desobedece a su padre y descubre un secreto que la cambia por completo. Un complejo estudio de una atípica relación padre-hija, bellamente filmado y aún mejor actuado. Kieslowski, como en todos los capítulos hasta el momento, se vale mucho de los primeros planos. La sorpresa, estilísticamente hablando, es que aquí los planos de paisaje también son importantes. Vienen a resaltar la soledad y el desconcierto. Quizá la resolución final sea un tanto (de hecho es demasiado) simplista, pero eso no les resta fuerza a los primeros 40 minutos.