viernes, 28 de agosto de 2009

Las 10


Van a decir que todo le copio a Ernesto Diezmartínez pero no me importa mucho... a continuación, y siguiendo al maestro, las 10 películas que, según yo, todo cinéfilo que se precie debería de ver antes de morir... como se me vayan ocurriendo, sin ningún orden de preferencia:

Vértigo de Alfred Hitchcock

Dersu Uzala de Akira Kurosawa

8 1/2 de Federico Fellini

Hannah y sus hermanas de Woody Allen

Fanny & Alexander de Ingmar Bergman

El Padrino I y II de Francis Ford Coppola

Viridiana de Luis Buñuel

Solaris de Andrei Tarkovsky

Casta de malditos de Stanley Kubrick

Casablanca de Michael Curtiz

Y, como diez son muy, pero muy pocas...

La doble vida de Verónica de Krzysztof Kieslowski

Videodrome de David Cronenberg

Mulholland Dr. de David Lynch

2046 de Wong Kar-Wai
Dogville de Lars von Trier
All that jazz de Bob Fosse

domingo, 16 de agosto de 2009

Im Winter ein Jahr




Hace un año en invierno (Im Winter ein Jahr). Dir. Carole Link, 2008.


La cinematografía alemana es, qué duda cabe, la más fuerte de esta década. Desde Tom Tykwer (Corre Lola Corre/Lola rennt/1998, En el Cielo/Heaven/2002) a Fatih Akin (A la orilla del Cielo/Auf der anderen seite/2007) pasando por Florian Henckel von Donnersmarck (La vida de los otros/Das leben der anderen/2006) (¡y los que no llegan a México!) los alemanes han demostrado, últimamente, que tienen una gran variedad de temas y, más aún, que saben cómo contarlos. En el 2003, la directora Carole Link ganó el Oscar a la Mejor película extranjera con su cursi/convencional/sosa película En algún lugar de África/Nirgendwo in Afrika/2001. Después... 7 años de silencio. Ahora, la alemana por fin regresa con Hace un año en invierno, una película mucho más sincera, mucho más arriesgada y, por lo tanto, considerablemente mejor.


La películia lidia con Lilli Richter (vulnerable Karoline Herfurth) una bailarina que tiene que, a regañadientes, asistir con el pintor Max Hollander (Josef Bierbichler) para un retrato de ella y su hermano, Alexander (Cyril Sjöström) muerto hace un año en un "accidente de caza". Lilli tenía una relación muy estrecha con Alexander, y ahora teme que su mamá (Corinna Harfouch) utilice la figura de su hermano como una simple pieza decorativa. Las sesiones entre pintor y modelo terminarán siendo mucho más reveladoras de lo que en un principio se esperaba. Ella, una bailarina autodestructiva a quien no le importa perder el papel principal en una obra con tal de irse a fumar y beber o con su recién adquirido novio (Misel Maticevic) y que, además, no puede librarse de la figura de su hermano. Él, casi un ermitaño que vive entre cuadros de personas muertas, quizá arrepentido de una aventura que tuvo años atrás y que lo separó de su familia y, sobre todo, de su hijo, curiosamente de la misma edad de Alexander. El cuadro, pues, terminará actuando como un puente entre estos dos personajes.


La descripción que acabo de dar es, aunque larga, bastante escueta y es que aún cuando la historia no es demasiado complicada, los personajes sí lo son. Y aquí encontramos la primera de las muchas virtudes del film. La información (a falta de mejor término) que nos permite ir comprendiendo los motivos de estas dos personas (y de Alexander: su presencia, o falta de, tiene peso durante todo el metraje) es revelada de manera precisa, justa. Nunca completamente, pues lo de Link no son las salidas fáciles ni el psicoanálisis barato, y comprende que a veces las conclusiones están de más. La relación entre Lilli y Max, por ejemplo, no queda del todo clara, quizá porque no es del todo clara ni siquiera para ellos dos.


La película toca muchos temas, algunos de ellos quizá tangencialmente. La mayoría escabrosos, pesados, hasta un tanto abrumadores. Pero Link lo hace con sensibilidad, comprende que el acto per se no tiene importancia si no conocemos a la persona y entonces crea a uno de los personajes femeninos más interesantes del cine reciente. Muy ayudada, claro está, por Herfurth, quien tiene una belleza casi etérea que contrasta con su personaje y que, amén de su extraordinaria interpretación, le da más matices. No se queda atrás (o en todo caso no mucho) Bierbichler, quien interpreta a Max con el hermetismo adecuado.


Por último, porque creo que ya me extendí demasiado, quisiera recalcar la forma de la película. La confrontación es uno de los temas que con mayor profundidad toca la película (confrontación con uno mismo, confrontación con los demás, confrontación como una manera de expiación) y la forma de la película es así, totalmente confrontante. Los cortos muy bruscos, como queriendo destantear al espectador. La fotografía bella y exhasperante. La música inquieta en momentos clave de la película. No estamos ante la película más cómoda, o más placentera. Una película que no cabe en una reseña (al menos no en una mía) de esas que hacen que uno salga inquieto, cabizbajo, rumiando la obra mayor que acaba de ver.


*Vista, gracias a Marinie, en la 8va. Semana de Cine Alemán en la Cineteca Nacional. No creo que se vaya a estrenar comercialmente pronto... de hecho, dudo que se vaya a estrenar comercialmente.