viernes, 27 de noviembre de 2009

Halloween II



Halloween II. Dir. Rob Zombie.

Hace tiempo, cuando escribí la reseña de la re-elaboración del clásico de John Carpenter, Halloween, por el rockero convertido a cineasta Rob Zombie, básicamente dije que toda la película era de hueva excepto el último cuadro, con Laurie Strode, ignorando que Michael Myers es su hermano, asesinándolo de un disparo (al parecer, en la cabeza). Halloween II, la continuación/bastardización de la historia de Michael Myers por Rob Zombie tiene entonces un punto a su favor: continúa explorando este aspecto de Laurie, el de ser la hermana de Michael Myers, lo sepa ella o no. Pero tiene también un punto en contra: no lo hace precisamente bien.

Hay que aclarar que Halloween II de Rob Zombie no es un remake de la original Halloween II. La historia de la original empezaba justo después del final de Halloween, con Laurie en el hospital y Michael Myers aún persiguiénola. La versión de Zombie también inicia justo después de Halloween II, seguida de una larga, y bien lograda, secuencia en el hospital (a manera de homenaje a la original). Después, pasamos al siguiente año, al siguiente Halloween. Laurie continúa teniendo pesadillas sobre Michael, las cuales se acentúan a manera que se acerca el 31 de Octubre. Laurie trata de calmarse... Michael Myers está muerto (a pesar de que nunca encontraron su cuerpo) y no va a regresar sólo porque es Halloween.

¡Pobre Laurie, qué equivocada está! Resulta ser que Zombie trata de darle un leit motif a Michael Myers. En un flashback vemos cómo, cuando era niño, su madre le regaló a Michael un caballo blanco, y el día de hoy él tiene alucinaciones con su ahora etérea madre, y por supuesto un caballo blanco. Su madre le dice que es Halloween, que tiene que regresar a terminar su trabajo y reunir de una vez por todas a la familia (wtf?!). Y pués allá va el pobre Michael que no es malvado, no, sólo quiere a su hermanita.

Halloween II sigue con la tradición inaugurada por la original Halloween de acompañar al asesino mientras se chuta a un buen de víctimas incidentales. Estos asesinatos están, al menos, mejor logrados que los de la primera parte. Robbie está aprendiendo, aunque le echa demasiada crema a sus tacos: el ajustadísimo encuadre logra dar justo en el clavo con la sensación de claustrofobia pero ¿realmente eran necesarias las tomas en cámara lenta? Son tantas que terminan por desesperar. La secuencia de la fiesta, eso sí, se inscribe en lo mejor logrado del cine de Zombie: otra vez el ajustadísimo encuadre, los colores y más de un truco de cámara (eso sí, la camarita lenta no se aparece por ningún lado a lo largo de esta secuencia) logran hacer que el ambiente se sienta raro, extraño, como si algo muy malo estuviera a punto de suceder.

Y, bueno, Halloween II representa un avance para Rob Zombie pero sigue sin ser suficiente para crear una buena película. La psicología barata que le mete termina por empobrecer a la película y acercarla al límite de lo francamente risible. Ya sé cuál es la solución para Rob Zombie: que no escriba los guiones de sus películas, por favor.

martes, 17 de noviembre de 2009

Los abrazos rotos




Los abrazos rotos. Pedro Almodóvar, 2009.

Estéticamente hablando, Pedro Almodóvar es, qué duda cabe, un cineasta cada vez más maduro y pulido. Contrastante es en este tenor su más reciente film, Los abrazos rotos, con el desmadre de aquellas primeras películas suyas, orgullosamente inscritas en la conocida movida española (Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón/1980, Entre tinieblas/1983). Los abrazos rotos es una película cuidada en cada encuadre, en cada fotograma. Y déjenme decirles, es una película bellísima. Desde las pruebas de maquillaje a Lena, el personaje interpretado por Penélope Cruz, hasta las fotografías que le dan nombre al film, la película no tiene tache alguno. En el aspecto argumental, Almodóvar es también un cineasta más pulido, aunque no necesariamente mejor.

Los abrazos rotos cuenta la historia de Harry Cain (Lluís Homar) un guionista de cine ciego, quien antes era un director llamado Mateo Blanco sin ningún problema de vista. A él le ayudan su 'manager' (o como se diga) Judit (Blanca Portillo) y su hijo Diego (Tamar Novas). Un día, Harry recibe la visita de un guonista director-casi-sin-experiencia Ray X (Rubén Ochandiano). Ray X resulta ser el hijo despreciado de un conocido empresario, el recién fallecido Ernesto Martel (José Luis Gómez). Y Ray X ya conocía a Harry, o más bien a Mateo. En una serie de flashbacks vamos conociendo la historia, que involucra a Mateo, Judit, Ray X, Ernesto Martel y gira alrededor de Lena (Penélope Cruz). O más bien, gira alrededor del romance que mantuvieron Mateo y Lena durante el rodaje de la última película de él, Chicas y maletas.

En la estructura, Los abrazos rotos también es perfecta. Al principio pasamos de presente a pasado sin confusión alguna y, aunque el grueso de la película se adivina a los 10 minutos, el film nunca deja de ser interesante. Aunque en esto supongo también tiene que ver el juego de auto-referecias que Almodóvar propone, y es que la película dentro de la película, Chicas y maletas, tiene mucho de su Mujeres al borde de un ataque de nervios/1988, cameos de Chus Lampreave y Rossy de Palma (para beneplácito del Ruy) incluídos. Los abrazos rotos, ya se ha dicho en otros lados, se puede ver como el canto de amor de Almodóvar al cine, como su propio 8 1/2, su vistazo a la labor del cineasta.

Entonces, ¿qué falla en Los abrazos rotos? No sabría decirlo exactamente. Es una película, caso raro tratándose de Almodóvar, fría. No tiene el desparpajo de Mujeres..., el exacerbado dramatismo de Hable con ella/2002 ni la contradictoria alegría de Volver/2006. Los personajes frecuentemente se sienten faltos de vida, quizá para aumentar la seriedad del film. Aunque, justo es decirlo, la película avanza sólidamente hasta el final, que es cuando se desborda. Alargamiento de la película mediante confesiones que se ven venir siglos atrás y que no vienen al caso, como si Almodóvar no hubiera sabido qué sacar y qué no. Los abrazos rotos, pues, no se va a colar en el mejor cine de Almodóvar (las ya citadas Mujeres..., Hable con ella, Volver, por citar unos ejemplos) pero sí pasará a la historia como una de sus películas estéticamente más cuidadas y una obra sólida, aunque menor, en la obra de un peculiar cineasta.

Párrafo aparte merece Penélope Cruz. Ha pasado de ser una buena actriz española (Jamón jamón/1992 Belle epoque/1992) a una pésima actriz de películas norteamericanas (Las mujeres arriba/2000, Vanilla Sky (2001)) a una actriz verdaderamente sólida, por no decir estupenda. Pocas similtudes hay entre Lena, la Raimunda de Volver, María Elena en Vicky Cristina Barcelona/2008 o su personaje Consuela en Elegía/2008 y sin embargo Penélope logra dar en el clavo para todos y cada uno de sus personajes. Aquí, Penélope interpreta a una no muy buena actriz atrapada entre dos hombres, y cada gesto, cada ademán es el correcto. Y claro, es guapísima.