
Halloween II. Dir. Rob Zombie.
Hace tiempo, cuando escribí la reseña de la re-elaboración del clásico de John Carpenter, Halloween, por el rockero convertido a cineasta Rob Zombie, básicamente dije que toda la película era de hueva excepto el último cuadro, con Laurie Strode, ignorando que Michael Myers es su hermano, asesinándolo de un disparo (al parecer, en la cabeza). Halloween II, la continuación/bastardización de la historia de Michael Myers por Rob Zombie tiene entonces un punto a su favor: continúa explorando este aspecto de Laurie, el de ser la hermana de Michael Myers, lo sepa ella o no. Pero tiene también un punto en contra: no lo hace precisamente bien.
Hay que aclarar que Halloween II de Rob Zombie no es un remake de la original Halloween II. La historia de la original empezaba justo después del final de Halloween, con Laurie en el hospital y Michael Myers aún persiguiénola. La versión de Zombie también inicia justo después de Halloween II, seguida de una larga, y bien lograda, secuencia en el hospital (a manera de homenaje a la original). Después, pasamos al siguiente año, al siguiente Halloween. Laurie continúa teniendo pesadillas sobre Michael, las cuales se acentúan a manera que se acerca el 31 de Octubre. Laurie trata de calmarse... Michael Myers está muerto (a pesar de que nunca encontraron su cuerpo) y no va a regresar sólo porque es Halloween.
¡Pobre Laurie, qué equivocada está! Resulta ser que Zombie trata de darle un leit motif a Michael Myers. En un flashback vemos cómo, cuando era niño, su madre le regaló a Michael un caballo blanco, y el día de hoy él tiene alucinaciones con su ahora etérea madre, y por supuesto un caballo blanco. Su madre le dice que es Halloween, que tiene que regresar a terminar su trabajo y reunir de una vez por todas a la familia (wtf?!). Y pués allá va el pobre Michael que no es malvado, no, sólo quiere a su hermanita.
Halloween II sigue con la tradición inaugurada por la original Halloween de acompañar al asesino mientras se chuta a un buen de víctimas incidentales. Estos asesinatos están, al menos, mejor logrados que los de la primera parte. Robbie está aprendiendo, aunque le echa demasiada crema a sus tacos: el ajustadísimo encuadre logra dar justo en el clavo con la sensación de claustrofobia pero ¿realmente eran necesarias las tomas en cámara lenta? Son tantas que terminan por desesperar. La secuencia de la fiesta, eso sí, se inscribe en lo mejor logrado del cine de Zombie: otra vez el ajustadísimo encuadre, los colores y más de un truco de cámara (eso sí, la camarita lenta no se aparece por ningún lado a lo largo de esta secuencia) logran hacer que el ambiente se sienta raro, extraño, como si algo muy malo estuviera a punto de suceder.
Y, bueno, Halloween II representa un avance para Rob Zombie pero sigue sin ser suficiente para crear una buena película. La psicología barata que le mete termina por empobrecer a la película y acercarla al límite de lo francamente risible. Ya sé cuál es la solución para Rob Zombie: que no escriba los guiones de sus películas, por favor.